Política 8 de Diciembre

Adelanto del primer libro de Funes el memorioso

ARCHIVOS DEL PERONISMO (1943-1956)

Por Gustavo Campana
Segunda parte de la presentación del nuevo libro de Gustavo Campana. Los guiones de su programa de reconstrucción histórica, que hace desde 2011 en AM750.
Capítulo 4: Peronismo y deuda externa

“Cuando digo que podemos pagar el 25% de la deuda, estoy hablando con la verdad. Si se paga más, se va a pagar como en la década del ’90, con el hambre del pueblo y será un nuevo genocidio sobre las espaldas de los argentinos. Nosotros no lo podemos permitir. Ni yo, ni ustedes endeudaron a la Argentina; la endeudaron los que siguen diciendo que tenemos que firmar cualquier acuerdo. Nos endeudaron los que se la robaron y nos llevaron a una situación de indignidad. Algunos periodistas nos dicen que el Estado tiene una continuidad jurídica. Y es cierto… Pero el Fondo Monetario Internacional por el tratado de Bretton Woods, también. Ellos eran auditores y contadores de quienes nos endeudaron, primero en la última dictadura y después en la década del ’90. Y los dejaron endeudarse de cualquier forma” (Néstor Kirchner, San Nicolás 2004).
El último capítulo de esta batalla, comenzó con el proceso de reestructuración de la deuda externa (2005), que luego terminó Cristina (2010).
Cuando llevaba nada más que un año en el Gobierno, el presidente hablaba de los fondos buitres, mostrando la real estatura y la capacidad de destrucción del enemigo. “Que no nos vuelvan a meter miedo. Estemos con los ojos bien abiertos. Yo les voy a ir contando todo. No voy a decir una cosa y firmar otra. Las responsabilidades que asuma, se las voy a decir como lo hice hasta ahora; pero los argentinos tenemos que construir entre todos nuestra identidad nacional. Queremos convivir integrados al mundo, pero también es hora que ese mundo le ponga freno a los fondos buitres y a los bancos insaciables, que quieren seguir lucrando con una Argentina que está quebrada y doliente y necesita la mano solidaria del mundo para volver a resurgir” (Néstor Kirchner, San Nicolás 2004).
Una década después, los buitres encabezaron un plan destinado a terminar con el canje argentino y amenazaron de muerte, a todos los países del planeta que osaran intentar algo similar. La historia de la deuda argentina, su padecimiento y su cura, determinaron que en 2015 las Naciones Unidas aprobaran el protocolo que sobre deuda externa, inspiró la lucha del kirchnerismo con los buitres. Pelea que siguió el mismo manual de estilo, con el que el primer peronismo domesticó durante casi una década (1946-1955), a acreedores que convirtió en deudores.
Después de experimentar la alta traición menemista, con el kichnerismo regresó un viejo hábito impuesto por Juan Domingo Perón en sus tres presidencias: subordinar la economía a la política y pensar la economía en función de las necesidades del pueblo, frenando la voracidad de la especulación financiera.
El peronismo impuso distribución de la riqueza, como motor del consumo y la demanda industrial. Recuperó gran parte de su modelo inicial, en el Pacto Social que lideró José Ber Gelbard en el ’73, luego de casi 18 años de mayoría proscripta. Después Martínez de Hoz y finalmente Cavallo, se encargaron de congelar la economía popular y entre 1976 y 2001, reinó el mercado. El primer peronismo regresó con Néstor.
“Este no es un problema económico, ni financiero, ni jurídico, ni legal. Es la convalidación de un modelo de negocios a escala global, que si se sigue pronunciando va a producir tragedias inimaginables. Está claro, se está convalidando una forma de dominación mundial financiera para arrodillar a los pueblos, sin la necesidad de explotar a nadie; simplemente con la exclusión, alcanza y sobra. Solo se necesitan gobiernos dispuestos a hacer megacanjes, blindajes o negociar comisiones millonarias, para que este negocio siga prosperando con la sangre, el hambre y la exclusión de millones de jóvenes a lo largo y a lo ancho del mundo, que carecen de trabajo y educación” (Cristina Fernández de Kirchner, 2014). La continuidad del modelo en las dos presidencias de Cristina, mostraron resultados positivos en medio de la quiebra del capitalismo global. Un esquema contracíclico, que respetó los mismos objetivos del peronismo distributivo.
Como a mediados de la década del '50, los agentes financieros de los países centrales, en el siglo XXI no le perdonan a la Argentina, soñar con romper la dependencia y torcer el destino de subdesarrollo que decretó el imperio. “Saben que si hay un país viable, ese es la Argentina y como volvemos a ser un país viable, nos van a querer tumbar. Argentinos estemos muy juntos, después discutamos todo, pero sobre esto que haya unidad monolítica” (Cristina Fernández de Kirchner, 2014).
Desde el empréstito de la BaringBrothers en 1824, la Argentina de mediados de la década del ‘40 vivía sometida al pago de una deuda, tan ruinosa en lo económico, como generadora de dependencia política con Londres. El país se transformó en territorio libre de compromisos externos, recién con el primer peronismo. Habían pasado, 123 años...
“La República llegó a deber 12.500 millones de pesos, mediante lo cual nos gobernaban desde el exterior. En este momento, hemos pagado toda la deuda externa y además, nos deben 5 mil millones de pesos. Hemos pagado ya, todo lo que hemos expropiado y comprado, incluyendo ferrocarriles, gas, teléfonos, puertos; para que el pueblo argentino a través de sus servicios públicos, sea transportado pero no explotado. Todo lo que impone la independencia económica del país, está realizado y consolidado. Ahora solo es necesario, que cada uno de los argentinos, siga trabajando, tranquila y abnegadamente. Esa independencia económica, es la que permitirá llevar hasta el fin, los postulados de la justicia social, sostener la soberanía integral de la Nación y plantarnos delante de quien quiera avasallarnos o poner un pie sobre territorio argentino” (Juan Domingo Perón, 24 de febrero de 1948 en San Francisco, Córdoba).
A partir del golpe del '55, Argentina ingresó al Fondo Monetario Internacional, la última dictadura sentó las bases del desembarco neoliberal y a partir del '89, la "segunda década infame" profundizó el modelo hasta el saqueo financiero de 2001. En el Banco Central quedaban monedas, después de casi medio siglo de destrucción del aparato productivo, el país estaba en ruinas...
“Déficit cero, significa que no tiene que aumentar la deuda del sector público. Conseguiremos financiamiento para atender los vencimientos de capital, de la deuda ya emitida. Tendremos los recursos para pagar puntualmente los intereses, pero no tiene que aumentar la deuda, ni de las provincias, ni de la Nación. Ese es el significado de Déficit cero. Tenemos que dejar de vivir de prestado. Tenemos que gastar lo que logremos recaudar y lo vamos a hacer (Domingo Cavallo, 2001).
La restauración conservadora de los '90, llegó a bordo del Caballo de Troya que escondió la traición a los dos partidos mayoritarios; pero el gran conductor de la estafa, se autoproclamó discípulo de un Perón armado a la medida de sus nuevos objetivos... “El otro día leí un mensaje de Perón en un acto en el Teatro Cervantes, a través del cual le ofrecía a los empresarios argentinos que se hagan cargo de las empresas del Estado; porque para lo único que servían era para producir déficit. Ponía especialmente el acento en YPF y planteaba que no servía para nada en manos del Estado. Lo dijo Perón, no lo digo yo. Yo hice lo que Perón propuso en 1973: pasé las empresas del Estado, terminando con la corrupción generalizada que había y los resultados están a la vista” (Carlos Menem). Los buitres de afuera, ordenan el plan de acción y los de adentro, hacen el trabajo sucio en los medios. El peronismo a través del kirchnerismo, volvió a tomar de sus "diez mandamientos", uno de los legados más importantes de su certificado de nacimiento y salió a enfrentar a sus viejos enemigos...
“No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos, generando más pobreza y aumentando la conflictividad social”
(Néstor Kirchner).
“Como me dijo un importante presidente de un país extranjero, ‘¿usted cree realmente que este puede ser un problema por mil, 2 mil o 3 mil millones de dólares? No’. Lo que quieren es hacer caer la restructuración, para volver a esa Argentina que pagaba con recursos naturales, cuando no le alcanzaba el dinero”
(Cristina Fernández de Kirchner).

Capítulo 5: Enrique Santos Discépolo

“Resulta que antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Sobre todo lo chiquito. Pasaste de náufrago a financista sin bajarte del bote. Vos, sí, vos, que ya estabas acostumbrado a saber que tu patria era la factoría de alguien y te encontraste con que te hacían el regalo de una patria nueva, y entonces, en vez de dar las gracias por el sobretodo de vicuña, dijiste que había una pelusa en la manga y que vos no lo querías derecho sino cruzado.
¡Pero con el sobretodo te quedaste! Entonces, ¿qué me vas a contar a mí? ¿A quién le llevás la contra? Antes no te importaba nada y ahora te importa todo. Y protestás. ¿Y por qué protestás? ¡Ah, no hay té de Ceilán! Eso es tremendo. Mirá qué problema. Leche hay, leche sobra; tus hijos, que alguna vez miraban la nata por turno, ahora pueden irse a la escuela con la vaca puesta.
¡Pero no hay té de Ceilán! Y según vos, no se puede vivir sin té de Ceilán. Te pasaste la vida tomando mate cocido, pero ahora me planteás un problema de Estado porque no hay té de Ceilán. Claro, ahora la flota es tuya, ahora los teléfonos son tuyos, ahora los ferrocarriles son tuyos, ahora el gas es tuyo, pero…, ¡no hay té de Ceilán! Para entrar en un movimiento de recuperación como este al que estamos asistiendo, han tenido que cambiar de sitio muchas cosas y muchas ideas; algunas, monumentales; otras, llenas de amor o de ingenio; ¡todas asombrosas!”.
Los textos de “Pienso y digo lo que pienso”, fueron los últimos gritos desesperados de Discépolo, ante tanto rencor. Ampliar derechos y sembrar dignidad, tenía un costo impensado cuando el plan escapaba de la teoría. Mientras miles de autores a través del tiempo, le cantaron a la utopía de justicia, todos aceptaron el diagnóstico. Pero cuando llegó el momento de crear más porciones en la torta que se había afanado el poder real, muchos optaron por aferrarse a los que les prometieron custodiar su propiedad, del avance del aluvión zoológico. La opción del giro a la derecha, fue venerada por los que pedían igualdad, mientras paradójicamente le ponían llave a sus privilegios burgueses.
La trilogía “Discepoliana” que arrancó con “Qué vachache” (1926), luego profundizó el mensaje con “Yira yira” (1929) y cerró con el tratado filosófico que encierra “Cambalache” (1934); está centrada en la aparición de un nuevo capítulo de la condición humana, basado en la acentuación de las páginas más perversas de su viejo catálogo. Las tres letras giran alrededor de una sociedad que está dispuesta a todo, para que el capitalismo no se olvide de sus promesas en la mala. La crisis mundial del ’29, cuando Wall Street se encargó de poner en vidriera las miserias humanas, se olfatea en “Qué vachaché”: “Lo que hace falta es empacar mucha moneda, / Vender el alma, rifar el corazón, / Tirar la poca decencia que te queda, / Plata, plata, plata… Plata otra vez. / Así es posible que morfés todos los días, / Tengás amigos, casa, nombre, y lo que quieras vos. / El verdadero amor se ahogó en la sopa, / La panza es reina y el dinero Dios”.
En “Yira yira”, Enrique empezó a gritar que no hay salvación, que las fallas de fábrica con las que el hombre salió al mundo, no tienen solución: “Cuando rajés los tamangos / buscando ese mango / que haga morfar / la indiferencia del mundo / que es sordo y es mudo / recién sentirás. / Verás que todo es mentira / verás que nada es amor / que al mundo nada le importa / yira, yira / y aunque te quiebre la vida / y aunque te muerda un dolor / no esperes nunca una ayuda / ni una mano, ni un favor”.
Finalmente en “Cambalache”, el autor apretó el acelerador a fondo: “Que el mundo fue y será una porquería, / Ya lo sé; / En el quinientos seis / Y en el dos mil también; / Que siempre ha habido chorros, / Maquiavelos y estafaos, / Contentos y amargaos / Valores y dublés, / Pero que el siglo veinte es un despliegue / De malda' insolente / Ya no hay quien lo niegue; / Vivimos revolcaos en un merengue / Y en un mismo lodo todos manoseaos. / Hoy resulta que es lo mismo / Ser derecho que traidor, / Ignorante, sabio, chorro, / Generoso, estafador. / Todo es igual; nada es mejor; / Lo mismo un burro que un gran profesor / No hay aplazaos, ni escalafón; / Los inmorales nos han igualao. / Si uno vive en la impostura / Y otro roba en su ambición, / Da lo mismo que si es cura, / Colchonero, rey de bastos, / Caradura o polizón”.
En las imaginarias charlas con Mordisquito, el poeta se aferró al presente: “El país empezó a caminar de otra manera, sin que lo metieran en el andador o lo llevasen atado de una cuerda; el país se estructuró durante la marcha misma; ¡el país remueve sus cimientos y rehace su historia! Pero, claro, vos estás preocupado, y yo lo comprendo: porque no hay té de Ceilán. ¡Ah… ni queso! ¡No hay queso! ¡Mirá qué problema! ¿Me vas a decir a mí que no es un problema? Antes no había nada de nada, ni dinero, ni indemnización, ni amparo a la vejez, y vos no decías ni medio; vos no protestabas nunca, vos te conformabas con una vida de araña. Ahora ganás bien, ahora están protegidos vos y tus hijos y tus padres. Sí, pero tenés razón: ¡no hay queso! Hay miles de escuelas nuevas, hogares de tránsito, millones y millones para comprar la sonrisa de los pobres; sí, pero, claro, ¡no hay queso! Tenés el aeropuerto, pero no tenés queso. Sería un problema para que se preocupase la vaca y no vos, pero te preocupás vos. Mirá, la tuya es la preocupación del resentido que no puede perdonarle la patriada a los salvadores.
Para alcanzar lo que se está alcanzando hubo que resistir y que vencer las más crueles penitencias del extranjero y los más ingratos sabotajes a este momento de lucha y de felicidad. Porque vos estás ganando una guerra. Y la estás ganando mientras vas al cine, comés cuatro veces al día y sentís el ruido alegre y rendidor que hace el metabolismo de todos los tuyos. Porque es la primera vez que la guerra la hacen cincuenta personas mientras dieciséis millones duermen tranquilas porque tienen trabajo y encuentran respeto. Cuando las colas se formaban no para tomar un ómnibus o comprar un pollo o depositar en la caja de ahorro, como ahora, sino para pedir angustiosamente un pedazo de carne en aquella vergonzante olla popular, o un empleo en una agencia de colocaciones que nunca lo daba, entonces vos veías pasar el desfile de los desesperados y no se te movía un pelo, no. Es ahora cuando te parás a mirar el desfile de tus hermanos que se ríen, que están contentos… pero eso no te alegra porque, para que ellos alcanzaran esa felicidad, ¡ha sido necesario que escasease el queso! No importa que tu patria haya tenido problemas de gigantes, y que esos problemas los hayan resuelto personas.
Vos seguís con el problema chiquito, vos seguís buscándole la hipotenusa al teorema de la cucaracha, ¡vos, el mismo que está preocupado porque no puede tomar té de Ceilán! ¡Y durante toda tu vida tomaste mate! ¿Y a quién se la querás contar? ¿A mí, que tengo esta memoria de elefante? ¡No, a mí no me la vas a contar!” (Enrique Santos Discépolo, 1951).
La otra mitad de aquellos guiones antológicos, fue Julio Porter. La dupla venía de un gran éxito teatral: “Blum”, aquel millonario que tenía todo, salvo la felicidad.

Capítulo 6: El Rastrojero

En una punta de la línea de tiempo, aparece el bautismo de fuego de la “Argentina exportadora” y en el otro extremo, la tristemente célebre publicidad de la silla.
Desde 1941, el calendario oficial argentino dice “2 de septiembre Día de la Industria”, fecha que le apunta a 1587, cuando se concretó la primera venta a otro país de productos elaborados en nuestro territorio.
La carabela San Antonio zarpó del fondeadero del Riachuelo rumbo a Brasil, llevando en sus bodegas un cargamento de tejidos y sacos de harina producidos en Santiago del Estero. La embarcación la fletó el obispo de Tucumán, fray Francisco de Vitoria.
Pero la denuncia del gobernador tucumano, Ramírez de Velasco, transformó la fiesta en una vergonzosa marca de nacimiento del “capital nacional”. Las bolsas de harina escondían barras de plata de Potosí, una exportación prohibida por las leyes que conformaban el monopolio español.
Cuando Francisco de Vitoriavolvíaal pagocon 120 esclavos negros y decenas de campanas y cacerolas, el barco fue abordado por el inglés Thomas Cavendish. El pirata le robó al cura, toda la mercadería y la mitad de los esclavos.
Casi dos siglos después, apareció aquel relato que desbordaba de colonialismo cultural; una añeja costumbre que sobrevive al paso del tiempo. Un corto para terminar de convencer a los indecisos y confirmar a los propios, sobre la importancia de abrir las fronteras económicas y entregar el país a los brazos del mercado. El encargado fue Burson-Marsteller, la consultora estadounidense que operó entre 1976 y 1980, como los guionistas de la sociedad Videla-Martínez de Hoz. “Antes la competencia era insuficiente -decía el aviso que asaltaba a millones de argentinos por todos los medios de comunicación-, teníamos productos buenos, pero muchas veces el consumidor debía conformarse con lo que había sin poder comparar (el protagonista del corto, se sienta en una silla nacional y se parte en mil pedazos). Ahora tiene para elegir, además de los productos nacionales, los importados (el representante de la clase media argentina, desborda de alegría cuando aparecen las “made in…”). Esta competencia fortalece a la industria nacional, pero cuidado los productos importados pueden ser buenos, regulares o malos (se sienta en una importada de mala calidad y también se cae). Ahora hay mucho más para elegir, aproveche esta situación y compare”.
En esos dos siglos que median entre el obispo contrabandista y la última dictadura, pasaron los sueños de valor agregado de Manuel Belgrano, la Vuelta de Obligado, la guerra de la Triple Alianza, la extranjerización económica de la generación del ’80, la sustitución de importaciones yrigoyenista, la sumisión a Inglaterra de la “Década infame”, las balas para Lisandro De la Torre que terminaron con Enzo Bordabehere, la industrialización del primer peronismo, el regreso del privilegio con la Libertadora, los sueños domesticados de Frondizi, las buenas intenciones de Illia, la restauración conservadora de Onganía y la industria a tres turnos de Gelbard.
La pelea entre el modelo de país y el proyecto de colonia, concentra los argumentos políticos y económicos más importantes en disputa, alrededor de un único objetivo: la industria nacional.
El 12 de diciembre de 1944, Juan Domingo Perón se reunió con cinco hombres del “círculo rojo”, en la mansión de Mauro Herlitzka, directivo de Sofina, un holding que pertenecía a la Compañía Hispano Americana de Electricidad (Chade). La intención de los representantes del poder real, era saber qué tenía pensado hacer en el futuro inmediato, el gobierno de facto que nació en junio del ’43. En ese marco, le preguntaron al Coronel, cuál era la diferencia sustancial entre el país anterior a la aparición en escena del GOU y el modelo de los jóvenes oficiales.
“Nosotros contamos con un plan de industrialización y eso es lo que precisamente les pica a nuestros amigos del norte; incluso a algunos dentro de nuestro propio territorio que están acostumbrados a rendirle pleitesía al extranjero, denostando lo criollo. Ahora, nuestra defensa consiste en crear una industria nacional y no me refiero a cualquier industria me refiero a la siderurgia, a crear una flota marítima propia e incluso un sistema de transporte nacional que responda a nuestros planes y no a los intereses de industrias extranjeras”. Perón agregó que hace unos meses le presentaron a un “investigador”, Raúl Scalabrini Ortiz: “El hombre dedicó gran parte de su vida, a compilar la historia de los ferrocarriles. ¿Saben que me dice? Mire Coronel, los ferrocarriles tendrían que pasar a manos del Estado”. La respuesta del establishment, fue un coro de carcajadas.
Las diferencias existieron siempre. La negativa del poder a formar parte de la burguesía nacional, radicaba en su asalariado servilismo al modelo de colonia. No se trataba del resultado negativo de costo-beneficio; era el pleno convencimiento de un destino marcado: haber nacido para obedecer...

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