Política 9 de Diciembre

Adelanto del primer libro de Funes el memorioso

ARCHIVOS DEL PERONISMO (1943-1956)

Por Gustavo Campana
Tercera parte de la presentación del nuevo libro de Gustavo Campana. Los guiones de su programa de reconstrucción histórica, que hace desde 2011 en AM750.
Capítulo 7: Pensamiento Nacional

Tiene la potencia de un descubrimiento. Resiste, porque su sola presencia lo convierte en antídoto de una sombra antagónica. Filosofía criolla con autoridad suficiente, para desmentir al discurso único. Mirada universal desde el pago chico, camino para pensar sin “complejo de inferioridad” nuestro rol en la discusión política mundial.
Alumbra cuando los jóvenes lo descubren y se transforma en esperanza renovada, cuando los veteranos lo recuerdan. Es palabra en lucha continua, ante todos los profetas que nos condenaron a ser solo proveedores de materia prima e importadores compulsivos de manufactura industrial.
El pensamiento nacional es el camino alternativo, a la dependencia asignada por el proyecto imperial y tiene bases ideológicas añejas. “En Mayo hay mito, algo fundacional, una lengua materna que nos habla desde el fondo de nuestra memoria, para seguir construyendo el presente. Imaginemos que la Revolución de Mayo en vez de haber ocurrido en 1810, sucedió 15 años antes, en 1795 y que por lo tanto, tuvimos que festejar el bicentenario en 1995. ¿Qué Mayo hubiéramos reconstruido?¿Qué percepción de país, de sociedad, de Nación, qué concepto de soberanía? ¿Qué núcleos ideológicos que dieron vuelta los flujos históricos de la Argentina a través de concepciones populares, ilustradas o revolucionarias, hubieran podido ser citadas en la Argentina de la década del ’90?¿Qué relación habría con la revolución emancipatoria, con el ideario de Simón Bolívar, con la experiencia del Artiguismo en la Banda Oriental? La sensación que imperaba, era la de un país al borde del abismo, destruido, sin horizonte; extranjerizado en lo más profundo de su estructura. Cuando vivir como en Miami era el objetivo de una parte importante de nuestra sociedad y muchos jóvenes imaginaban que su destino quedaba a miles de kilómetros de distancia. ¿Cómo íbamos a citar ese Mayo repleto de debates?¿Para qué? Si no teníamos Nación. Solo lo imagino en la trinchera. Quizás en los ’90, hombres como Moreno, Monteagudo o Castelli, eran un gesto anacrónico ante un país saqueado espiritualmente” (Ricardo Forster, filósofo).
Voz con raíz ante un coro colonizado, que acunaron con perfume de los hombres de Mayo, que en la interna de la Primera Junta, no negociaban independencia. “¡Qué tranquilos vivían los tiranos y qué contentos los pueblos con su esclavitud, antes de esta época memorable! Parecía que nada era capaz de turbar la arbitraria posesión de aquellos, ni menos despertar a éstos de su estúpido adormecimiento. ¿Quién se atrevía en aquel tiempo a mirar las cadenas con desdén, sin hacerse reo de un enorme atentado contra la autoridad de la ignorancia? La fanática y embrutecida multitud no sólo graduaba por una sacrílega quimera el más remoto designio de ser libre, sino que respetaba la esclavitud como un don del cielo y postrada en los templos del Eterno, pedía con fervor la conservación de sus opresores, lloraba y se ponía pálida por la muerte de un tirano, celebraba con cánticos de alabanza el nacimiento de un déspota. Si alguno por desgracia rehusaba idolatrar al despotismo y se quejaba de la opresión, en breve la mano del verdugo le presentaba un trofeo sobre el patíbulo y moría ignominiosamente por traidor al rey. A esta sola voz se estremecían los pueblos, temblaban los hombres y se miraban unos a otros con horror, creyéndose todos cómplices en el figurado crimen del que acababa de expirar. Pero la experiencia sorprendió la razón, el tiempo obedeció al destino, dio un grito la naturaleza y se despertaron los que hacían en las tinieblas el ensayo de la muerte” (Bernardo de Monteagudo).
Los libertadores y caudillos federales del siglo XIX, profundizaron la idea madre. Hombres del pueblo que robustecieron un pensamiento autónomo, ligado a experiencias viejas y tradiciones eternas.“La patria de los unitarios no estuvo en la tierra, ni en la historia, ni en los hombres; era la Libertad, la Humanidad, la Constitución, la Civilización: valores universales. Libertad para pocos, humanidad que no se extendía a los enemigos, constitución destinada a no regir nunca, civilización foránea. La patria compatible con el dominio extranjero que encontramos en todas las colonias” (José María Rosa).
Después de arrancarle al régimen el voto universal y secreto, Hipólito Yrigoyen advirtió que si los partidos populares no lograban consolidar su posición anti imperialista, la República estaba en peligro: “Corremos el riesgo de esclavizarnos con modelos ajenos, que no habrán de servir para profundizar nuestro destino”. En el mítico “Política británica en el Río de la Plata”, Scalabrini Ortiz gritó que “el imperialismo económico encontró aquí campo franco”, porque a través del ferrocarril nuestra economía se organiza colonialmente para entregar riqueza barata en el puerto de Buenos Aires a los barcos ingleses: “La historia oficial argentina es una obra de imaginación, en que los hechos han sido consciente y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo a un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente”.
El primer peronismo consolidó el modelo de país, tres décadas después de la primera presidencia radical, pero lo hizo desde la pelea cara a cara con el poder real. Quebró por primera vez al subdesarrollo permanente, frenando la extranjerización de la riqueza nacional. Sus herramientas fueron la industrialización de la antigua factoría, la estatización de los servicios públicos y la consolidación del mercado interno.
El pensamiento nacional tiene como punto de partida a Latinoamérica y a los pueblos originarios. Combate las viejas categorías europeas, con las que fuimos diseñados y que aún operan entre nosotros, como el residual virreinal que se recicla ante la sucesión de imperios. “América latina tiene que ser su propio rostro, historia, voluntarismo, capacidad de pensarse y buscarse a sí misma. La clave es cómo se inserta un estado en la globalización. Pasar de ser sujeto pasivo, sujeto sujetado o casi objeto a ser sujeto activo con pensamiento propio” (Arturo Jauretche).
Norberto Galasso alguna vez recordó que su maestra de cuarto grado le enseñó el recorrido de tres ríos que corrían paralelos en Siberia y que años más tarde, aún podía dibujarlos en un mapa. Sin embargo, en sus tiempos de contador público no supo aconsejar a un cliente que alquiló un local sobre la Avenida Juan B. Justo. Podía ubicar ríos asiáticos, pero no sabía que por debajo de la aquella avenida corría el arroyo Maldonado. La primera crecida casi arruinó el negocio…
“Se llamaban ‘tierra adentro’/ la pampa y la cordillera / después fueron ‘campo afuera’ / porque las palabras pesan, / con esas cosas se empiezan / a vaciarnos las seseras. / Empiezan cuando en la escuela / no hablan del común destino, / y explican por cual camino / llegamos a ser despensa, / ni enseñan porque avergüenza / a veces ser argentino. / Hablan del ornitorrinco, / de Grecia y de las cruzadas, / pero jamás dicen nada / de asuntos americanos, / ni del alma del paisano / que se jugó en las patriadas. / Y así van formando peones, / tilingos y perdedores, / que no distinguen errores / ni entran en la discusión / pensando que la nación / es asunto de dotores. / Al tiempo ese medio pelo / ya es un zonzo hasta la jeta / y envidia la camiseta / de jugadores contrarios / y así, jugando de otario, / le han de colgar la galleta. / Lo propio no tiene historia / y así la historia se empaña, / si sos criollo y te das maña / serás leído, nunca culto, / mientras el gringo hace bulto / y nos corre con la vaina. / Y aquí termino señores / yo seguiré mi camino, / disculpen el desatino / de andar pensando orgulloso, / de cualquier modo es hermoso, / haber nacido argentino. / Les he dicho todo esto / pero pienso que pa nada / porque a la gente azonsada / no la curan los consejos / cuando muere el zonzo viejo / queda la zonza preñada” (“Así hablaba Don Jauretche”, Jorge Marziali).

Capítulo 8: Estatización peronista, privatizaciones menemistas

Los hombres de Martínez de Hoz, terminaron con muchos de los logros que la Argentina democrática había sumado a su economía, a través de las reformas del radicalismo yrigoyenista y el carácter revolucionario del primer peronismo. Pero le quedaron algunas materias pendientes. Mataron casi por completo a la sustitución de exportaciones, endeudaron a varias generaciones de argentinos y clavaron la bandera de la “patria financiera”, sobre los restos de la industria nacional. La golosina que embrujó a la clase media, para que millones miraran para otro lado, mientras los militares mataban y los gerentes liquidaban, se llamó “plata dulce”.
Después de la muy condicionada experiencia económica alfonsinista, que aquel radicalismo no pudo resolver, el poder real encontró al hombre justo para profundizar el modelo. Pero esta vez, en democracia. Primer paso del plan: ejecutar el golpe económico de principios de 1989.
“Estuvimos repitiendo esa misma historia al poco tiempo, tumbando al gobierno del Dr. Alfonsín, eh…, Frondizi” (Carlos Menem y un fallido histórico, para mostrar como el matrimonio menemismo-mercados, aceleró la entrega anticipada del Gobierno 1983-1989. Para clarificar como la city, la Rural, Clarín y compañía, provocaron la caída del primer presidente de la nueva era democrática).
“Resigno mi investidura presidencial, pero no declino mi responsabilidad, ni abandono la lucha que desde ahora continuaré en cualquier lugar en que esté y hasta tanto Dios me de fuerzas para ello, en pos de los objetivos que tantas veces desde 1983 recordé a ustedes: constituir la unión nacional, afianzar la Justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino. Buenas noches, gracias por todo” (Raúl Alfonsín, mensaje por cadena nacional del 12 de junio de 1989).
En esta oportunidad, el “fraude patriótico” llegó luego de las elecciones. El capital fue a buscar al candidato que sobrevivió a la interna con Cafiero, porque desde el peronismo, derrotar a cualquier candidato radical luego de hiperinflación de 3 cifras y saqueos, parecía un trámite (Menem derrotó a Angeloz por más de 10 puntos de diferencia, en los comicios del 14 de mayo del ’89). En puntitas de pie transformaron rápidamente, al caudillo riojano en su principal gerente. En esa oportunidad, al pueblo lo trampearon luego de votar. “Creo que es una persona sumamente inteligente. Si la gente que lo votó, sabía que iba a tomar las medidas que tomó, no lo hubiese votado” (Guillermo Vilas, en “Tiempo Nuevo”).
El que ganó prometiendo “Salariazo” y “Revolución productiva”, se puso al frente de la segunda “Década infame”. “¿Qué debe hacer un político cuando llega a un cargo y se da cuenta que lo que sostuvo, estaba equivocado? ¿Insistir en sus errores, por fidelidad a su plataforma o modificar el plan original en defensa de los intereses de su país?” (Carlos Corach, ministro del Interior de Menem 1995-1999).
En plena campaña electoral, el menemismo defendía en el Congreso a todas las empresas públicas del proyecto privatizador de Alfredo Terragno. El ministro de Obras Públicas del radicalismo, buscaba socios para los prestadores de servicios del Estado a fines de los ’80; vendiendo parte de algunas (la cesión del 40% de Aerolíneas Argentinas a Scandinavian Airlines System, era la punta de lanza). “El Justicialismo ni les ha puesto, ni les va a poner bandera de remate, porque está en juego la soberanía del Estado argentino” (Eduardo Menem en el Senado defendiendo a los entes estatales, pese a sus balances negativos). Sin embargo, el listado de privatizaciones 1989-1999, terminó siendo infinito…
Cuando la prensa le preguntaba al candidato con ropaje opositor, cuál era su posición sobre privatizaciones, el gobernador de La Rioja prometía custodiar, a la que más tarde fuera su víctima: “El tema se tiene que armonizar con un concepto fundamental para un país como el nuestro: la defensa nacional”.
Mientras Menem prometía no defraudar a millones de argentinos, recibía la llave para encender la maquinaria de destrucción del Estado, que Martínez de Hoz había dejado en un galpón. Su misión fue liquidar al peronismo, su esencia, su mandato ideológico y doctrinario: “La gente estaba harta de no tener energía eléctrica, de no tener vivienda, de no tener un nivel de vida acorde a un país moderno. Nuestro programa puso en marcha un programa de enseñanza, de maduración, orientado hacia una economía moderna y productiva. Y después del ’89, la gente pedía otro rumbo. Ese espíritu lo captó el presidente Menem cuando asumió la presidencia y junto a sus ministros instrumentó una política que a grandes rasgos, se parecía muchísimo a las nuestras” (José Alfredo Martínez de Hoz).
La pelea Menem-Angeloz, pasó casi exclusivamente por los números de la economía cotidiana. Por entonces, lo que quedaba del alfonsinismo se miraba en el espejo y se plantaba sobre una de las pocas medallas que le quedaban en el pecho: el orgullo de haber consolidado la democracia luego de un siglo XX plagado de golpes. Pero su gobierno había sido ejecutado por los que respondieron con el bolsillo, cuando Juan Carlos Pugliese les habló con el corazón. Fueron los mismos que se sintieron aliviados, cuando el técnico ordenó meter al equipo atrás y colgarse del travesaño hasta el final del mandato; cuando el proyecto nacional de Bernardo Grispun (titular del Palacio de Hacienda entre el 10 de diciembre de 1983 y el 18 de febrero de 1985), fue reemplazado por la ortodoxia monetarista de Juan Vital Sourrouille (19 de febrero de 1985-31 de marzo de 1989).
Como pudo, la campaña radical le apuntó al bolsillo: “Hoy sabemos que hay cosas que andan mal, porque además hay libertad para decirlo. Pero no te voy a mentir, diciéndote que todo está fenómeno, como hacían antes. ¿Se acuerda? Yo voto a Angeloz. El hombre sabe de la cosa económica y sabrá como atornillar la libertad y la democracia, con plata en el bolsillo para todos” (Luis Brandoni, campaña UCR 1989). “Dentro de 60 horas vamos a dejar atrás 60 años. Gracias a los 30 millones de argentinos que apostaron a la democracia, como forma de vida. Gracias también a esa democracia. Votemos con la cabeza. Pongámonos el futuro en el bolsillo, ahora le toca a la economía. Ahora le toca a Angeloz” (Campaña UCR 1989).
Más simple y con ritmo de murga, con un formato que proponía un gobierno inofensivo para los sueños populares, el menemismo se reía del gran aumento que tenían los cristales de los lentes del cordobés: “En estas elecciones hay muchos candidatos, hay que fijarse bien pa’ no elegir chicatos. Menem presidente vuelve la alegría”.
“Con Menem llegó el operador de los gringos, para consolidar en lo económico, lo que el terrorismo de Estado había iniciado. A los generales que matan, siguen los gerentes que rematan la economía. Menem destruyó el presente e hipotecó el futuro” (Heinz Dieterich, sociólogo alemán experto en temas latinoamericanos).

Capítulo 9: Bombardeo a Plaza de Mayo

Durante décadas el número de víctimas en aquella Plaza de Mayo del invierno de 1955, se transformó en un cálculo aproximado. Los nombres y apellidos de los que fueron ejecutados desde el aire, fueron sepultados por la dictadura que terminó con el primer peronismo y pasaron más de 50 años, hasta que fueron a rescatarlos. Las listas del horror fueron publicadas en los diarios del 17 y 18 de junio; pero después el tema desapareció. La táctica del Gobierno fue callar y sacar lentamente el drama de la superficie, para que la Justicia Militar operara sobre los culpables. Y que el paso del tiempo, calmara a los golpistas…
“Los tres aparatos de la Marina de Guerra que volaban sobre la casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra, arrojaron mortíferas bombas sobre la sede gubernamental, sobre la Plaza y el elevado edificio del Ministerio de Ejército, en la calle Azopardo. Una de las ellas cayó de lleno sobre la Casa de Gobierno, otra alcanzó un trolebús repleto de pasajeros que llegaba por Paseo Colón hasta Hipólito Yrigoyen. El vehículo se venció sobre el costado izquierdo, sus puertas se abrieron y una horrenda carga de muertos y heridos fue precipitada a la calle. Una tercera bomba tocó la arista nordeste del cuboide edificio del Ministerio de Hacienda, despidiendo pesados trozos de mampostería. Junto con el mortal estrépito de las bombas, prodújose una intensa lluvia de esquirlas y menudos trozos de vidrio. La violencia de la expansión del aire con la explosión, provocó la rotura instantánea de centenares de vidrios y cristales en todos los edificios de ese sector céntrico. Al mismo tiempo estallaron los cables rotos de los trolebuses, mientras se oía el brusco aletear de millares de palomas que alarmaban la Plaza, se escuchaban los ayes y lamentos de docenas de heridos. Fue un momento de indescriptible y violenta sorpresa. Los cronistas que se hallaban en la Sala de Periodistas de la Casa de Gobierno, vieron desplomarse el techo de la amplia oficina, cayeron arañas sobre la mesa de trabajo y las máquinas de escribir fueron acribilladas con trozos de mampostería y vidrios. Gateando, para sortear las nuevas explosiones, salieron de la Casa de Gobierno tropezando con los soldados de la guardia de Granaderos, que se precipitaban por los corredores a reforzar las guardias y se dirigieron al edificio del Ministerio de Ejército, pasando entre coches destrozados, cadáveres yertos, heridos clamantes y ramas de árboles desgarradas” (“La Nación”, 17 de junio de 1955).
Como dijo Leonardo Favio en “Sinfonía de un sentimiento”, a las 12 y 30 del 16 de junio, la inocencia de la gente buena era la que poblaba las calles del centro. “En la Plaza de Mayo, el hormigueo diario de las horas bancarias, no impedía a los niños, a los viejos, jugar con las palomas. Eran las 12 y 30. El cielo encapotado, cubría Buenos Aires. De improviso como un vómito, el ruido de 30 pájaros de acero hirió las entrañas de las nubes. ‘Hay que matar a Perón’, esa era la consigna. Y comenzó el infierno. La mirada perpleja, las corridas y las bombas quebrando la inocencia. ‘Hay que matar a Perón’. Eran las 12 y 30. Los aviones bombardeaban palomas, niños, ancianos. La gente que corría hacia la nada, volaba en pedazos”.
“Este hecho tiene muchas coincidencias con el bombardeo de Guernica, realizado por los nazis durante la guerra civil española. Similitud en cuanto a un bombardeo sobre una población civil en una ciudad abierta, sin declaración de guerra. Tiraron 60 mil kilos de explosivos sobre Buenos Aires y murió casi la misma cantidad de gente que en Guernica, pero la diferencia es que en España participaron aviones alemanes y en Argentina se trató de armas compradas por el mismo pueblo masacrado. “Guernica está considerado por la humanidad como un crimen de guerra. Pablo Picasso realizó un mural que es el testimonio de la victoria de la memoria contra el olvido, es una obra que con muchísima belleza retrata una tragedia tremenda. Los bombardeos del 16 de junio de 1955, están en el olvido, no están condenados” (Gonzalo Chávez, autor de “La masacre de Plaza de Mayo”).
A las 16:30 del 26 de abril de 1937, 40 aviones alemanes lanzaron sobre Guernica 50 toneladas de bombas incendiarias. Fue el presagio del terror colectivo que pronto se abatió sobre toda Europa.

Capítulo 10: Fusilamientos de 1956

1820. Manuel Dorrego está de regreso. Ya no era aquel oficial sin disciplina vertical, sancionado primero por Belgrano y después por San Martín. El apasionado, rebelde y polémico, que brillaba en los campos de batalla, que no encontraba su lugar en tiempos de paz, comprendió que después de la guerra por la Independencia, el nuevo país necesitaba mucho más de sus ideas que de su espada.
Cuando terminó su exilio en Estados Unidos, luego del destierro ordenado por Juan Manuel de Pueyrredón, apareció el político. Regresó con una fuerte carga federal en sus ideas y buscaba aplicarlas en Buenos Aires. Justamente, en el paraíso de los unitarios. En síntesis, el nuevo Dorrego era más importante para el futuro argentino como pensador, que como militar.
Fue gobernador entre junio y septiembre del ‘20. Su presencia agudizaba las contradicciones de propios y ajenos.“Y si se excluye a los jornaleros, domésticos asalariados y empleados también, ¿entonces quién queda? Queda cifrada en un corto número de comerciantes y capitalistas la suerte del país. He aquí la aristocracia del dinero, entonces sí que será fácil poder influir en las elecciones, porque no es fácil influir en la generalidad de la masa, pero sí en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro, el que formaría la elección sería el Banco, porque apenas hay comerciantes que no tengan giro en el Banco y entonces el Banco sería el que ganaría las elecciones, porque él tiene relación con todas las provincias” (Manuel Dorrego 1826).
Escribió sobre el respeto a las instituciones republicanas, creyó en la división de poderes y en gobiernos provinciales fuertes, para terminar de enfrentar al perfume de las monárquicas que aún sobrevivía en las Provincias Unidas. Hablaba de repartir la soberanía del Estado.
El voto lo convirtió otra vez en gobernador en 1827 y el golpe del año siguiente, lo puso frente a un pelotón de fusilamiento, el 13 de diciembre de 1828. Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril, fueron los principales operadores de un grupo de unitarios que soñaron la muerte de Dorrego, para que Lavalle inicie un nuevo tiempo de muerte aleccionadora en el país.
“- No basta con que el Ejército saque a Dorrego del gobierno. Debemos imponer para siempre, la civilización a la barbarie. Con energía…
- Si nuestra salvación no viene de la omnipotencia de la espada, la omnipotencia de Dios no se dignará a hacerlo.
- Bien, ¿qué pretenden de mí?, preguntó Lavalle.
- La gente decente, somos minoría en este país.
- Va la suerte de la República, en un movimiento que puede importar mucho o poco, según se manejen sus resultados.
- Dorrego y los jefes federales deben morir.
- Solo por el terror se amedentrará a los de abajo.
-¿Derramar sangre de hermanos? ¿Cómo recibirá el pueblo este baño de sangre?, interpeló el militar a los que lo necesitaban para legitimar la muerte del gobernador depuesto.
- Y eso qué importa… (De la película “Juan Manuel de Rosas”, de Manuel Antín)”.
La oligarquía jamás perdonó que un hombre de la burguesía, eligiera como su principal aliado a las mayorías olvidadas. El poder económico ganó la batalla, cuando convenció a Lavalle, que había un solo comino para domesticar para siempre a los caudillos populares.
Esa fue la madre de todas las muertes políticas futuras. Originó una guerra civil que demandó casi dos décadas y habilitó para siempre a poner contra el paredón, a quienes se animaran a militar en contra de los intereses del poder real.
La historia oficial cajoneó al mejor Dorrego, cuando los dueños de la Argentina, también se quedaron con su pasado…
Antín en su película resumió en tres pasos, el final de Dorrego. Primero el coronel en diálogo con Lamadrid, reclamando se cumpla la ley, aunque intuyendo la intransigencia unitaria, se resignada a morir. “Pregúntele al general Lavalle, si la provincia no tiene leyes. No…, dígale usted que el gobernador, el capitán general de la Provincia, el encargado de los negocios de la República, queda enterado de la orden del señor general y está pronto para morir. Le ruego se me proporcione papel y tintero, para mis últimas disposiciones”.
Luego la carta de Dorrego a Estanislao López, en la que presagió una larga y cruenta guerra civil: “Ignoro la causa de mi muerte; pero de todos modos perdono a mis perseguidores. Cese usted por mi parte todo preparativo, y que mi muerte no sea causa de derramamiento de sangre”.
Y por último, el cruce Lavalle-Lamadrid, en el último intento por pacificar el país:
“- General, por qué no lo escucha un momento, aunque lo fusile después.
- No, no quiero verlo ni oírlo.
- Que pierde señor general con atenderlo, cuando de ello depende el pronto sociego y la paz de la provincia con los demás pueblos.
- ¡No quiero más empeño con el coronel Dorrego! Que amigos de dar consejos, hanresultado todos. Primero las cartas de esos señores, donde me dicen que es patriótico fusilar a Dorrego, pero que no asuma solo la responsabilidad y forme un Consejo de Guerra. Si es patriótico fusilarlo, porque me quieren quitar el patriotismo de hacerlo. Y ahora usted… Yo no necesito mediaciones de nadie. Es un sacrificio doloroso, pero indispensable. La historia juzgará si procedo bien, fusilando al coronel Dorrego”.
Hay un puente perfecto entre aquellas balas que terminaron con el gobernador de la provincia de Buenos Aires y los 27 civiles y militares que siguieron al General Valle en el ’56. La decisión de la oligarquía, aparece inalterable a través de la historia: la muerte es el único destino para los que intenten discutir su modelo de colonia.
En ambos casos, el pelotón de fusilamiento representó a la Justicia ausente. La civilización asaltada por la barbarie vestida de fiesta…Pero las coincidencias, pueden seguir viajando a través del tiempo: “Fue desbaratado el intento subversivo y se restableció totalmente la normalidad”, tituló “La Nación” en junio del ’56. “Total normalidad”, dijo “Clarín” el 25 de marzo de 1976.

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