Cultura 26 de Abril

Exilio de Zitarrosa

AUSENCIA DE MI

Por Gonzalo Magliano para Infonews

Este jueves se estrena el documental de Melina Terribili Ausencia de mí que cuenta, a partir de una serie inédita de audios, fotos y filmaciones, cómo fue el exilio y desexilio del cantautor uruguayo Alfredo Zitarrosa. Durante 84 minutos nos muestra de manera íntima uno de los tramos menos conocido de un músico clave de la canción latinoamericana.

“Al dejar el Uruguay he dejado con mi exilio todo prácticamente. Mi perro, mis libros, mi casa, mis amigos, los árboles, todo, el río, todo”, dice con tristeza Alfredo Zitarrosa en uno de los cassettes que le enviaba a sus amigos durante el exilio. Corría la mitad de la década del 70 y en casi todo el cono sur gobernaban dictaduras sangrientas. Por su compromiso político tuvo que partir primero a Argentina y luego a España.

Durante los ocho años que duró su exilio (1976-1984), Zitarrosa grabó periódicamente sus pensamientos, mensajes o melodías que silbaba. Quizás era una forma de sobrellevar la lejanía y la censura. También guardó de una manera asombrosa todo tipo de documentos y objetos como poemas y canciones que nunca vieron la luz, fotos, afiches de recitales y filmaciones. Con parte de este archivo invaluable se valió la documentalista argentina Melina Terribili para recrear el destierro que sufrió el cantor uruguayo. Un destierro que podría representar el que vivieron miles de latinoamericanos en los 70 y 80.

Trailer Oficial "Ausencia de mí", de Melina Terribili (Argentina, 2018)

“Yo venía escuchándolo desde hacía muchos años pero lo que me motivó a hacer la película es cuando tomé contacto con su historia como exiliado, escritor, poeta y otras facetas de él. Pero, por sobre todo, con su coherencia y su pensamiento político”, explicó Terribili a Infonews. Ausencia de mí, la segunda película de Terribili como directora, sorprende de principio a fin. No es un documental lineal donde un locutor explica quién fue Zitarrosa. Construye con calma escenas de su duro exilio a partir de la propia voz del autor de Adagio en mi país y de imágenes inéditas de aquellos años. Prohibido en su país, sufrió de penurias económicas y de una nostalgia profunda por no poder estar en su tierra con sus amigos y su cultura. De alguna manera, fue una etapa entrecortada de su vida donde le era muy difícil componer, escribir, trabajar, vivir.

“Ayer mismo me planteaba un compañero ¿qué pasa conmigo? ¿por qué no compongo? Yo le explicaba que tengo muchas ganas de hacer cosas. Incluso tengo una carpeta llena de apuntes. Un par de cassettes llenos de silbidos. (...) Después no las entiendo. Ahí quedan. Después siento una gran responsabilidad. No quiero meter la pata. (...) La cuestión política de alguna manera envicia, demora la plena expresión del contenido artístico”, explica Zitarrosa en un tramo del documental.

Estos reveladores audios se van intercalando en el documental con un momento clave: cuando la familia de Zitarrosa entrega el archivo personal del artista a la intendencia de Montevideo a fines de 2014, quedando bajo custodia compartida del Centro de Investigación, Documentación y Difusión de las Artes Escénicas del teatro Solís. Los y las espectadoras pueden ver de cerca como fue el proceso de rescate de objetos que tiene un valor testimonial enorme. Vehículos de la memoria los llamaría la socióloga argentina Elizabeth Jelin, porque nos conectan, a veces emotivamente, con un pasado que se nos escapa e intentamos resguardarlo del olvido.

“No fue tan conocido que Zitarrosa fue un artista exiliado, prohibido, censurado. Es el evento que lo atraviesa en su vida de forma irreversible, es como uno de los hechos más importantes, no sólo por el impacto que tuvo en él -dicho por él mismo- y también porque el exilio me parece que encierra todas las etapas de él. La película abarca el exilio y el desexilio hasta su muerte. Me pareció que él como exiliado al mismo tiempo podía narrar muy bien ese conflicto universal que atraviesa países y épocas. Como que le puede hablar a otros exiliados del mundo y puede hablar de ese conflicto de forma universal. Y de una forma muy profunda, con una reflexión muy fuerte y permanente”, explica Terribili.

Para la directora, salvo en Uruguay, el músico oriental no tiene el lugar de reconocimiento masivo que debería. Sí piensa que en otros países “hay un circuito subterráneo con Zitarrosa. Están los zitarroseanos -donde me incluyo- pero que somos como una especie de grupo, no quiero decir otra palabra porque me parece un poco fuerte, pero creo que es un artista que merece un lugar más popular acorde a quién fue y a su obra, a su historia, por decirte, no sé, ¿por qué un Atahualpa Yupanqui sí y un Zitarrosa no?”, reflexiona Terribili. Y luego arriesga una posible respuesta: “Creo que Zitarrosa era una persona intransigente con su ideología. Estando exiliado podía haber sido de un circuito de conciertos europeos y, sin embargo, estando exiliado lo que hacía era participar de conciertos por causas políticas”.

Una decisión clave y arriesgada del documental es no incluir canciones de estudio. Hay música, pero en fragmentos grabados de forma casera. Al principio sorprende y choca. Es lógico esperar que en la historia de un artista como Zitarrosa las canciones sean un eje vertebral. Sin embargo, la apuesta es representar las dificultades artísticas con el material encontrado, el cual no tiene la prolijidad de un disco de estudio. “La música es un elemento narrativo y tiene que nacer digamos como orgánicamente como un elemento narrativo en la película. Él está prohibido y está haciendo las contracanciones que es la antesala de Guitarra Negra. Y lo único que entra ahí es una contracanción, porque, realmente ¿qué íbamos a poner? ¿una canción que me gusta? Y entonces, eso fue muy difícil, porque hasta buscar el tono, ¿cuál contracanción?”, explica Terribili.

Ausencia de mí también cuenta el desexilio, el regreso tan deseado y fantaseado al Uruguay. La escena es conmovedora. Miles de personas con banderas uruguayas y del Frente Amplio, coalición de izquierda que hoy gobierna el país oriental, lo reciben con alegría. Gritan su nombre. Él les responde con un recital memorable. El documental nos muestra casi entera cuando él canta Adagio en mi país. A Zitarrosa le tiembla la voz pero no cede. Es un canto lleno de amor y convicciones. Pero el desexilio fue muy duro para él. Uruguay no era el país de sus recuerdos. Las penurias económicas persistieron y el contexto socio-político estaba repleto de frustraciones. Incluso dice en una entrevista que “en el Uruguay yo no puedo vivir de mi canción”. El 17 de enero de 1989 murió a causa de una peritonitis derivada de un infarto. Tenía 52 años.

Podría pensarse que es un documental nostálgico que cuenta una historia triste. Sin embargo, no es así. Habla de un artista único que luchaba contra las dictaduras latinoamericanas y contra sus amarguras y frustraciones para seguir viviendo, creando, escribiendo. Habla del duro encuentro entre el arte y el compromiso político. Es el testimonio de una época que parece querer dejarnos un legado y una enseñanza. Como canta Zitarrosa en Adagio en mi país: “ya llegará desde el fondo del tiempo otro tiempo”.

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