CRUZAR LOS ANDES, ANGUSTIADO,
PARA ABRIR UNA CERVECERIA ARTESANAL

  • 18 de Agosto
  • Política
Por Juan Derventzis
San Martín

La utilización política de la historia no es nueva. El poder la usa para legitimar y validar su accionar. Se vale del prestigio del pasado para la defensa del presente.
En el caso de Argentina, desde Mitre en adelante, la clase dominante ha escrito la historia en función de la preservación del status quo y la justificación de sus actos. Ha sido en los momentos de ruptura de la continuidad política cuando el revisionismo cobró más peso frente a esa “historia oficial”. Puntualmente en las décadas de 1940 y 1950 y a partir del 2002.
Con el gobierno de Cambiemos, ha comenzado un nuevo proceso de resignificación histórica.

Quitar a los próceres de los billetes para reducir anomias, en una postura política supuestamente de unificación y superación de diferencias, en realidad opera como una nueva construcción de nuestra identidad simbólica. Dejamos de ser un país con un pasado de sangre y enfrentamientos, para ser un país de bellezas naturales, donde “lo importantes es mirar hacia el futuro”.

En esa misma línea, aunque también motivado por creencias personales y cuestiones políticas de distintos sectores que lo apoyan, el presidente Macri declaró en una entrevista respecto al número de desaparecidos en la última dictadura militar:

“No tengo idea y no me interesa participar del debate. No sé si fueron 30 mil o 9 mil, es una discusión en la que no voy a entrar”

La discusión de la cifra es simbólica. Independientemente del número exacto, 30 mil es una idea fuerza y ponerla en duda es cuestionar la lucha por “Memoria, Verdad y Justicia” llevada adelante por distintos sectores políticos, algunos muy vinculados al Kirchnerismo.
La historia en torno a los DDHH es mayor e incluso anterior al Kirchnerismo, aunque por el rol que estos jugaron durante ese gobierno, Macri decide relativizar su historia, para así bajar el efecto de esa idea fuerza tan vinculada a sus antagonistas.

Pocos días después del 25 de Mayo de 2016, el entonces ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat Gay, viajó a España y frente a empresarios de ese país, comenzó su discurso pidiendo perdón:

"Quiero pedir disculpas por los últimos años. Sé de los abusos que han sufrido los capitales españoles y les agradezco la paciencia"

El maltrato, principalmente, había sido la expropiación de YPF durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
Hecho, que para una porción no menor de la población, significaba un acto de defensa de soberanía e independencia político económica. Evidentemente había perjudicado las relaciones comerciales entre ambos países.

La reconstrucción de las relaciones bilaterales tuvieron su sustento histórico. La invitación al rey Juan Carlos de España para los festejos del bicentenario de la independencia así lo demuestra. Fue completamente simbólico, que luego de pedirle perdón a los empresarios españoles, (el poder real en ese país) ahora se traía al rey de España a participar de la conmemoración de la independencia para transmitir esa “recomposición de lazos”

Pero aun la reconstrucción histórica fue más allá cuando Mauricio Macri esbozó su famosa frase:

“Estoy acá tratando de pensar y sentir lo que sentirían ellos en ese momento. Claramente deberían tener angustia de tomar la decisión, querido Rey, de separarse de España”

¿Cómo justificar volver a España? ¿Cómo pedir perdón por tener el tupé de querer la independencia? Es difícil ir contra el sentimiento de la mayoría de los argentinos, (sean del signo político que sean) y atacar a las figuras de la independencia, decir que independizarse estuvo mal y vincularlo al kirchnerismo. Ciertamente eso sería descabellado. Pero relativizar sus motivos y plantear banalmente una angustia es algo que también debiera ser impensado y sin embargo, sucedió. Todo sea por justificar el presente.

Ayer, día en que se conmemora al General Don José de San Martín, el Ministerio de Modernización de la Ciudad de Buenos Aires, decidió publicar una particular relectura de la imagen la patria, describiéndolo como un emprendedor.

Una vez más, la historia para justificar. Quizás ahora nos enteremos, que San Martín no cruzó los andes para liberar Chile y Perú, si no que estaba buscando lugar para abrir un bar de cerveza artesanal.

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