Política 18 de Noviembre

Decíamos ayer...

LA CAMPAÑA DEL MIEDO COMENZÓ HACE 70 AÑOS

Por La otra campana

EDITORIAL (“Un monstruo que tiene miedo”): El mismo discurso, a lo largo de 205 años de historia argentina. Idénticas decisiones a través del tiempo para preservar privilegios e igual desprecio por el derecho de las mayorías. Un guión clásico, esperable, repetido; que en democracia y a través del voto, pone en marcha a todas las fuerzas del poder real, para transformarse en formal.

Son tan previsibles, como obstinados. Repiten métodos y estrategias.

Conocen un solo manual de estilo y un par de caminos: por las buenas o por las malas.

Lo único que cambia con el paso del tiempo, son los protagonistas. Cuando una camada de los dueños de la Argentina pasa a retiro, una nueva generación toma la posta de la conducción del modelo colonial.

El archivo siempre entrega las respuestas del futuro y cuando el pasado los pone frente al espejo, denuncian “campaña del miedo”. En realidad, cuando dicen defenderse, atacan; optan por el camino más elegante para eludir la responsabilidad de contestar, si la voz que acusa, miente o dice la verdad.

Del otro lado del mostrador, la responsabilidad de la que hablaba León Felipe; la obligación del grito, cueste lo que cueste, “para prevenir a la majada, para despertar al mundo: ¡Eh! ¡Que viene el lobo! ¡Que viene el lobo!...”.

La derecha maquillada para la ocasión, se muestra 0 kilómetro y niega toda su historia, si alguien pretende recitar su árbol genealógico. El trabajo no es sencillo, pero el escudo mediático ayuda, para que muchas preguntas, queden sin respuesta…

¿Cómo hacen para liberarse de los lazos hereditarios, que unen al PRO y sus aliados, con los defensores del centralismo unitario? ¿Cómo se desprenden del discurso mitrista? ¿Cómo no reconocer que se sienten la civilización, frente al “aluvión zoológico” de la barbarie?

¿Cómo pueden romper el lazo que los une, con los hombres que hasta la Ley Sáenz Peña, impusieron a dedo los presidentes durante más de medio siglo? ¿Cómo olvidar que son los padres del empréstito de la Baring Brothers y de la tristemente célebre, séptima economía del mundo sin distribución de la riqueza? ¿Cómo niegan que fueron los creadores de los golpes militares, la Ley de Residencia, las matanzas obreras, la década infame, el Pacto Roca-Runciman, la Unión Democrática, la sociedad con Braden, los comandos civiles y 18 años de proscripción de la mayoría?

¿Cómo ocultar que en los ’90, llegaron al gobierno en el Caballo de Troya del menemismo y después se fueron en helicóptero, con los restos de la Alianza?

¿Cómo enterraron sin culpas, ni culpables, las consecuencias de Plan Larkin, centenares de ajustes, devaluaciones, Rodrigazo, deuda externa, “plata dulce”, “patria contratista”, “uno a uno”, privatizaciones, muerte del aparato productivo, flexibilización laboral, descuento a los jubilados, blindaje y megacanje?...

Por lo tanto, no se trata de miedo sobreactuado. Es la obligación histórica de alertar a los que nunca quisieron escuchar y a los que hoy, por imposición de los monopolios mediáticos, no pueden hacerlo.

Es necesario recuperar del olvido, la carrera política de un sector que amenaza con volver a destrozar la Argentina, por tercera vez en 40 años y con la misma receta: eliminación de controles de cambio, libertad de importaciones, libertad de precios y eliminación de subsidios en las tarifas de los servicios públicos.

Las consecuencias, las mismas de siempre: desempleo, pobreza, endeudamiento.

Extrañamente, los acusados de sembrar miedo sin razón, por una derecha victimaria que siempre se muestra como víctima, son los que padecieron en carne propia, los resultados devastadores del saqueo cíclico. Son los que soportaron el bombardeo de Plaza de Mayo, los fusilamientos del ’56, el Plan Conintes, la “Noche de los bastones largos”, Trelew, Triple A, terrorismo de Estado, exilio, 30 mil desaparecidos y los muertos de diciembre de 2001.

Y ahora resulta que en la Argentina modelo 2015, el monstruo tiene miedo… Parece que los que ensuciaron la campaña con fantasmas sin sentido, son los que “pasaron el invierno” cagados de frío. Son los que quebraron o se quedaron sin trabajo, primero con Martínez de Hoz y después con Cavallo. Son los que alguna vez tuvieron en el bolsillo, Patacones, Lecor y Quebracho. Son los mismos que se subieron a un avión en el primer capítulo del siglo XXI, para volar en dirección opuesta a la de sus abuelos y bisabuelos; buscando un poco de pan, paz y trabajo.

Por todas estas razones, por el miedo a repetir lo irrepetible, porque hace rato vemos una vaca y lloramos, la discusión asamblearia se reinstaló después del 25 de octubre, en plazas, calles, centros culturales y universidades.

La campaña sucia arrancó hace 70 años. La demonización del campo nacional y popular, nació cuando el “subsuelo de la patria sublevada”, abrió las puertas del palacio y soñó con la toma del poder. Desde ese momento, al modelo que instauró leyes laborales, independencia económica, soberanía política y justicia social, lo combatieron con ficciones (el “Libro Negro de la Segunda tiranía”, por ejemplo) y con mucho odio (“Viva el cáncer” y “Cristo vence”).

A los “cabecitas negras” les rodearon la manzana, con rumores entre infames e infantiles: “Evita tiene leucemia y raptan a los chicos para sacarles la sangre”, el parquet y los asados, Ramón Carrillo acusado de ladrón, “Perón tiene anteojitos con rayos X, para verla desnuda a Gina Lollobrigida”... Absurdos para todos los gustos, que aunque cueste creerlo, para la oposición, fueron mensajes bíblicos.

Desde hace 12 años, el formato es más o menos el mismo. La campaña del miedo contemporánea, tiene otros padres. Y como ejemplo, basta con el botón de Fontevecchia. “Noticias” primero puso a Néstor en el cuerpo de Hitler, para anunciar la llegada del “Fachoprogresismo” y después en el uniforme de Pinochet, para hablar en tapa del peligro que produce un “Jefe supremo”.

En “Genio o boludo”, la revista presentó la psicología de Máximo (“Un pibe sin rumbo que aprendió a manejar poder”); en “La foto más temida por Cristina”, la revista esposó al hijo de la presidenta y en “La princesa que quería vivir”, hablaron del supuesto sufrimiento de Florencia; la misma Florencia a la que José Luis Espert, economista estrella de Macri, calificó por twitter como “la hija de una puta literal”.

Por supuesto, las tapas que hablaron de Cristina fueron un clásico sin costos de ningún tipo, ni periodístico, ni moral: bipolar, “La reina denuda”, “El goce”, las calzas, su soledad, el “Vía crisis”, la presidenta depresiva, “El reluto”, el síndrome de Hubris y la asesina de un fiscal.

Repitieron hasta el cansancio, relato, grieta, crispación y una “heladera en el espacio”. “Yegua”, el “curro de los derechos humanos”, “no es abogada”, los verdes en la bóveda de Lázaro Báez, “Néstor no estaba en el cajón” y seguro que “ella será candidata al Parlasur, para tener fueros”.

¿Algo más? Mucho más: “En Italia, gastó un millón de dólares en joyas” y voló a Seychelles para depositar un vagón de guita. En 2013, una diputada deslizó que Cristina volvería a la Rosada hecha “una planta” y en la presente campaña electoral, aseguraron que si gana Scioli, será asesinado por La Cámpora para que asuma Zannini.

Solo este año, Aníbal y Milagro Sala, mataron; Máxima y Nilda Garré tienen una cuenta con capitales iraníes y Kicillof gana 400 lucas de YPF…

Está muy claro que el miedo que parió la difamación del presente, tiene nombres y apellidos. La factura por enfrentar a las corporaciones, siempre tiene una cifra con muchos ceros.

El kirchnerismo se encargó de arrancarle privilegios al poder y la verdad, es que en ese diálogo donde el capital nunca regala absolutamente nada, no encajan las normas de ceremonial. Los enfrentás o vivís de rodillas.

A dos semanas de volver a las urnas, mientras busco sin suerte en las tapas de la prensa hegemónica, al nieto 118; el modelo de país que pelea contra el plan de “virreynato próspero”, escucha frases que en el pasado reciente, hubieran significado un sincericidio mayúsculo de la oposición.

Hace 25 años, el mismo modelo llegó al poder de la mano de la traición. Prometieron “Salariazo y revolución productiva”, pero cuando gobernaron congelaron los sueldos, destruyeron las paritarias, vendieron el patrimonio del Estado y endeudaron al país, como nunca antes en su historia, para sostener el espejismo de “un peso, un dólar”. Por alguna extraña razón hoy, alguien entiende que esas palabras malditas en lugar de ser “piantavotos”, juegan a favor de los que se animan a declarar en su contra.

En los últimos siete días, Michetti lanzó un tarifazo; Frigerio abrió las puertas del arancelamiento universitario, Macri prometió una nueva Ley de Medios, Lacunza aseguró que liberarán el mercado cambiario, Aranguren se mostró a favor de la privatización de YPF, los diputados del PRO votaron en contra de la Ley de Gratuidad Universitaria y Melconián habló de una devaluación del 60%.

La frutilla del postre, fue entregarle a Mc Donalds, la asistencia de las familias que internan sus hijos en el Hospital de Niños…

Posiblemente hablen en este tono, sabiendo que el mensaje nunca lastima al votante al que solo le muestran globos; pero además, existe en este discurso, un fuerte perfume revanchista hacia el hombre común que sueña con patria, independencia y soberanía.

El kirchnerismo atendió las demandas del país, que nos dejaron ser desde 1955, más los nuevos pedidos, de una sociedad con demandas renovadas.

Sin embargo, los medios han vaciado de importancia, más de 40 puntos que nos y les cambiaron la vida: Reactivación de los juicios por violación de los Derechos Humanos, paritarias libres, reforma de la Corte Suprema, Ley de Identidad de Género, Matrimonio Igualitario, Asignación Universal por Hijo, Procrear, Progresar; cancelación de la deuda con el FMI, reestructuración de la deuda externa, récord en producción y venta de autos OKM, los dos primeros satélites argentinos geoestacionarios, movilidad jubilatoria, disminución del desempleo (24 al 6%), Fútbol para Todos, Ley de Medios, jubilación para amas de casa, SUBE, nuevo DNI y pasaporte, moratorias jubilatorias, reclamo soberano por Islas Malvinas, ley de medicamentos genéricos, Conectar Igualdad, Atucha 2, el Centro Cultural Néstor Kirchner, Plan Ahora 12, Precios Cuidados, ley de Desarme, repatriación de científicos, Televisión Digital Abierta, creación del Polo Tecnológico, nuevas Universidades Públicas, ley de Educación Superior, Fertilización Asistida, programas Argentina Trabaja y Ellas Hacen, el inyector de satélites Tronador II y recuperación de YPF, Correo Argentino, AFJP, Ferrocarriles y Aerolíneas.

Desde 2003, los medios armaron un país irreal, para millones de argentinos. Un raro infierno donde conviven ocupación, salarios fuertes, movilidad social, soberanía, independencia y una inédita amplitud de derechos…, con un paraíso porteño, donde metrobuses y bicesendas, reinan en soledad.


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