DEUDA EXTERNA
El regreso al callejón sin salida

A 41 años de su saqueo fundacional, el neoliberalismo argentino volvió a tomar dos decisiones políticas previsibles. Primero transformó a la economía real, en un paciente terminal (destrucción de la industria nacional a fuerza de importaciones, tarifazos y caída estrepitosa del consumo) y después alargó la agonía del condenado, con un viejo respirador artificial (deuda externa); que a esta altura del partido, ya hipotecó el futuro de dos o tres generaciones. Créditos externos para financiar la fuga de capitales, alimentar la timba financiera y pagar gastos corrientes. En un año y medio, Argentina tomó el 60% de la deuda que negoció el planeta. El principio del fin…

  • 1 de Agosto
  • Economía
Por Gustavo Campana
DEUDA EXTERNA El regreso al callejón sin salida

Septiembre 2015. Armada sobre nueve puntos básicos, Naciones Unidas aprobó la posición argentina contra los fondos buitres. Un planteo revolucionario, destinado a cambiar el rumbo de la reestructuración de deuda soberana en el futuro, después de tanto silencio. El texto presentado por Sudáfrica, en nombre del G-77 más China, fue aprobado por 136 votos a favor; 6 en contra (Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Canadá, Japón e Israel) y 41 abstenciones (entre ellas Grecia, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, México y Colombia).

Con la experiencia kirchnerista bajo el brazo, la ONU instaló hace menos de dos años un punto de referencia ineludible; un debate que esperó cuatro décadas. Pero la irrupción brutal del neoliberalismo para reinstalar la transferencia de recursos, alejaron tanto a septiembre 2015 del presente, que en realidad, parece que aquello “nunca existió”...

A lo largo de la historia, nuestra "deuda impagable" congelaba decisiones soberanas a medida que engrosaba su pasivo y reducía a gestos meramente formales, la capacidad de maniobra del Estado frente a las órdenes de los países centrales.

Desde el golpe de 1955 hasta 2003, el cambio de la matriz económica Argentina, basada en industrialización y consumo, y pactaron el ingreso de Argentina al Fondo Monetario Internacional y en ese momento se abrieron las puertas de un proceso de endeudamiento interminable, desindustrialización, avance de las multinacionales y extranjerización de la economía; que a través de distintas fases gobernó la Argentina hasta 2003 y regresó al poder en 2015.

La última dictadura (1976-1983) y la segunda década infame (1989-2001), dejaron una economía basada en la acumulación rentística-financiera, deuda externa impagable, monumental fuga de divisas, hegemonía del mercado para imponer sus reglas a los asalariados, achicamiento del Estado, liberalización de la entrada de capitales externos, congelamiento de salarios y el aparato productivo destruido por las importaciones.

Domingo Cavallo, como padre de la criatura, como gestor del segundo proceso neoliberal argentino, con los "superpoderes" bajo el brazo se encargó de la liquidación de lo poco que quedaba en pie, de una Nación en ruinas. Megacanje después del Blindaje, para sumarle 50 mil millones de dólares a la deuda externa; corralito para incautar los ahorros de la población; fuga de divisas, para que el capital ocupe todos los botes del Titanic y bancarización de la economía cotidiana, para dejar como regalo al mundo financiero, millones de clientes cautivos.

En diciembre de 2015, la solidez de las áreas más sensibles de la economía, generaron un recambio no traumático. Con el gobierno saliente de pie, por primera vez desde 1983 el cambio de apellido en la Rosada, no tenía gusto a crisis terminal. La restauración conservadora tenía demasiados obstáculos, para instalar en los bolsillos argentinos la soñada destrucción del país industrial desendeudado, con un crecimiento del 2,1% (anunciado por el Indec de Jorge Todesca, en marzo de 2016) y la inflación en retroceso (1,5 en octubre). El diagnóstico no ayudaba para la instalación de una batería de medidas regresivas.

Alfonso Prat Gay (ex JP Morgan, imputado por lavado de activos y fuga de capitales a Suiza, como administrador de la fortuna de Amalita y Pilar Superville) se encargó fijar las reglas de juego de la relación de la Argentina macrista con el crédito externo, cuando planteó como un mandamiento bíblico, que "deuda se paga con deuda" y consolidó hasta nuevo aviso los cimientos de la dependencia.

Cada desembarco neoliberal necesitó armar un escenario de destrucción, para después ofrecer el ajuste salvador. Para recetar la caída del salario y achicar la porción de los trabajadores en el reparto del Producto Bruto Interno; para privatizar, desregular y convertir la supuesta ausencia del Estado, en una gran presencia a favor de las corporaciones.

El país que estalló en diciembre de 2001, comenzó a cocinarse a fuego lento en 1956. De la mano de la dictadura de Aramburu, Argentina llenó su solicitud de ingreso al Fondo Monetario Internacional. Desde ese momento y por más de medio siglo, la letra y música de nuestros planes económicos, fueron obra del Fondo.

A partir de entonces, el diccionario económico nacional recuperó viejas frases, que en la primera década del peronismo en el poder, se habían archivado e incorporó nuevas palabras para definir la crudeza de la nueva era. Llegaron los ajustes; el incremento de la deuda externa hasta transformarla en impagable; la destrucción del aparato productivo local; el aumento histórico de las importaciones y de las tasas de interés; represión, desaparición y exilio; las privatizaciones; cientos de miles de retiros voluntarios; millones de excluidos. Las cosas habían cambiado muchísimo, en muy poco tiempo. La Argentina de pos guerra, lejos de consolidar su dependencia, se sentaba con sus viejos dueños, para plantearles que aquellas reglas de juego, ya no existían.

Independencia económica

La batalla que planteó el kirchnerismo, comenzó cuando Néstor inició el proceso de reestructuración de deuda. El peronismo volvió a tomar de sus diez mandamientos uno de los legados más importantes de su certificado de nacimiento y salió a enfrentar a sus viejos enemigos. Hace trece años el ex presidente hablaba de los fondos buitres, mostrando la real estatura y la capacidad de destrucción del enemigo. “Cuando digo que podemos pagar el 25% de la deuda, estoy hablando con la verdad y digo que si se paga más, se va a pagar cómo en la década del ‘90 con el hambre del pueblo. Será un nuevo genocidio sobre las espaldas del pueblo argentino, que nosotros no podemos volver a permitir. Los que endeudaron al país, son los que siguen diciendo que tenemos que firmar cualquier acuerdo; los que nos endeudaron son los que se la robaron y nos llevaron a esta situación de indignidad. Es hora que el mundo les ponga freno a los fondos buitres y a los bancos insaciables que quieren seguir lucrando con una Argentina que está quebrada y doliente”.

Una década después, los buitres encabezaron un plan destinado a terminar con el canje argentino y amenazaron de muerte, a todos los países del planeta que sueñen con algo similar. Porque en realidad, no se trataba de un problema económico, ni financiero; estaba en juego la convalidación de un modelo de negocios a escala global que se presentaba como una nueva forma de dominación mundial.

Como sucedió con el primer peronismo, los agentes financieros de los países centrales no le perdonaron a la Argentina kirchnerista, soñar con romper la dependencia y torcer el destino del subdesarrollo que cíclicamente decreta el imperio. Sabían que el proceso de desendeudamiento era viable y por lo tanto, tenían que impedirlo.

En deuda con la historia

Desde el empréstito de la Baring en 1824, Argentina vivió sometida al pago de una deuda tan ruinosa en lo económico, como condicionante en lo político. El país se trasformó por primera vez, en territorio libre de compromisos externos, en las puertas de la segunda mitad del siglo XIX: “La Republica llegó a deber, 12 mil quinientos millones de pesos mediante lo cual, nos gobernaban desde el exterior. En este momento hemos pagado toda la deuda externa y además nos deben 5 mil millones de pesos” (Perón, 1948). La independencia económica, del 9 de julio de 1947, fue una decisión de gran impacto económico, pero fundamentalmente de alta simbología política.

La reserva de divisas al finalizar la Segunda Guerra Mundial y el superávit de la balanza comercial argentina entre el ‘46 y el ‘48 se aplicaron a la repatriación de la deuda externa. Las claves fueron la expansión del gasto público, la distribución equitativa del ingreso nacional y el otorgamiento de incentivos para reactivar el mercado interno.

1946 y 1949 los salarios reales se incrementaron en un 40%, lo que sumado a la existencia de crédito barato monitoreado ahora por el nacionalizado Banco Central, provocó un crecimiento anual del consumo del 14%. La participación de los asalariados en el ingreso total paso del 37% al 47% en 1950 y el producto bruto interno creció un 8% anual. Un país que en 1946, importaba los alfileres que consumían sus modistas, nueve años después comenzaba a tutearse con la industria pesada, a través del ferrocarril eléctrico, camiones automóviles, tractores, buques de ultramar y una industria floreciente.

A partir del golpe del 55’, Argentina ingreso al Fondo Monetario Internacional, la última dictadura sentó las bases culturales del neoliberalismo y desde 1989, la segunda década infame profundizó el modelo hasta el saqueo financiero 2001.

El huevo de la serpiente

El neoliberalismo bajó a América del Sur, cuando Milton Friedman encontró en el golpe que terminó con el gobierno y la vida de Salvador Allende, las condiciones indispensables para radicar por un largo rato, la teoría económica que amasó desde finales de los ’60 en la Universidad de Chicago. Friedman fue el gran enemigo de la teoría keynesiana. Sentenció que el pleno empleo y el consumo, eran los supremos aceleradores de la inflación. Fue el padre de las privatizaciones, fundamentalista del monetarismo y el libre mercado. Asesor de Ronald Reagan y Margaret Thatcher.

Los "Chicago boys" hablaban de la muerte de la industria nacional; la destrucción de derechos políticos, laborales y sociales; la desnacionalización de los recursos estratégicos; la extranjerización del capital nacional y la deuda externa como única tabla de salvación. Medidas que por entonces, no eran aplicables en democracia.

La libertad de mercado, activa automáticamente la división internacional del trabajo. Cuando la política cede ante el poder del dinero, se establecen roles “naturales”, que responden al peso y la talla de los estados. El dueño del crédito, es el propietario de todas las variables económicas; cuando la deuda ocupa el centro del escenario, la conducción del Estado cambia de manos.

El mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, acuñó a una generación que se ensambló con los sobrevivientes de viejos sueños y de esa mixtura, resultó un protagonista colectivo que ya no entendería a la paz, divorciada de la justicia. En ese momento, en el patio trasero del imperio que autorizó la Cumbre de Yalta, se mezclaron la resistencia veterana con los nuevos revolucionarios. El socialismo chileno, encendió la primera alarma roja en la Casa Blanca.

El planeta convivía desde 1959 con la Revolución cubana, el Concilio Vaticano II y la encíclica “El progreso de los pueblos”, la independencia de las colonias europeas en Africa, Vietnam y el Mayo francés.

La necesidad de terminar con la amenaza lo antes posible (el símbolo del enemigo en plena guerra fría venciendo en las urnas en 1970), jaqueó al gobierno de la Unidad Popular, apenas terminó el recuento de votos que le dio la presidencia al “senador vitalicio”; al médico que había esperado casi toda su vida, para tomar las riendas del cobre a través de la democracia.

La sociedad Nixon-Kissinger, decidió que el final de la experiencia tenía que ser tan traumático como aleccionadora y acordaron que el futuro tenía que llegar de la mano de la contrarrevolución cultural que impulsaba el neoliberalismo de los Chicago Boys.

En los años ’70, la multiplicación de dictaduras fue una necesidad del capital. Importar productos elaborados y matar la industria nacional, era una jugada que solo se garantizaba con represión al servicio del control social.

El poder es impunidad

La Cámara Federal porteña confirmó el 24 de febrero de 2017, el sobreseimiento de todos los funcionarios y banqueros que estaban bajo investigación por el denominado Megacanje de la deuda externa del gobierno de la Alianza. La Sala II del tribunal, con las firmas de los jueces Eduardo Farah y Martín Irurzun, dejó firmes los sobreseimientos dictados en primera instancia por el juez federal Sebastián Ramos, luego de que un tribunal oral absolviera al ex ministro de Economía Domingo Cavallo.

La Cámara ratificó los sobreseimientos de Jorge Amadeo Baldrich, ex Secretario de Hacienda; Horacio Tomás Liendo, ex asesor de Cavallo; Norberto López Isnardi, ex director Financiación Externa de la Oficina Nacional de Crédito Público. También se vieron beneficiados por la decisión de la Cámara Ernesto Marcer, ex Procurador del Tesoro de la Nación; Carlos Federico Molina, ex director nacional de Crédito Público y Guillermo Mondino, ex jefe de Gabinete de Asesores del Ministerio de Economía. Además quedó sobreseído el banquero, y ex embajador de Estados Unidos David Mulford.

En la causa, el actual presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, también estuvo imputado, porque en aquel momento era el secretario de Política Económica de Cavallo, pero finalmente fue sobreseído en septiembre del año pasado.

La fiesta siempre la paga el pueblo

Entre los votantes de la alianza conservadora, en 2015 muchos ciudadanos que durante décadas mostraron su preocupación por las consecuencias de la deuda externa, pero optaron por la propuesta política que triplicó la porteña en el período 2007-2015 (de 574 millones de dólares a 1.794 millones) y que prometía desde la Nación, volver con desenfreno al mercado de capitales.

Con su voto también sostuvieron, a un grupo económico que quedó a flote en 1982, con la estatización de sus obligaciones en dólares; la medida más socialista de la historia del neoliberalismo argentino. Los responsables fueron dos viejos conocidos de los Macri: Domingo Cavallo (presidente de aquel Banco Central) y Carlos Melconian (jefe del departamento de Deuda Externa, del mismo banco).

La estatización, a través de regímenes de seguros de cambio, se dispuso en septiembre de 1982 y significó cerca de 17 mil millones de dólares, sobre un total de poco más de 43 mil millones, que totalizaba la deuda externa declarada en 1983.

Entraron en los botes estatales que los salvó del naufragio, Cogasco (1.348 millones de dólares), Autopistas Urbanas (951), Celulosa Argentina (836), Acindar (649), Banco Río (520), Alto Paraná (425), Banco de Italia (388), Banco de Galicia (293), Bridas (238), Alpargatas (228), CitiBank (213), Naviera Perez Companc (211), Dálmine Siderca (186), Banco Francés (184), Papel de Tucumán (176), Minetti (173), Banco Mercantil (167), Aluar (163), Banco Ganadero (157), Celulosa Puerto Piray (156), Banco Crédito Argentino (153), Banco Comercial del Norte (137), Banco de Londres (135), Banco Tornquist (134), Banco Español (134), Sade (125), Sevel (124), Banco de Quilmes (123), Interama (119), Cía. de Perforaciones Río Colorado (119), Swift Armour (115), IBM (109), Banco Sudameris (107), First National Bank Of Boston (103), Astra Evangelista (103), Mercedes Benz (92), Banco de Crédito Rural (92), Deutsche Bank (90), Industrias Metalúrgicas Pescarmona (89), Banco Roberts (89), Banco General de Negocios (87), Alianza Naviera Argentina (82), Propulsora Siderúrgica (81), Ford (80), Astilleros Alianza (80), Masuh (80), Continental Illinois National Bank (76), Banco Shaw (73), Pirelli (70), Deere (69), Cemento Noa (67), Banco Supervielle (65), Alimentaria San Luis (65), Loma Negra (62), Selva Oil Incorporated (61), Macrosa (61), Sideco Argentina (61), Chase Manhattan Bank (61), Bank Of America (59), Astra (59), Deminex Argentina (57), Industrias Pirelli (56), Esso 55 La Penice (53), Manufactures Hanover Trust (53), Petroquímica Comodoro Rivadavia (52), Fabril Financiera (52), Panedile Argentina (51), Fiat (51) y Banco Provincia de Buenos Aires (50).

El mayor endeudamiento del mundo

En campaña electoral, el neoliberalismo tiene la necesidad de mentir porque sus sueños son inconfesables y cuando gobiernan siguen mintiendo, porque sus objetivos siguen siendo impresentables. Con muchos eufemismos intentan suavizar lo áspero y entonces cada incompatibilidad de sus funcionarios, apenas es un "conflicto de intereses", utilizan “sinceramiento económico” por ajuste despiadado y en materia de crédito externo, hablan del “regreso al mercado de capitales” por la hipoteca que tendrán que levantar tres o cuatro generaciones.

La deuda pública trepó a casi 100 mil millones de dólares, entre diciembre de 2015 y junio de 2017

La cifra, equivale más o menos al 15% del Producto Bruto Interno.

Este año se aceleró el ritmo de emisión de bonos y en el primer bimestre ya se colocaron cerca de 25 mil millones de dólares (el 50% de toda la deuda acumulada a lo largo de 2016).

La entrada de divisas no se utilizó para avanzar en la construcción de infraestructura ni en potenciar nuestra capacidad exportadora. El financiamiento, obtenido en mercados internacionales, permitió sostener la fuga constante de dólares del mercado interno, luego de la desregulación de los controles cambiarios y de la apertura a los movimientos de capitales.

Por su parte, el Tesoro, debido a la necesidad de cubrir el déficit fiscal, fue uno de los principales emisores de nueva deuda a partir de diciembre de 2015. El informe del Observatorio de UMET precisó que se colocó en los mercados internacionales y bajo legislación extranjera 34.910 millones de dólares, de los cuales 21.910 fueron emitidos a lo largo del 2016 y los 13.000 restantes en los primeros dos meses de 2017. En el detalle del documento se precisó que en enero pasado se licitaron dos bonos en dólares bajo legislación Nueva York por 7000 millones de dólares con vencimiento en 2022 y 2027. A principio de este año, se recibió también un préstamo a 18 meses por 6000 mil millones de dólares de 6 bancos internacionales: Santander, BBVA, HSBA, Citi, JP Morgan y Deutsche Bank.

El Tesoro no sólo adquirió deuda en las plazas extranjeras sino que buscó financiamiento en dólares y en pesos en el mercado interno. Se emitieron 9688 millones de dólares en Letes desde el comienzo de la gestión de Macri, de los cuales 4886 millones se colocaron en 2017. En lo que refiere a los préstamos en moneda local, se recibieron 254.425 millones de pesos (equivalente a 16.335 millones de dólares), con bonos ajustados por inflación y, en menor proporción, a tasa fija.

Las provincias fueron otra importante fuente de endeudamiento para la economía local. En los últimos 14 meses, Buenos Aires, Entre Ríos, La Rioja, Neuquén, Mendoza, Chubut, Córdoba, Salta, Chaco, Santa Fe y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires emitieron 9055 millones de dólares, de los cuales 2050 fueron colocados en el primer bimestre de 2017. “Los Gobiernos provinciales también se han sumado al festival de endeudamiento de Nación, emitiendo títulos bajo moneda extranjera y legislación extranjera”, advierte el documento de la UMET. Las empresas privadas también imitaron el comportamiento del sector público y aprovecharon para tomar crédito en el extranjero. Acumularon en 14 meses emisiones por 7628 millones de dólares, en donde 1937 millones corresponden a deuda de este año. En lista de compañías que se lanzaron a ofrecer las obligaciones negociables se destacaron el Grupo Financiero Galicia, Banco Macro, Pampa Energía, YPF, Telecom, Arcor, Cablevisión, IRSA, Agrofina, Aeropuertos Argentinas, Banco Hipotecario, John Deere, Roch y Celulosa Argentina.

Un siglo de dependencia económica y política

Toda medida económica es política y todo dato político tiene significado económico. Por lo tanto, cuando el 19 de junio Cambiemos anunció un inédito compromiso externo a 100 años (20 años por encima de lo que demandó pagar el empréstito de la Baring Brothers), no solo planteó "deuda eterna" por 2.750 millones de dólares casi al 8%, sino que también anunció pérdida de soberanía e independencia, por tiempo ilimitado.

El macrismo aclaró para todos los que hasta ahora no pudieron o no quisieron ver la magnitud del desastre, que la toma de crédito externo es el único proyecto económico que conoce; porque sin economía real, nunca se conseguirán los dólares para pagar los compromisos. Por lo tanto, el horizonte está plagado de Blindajes o Megacanjes. Solo se puede esperar del "neoliberalismo nacional", una bicicleta financiera a nivel país que rodará hasta que los centros financieros de poder internacional lo autoricen.

Este nuevo formato de negocio ruinoso lo ofrecieron cuatro bancos y lo gozan los comisionistas, por lo tanto volvemos a transformarnos en la fábrica de subsidios que los países centrales necesitan para paliar su déficit a través del pago de 200 millones de dólares de interés.

(Versión completa de la nota publicada en “Circo criollo”)

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