Echar mano a la Grandeza

  • 17 de Noviembre
  • Política
Por Enrique Emiliani
militantes de La Cooke

“Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar; cuando se acaben los vestuarios, nos vestiremos con las bayetitas que nos trabajan nuestras mujeres y si no, andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres y lo demás no importa nada”, así arengaba San Martín al pueblo, un 19 de julio de 1819, ante la inminente llegada de una nueva invasión realista imperialista a nuestro territorio.

Quizás, hoy más que nunca, de eso se trate: de recuperar la Grandeza, así, con mayúsculas. La Grandeza en la militancia y en la vocación política, cualquiera sea su ámbito: cultural, intelectual, partidario, movimientista, territorial. Porque la política es eso, vocación de servicio al Pueblo y a la Patria, y si no ella se deforma siempre en ambición, poroteo, corrupción, traición, panquequismo explícito, sanata con s y con l, y en docilidad y sumisión ante el enemigo.

Grandeza, de eso se trata. Nosotros ya sabemos todo acera del imperialismo y su rostro globalizador, las corporaciones políticas, económicas y mediáticas, las transnacionales y el neoliberalismo, el partido judicial y los alcahuetes propaladores de mentiras en radios, diarios y televisión. Y sabemos quiénes son y que quieren los que gobiernan en el mundo y aquí y ahora en Argentina. Conociendo el poder del enemigo comprendemos que no tenemos, como ellos, ni misiles, ni dinero, ni gurúes y deformadores de opinión, ni servicios de inteligencia, ni intelectuales de opereta, o periodistas bien asalariados y cotorreadores repetidores de consignas.

Por eso debemos echar mano a las virtudes y a las armas que ellos no tienen ni tendrán jamás. Y una es la Grandeza, esa que siempre vivió y hoy seguro vive en el espíritu de cada militante en cualquier metro cuadrado de la Patria Grande. Esa cualidad que era esencial en el “Hombre Nuevo” de Guevara, en el “Fanático” de Evita.

Esa Grandeza que tan bien quedó definida en frases como: “La Patria dejará de ser colonia o la bandera flameará sobre sus ruinas”, Evita; “Rendirse es morirse de pena”, teología Maya; “Preferimos morir peleando que vivir esclavos”, Cacique Tehuelche Saihueque.

La Grandeza nos hará pensar, sentir y actuar en plural, en comunidad, y nos librará así de convertirnos en ese individuo burgués al que conduce el materialismo capitalista con sus sirenas de consumo y falso bienestar. Librarnos sí de ese individuo del cual el filósofo chino Lyn Yutang decía: “Los hombres ricos, que pasan el día ocupados en su negocios y por la noche roncan como vacas, no contribuyen ciertamente al bien común”.

La Grandeza nos recordará siempre que la Patria es el Otro, y nos ayudará a decir con el Padre Carlos Mugica: “Quiero sufrir con mis hermanos que están sin trabajo, quiero sentir mía la angustia de los miles de jubilados y de los despojados del sustento que en justicia deben recibir”; porque, como decía Perón, “nadie puede ser feliz en un pueblo que no es feliz”.

La Grandeza, en estos tiempos de cambios marcha atrás, nos hará encontrarnos con los verdaderos compañeros, con los que quieren y sueñan la Democracia Popular y Participativa; los que quieren y sueñan un país con Memoria, Verdad y Justicia; los que están dispuestos a perder para que todos ganan, y no ganar solos mientras todos pierden. Los compañeros leales que estén dispuestos a decir con el subcomandante Marcos, desde la Selva Lacandona, “Si tenemos que escoger entre caminos, siempre escogeremos la dignidad. Si encontramos una paz digna, seguiremos el camino de la paz. Si encontramos la guerra digna, empuñaremos nuestras armas para encontrarla. Si encontramos una vida digna, seguiremos viviendo. Si, por el contrario, la dignidad significa muerte, entonces iremos, sin dudarlo, a encontrarla”.

Militemos entonces con Grandeza, y que ella sea el punto de partida y de apoyo para la recuperación y la continuidad del Modelo Nacional y Popular, del sueño de la Patria Grande, y de la renovación del Movimiento Nacional Justicialista, con sus 3 Banderas, su Doctrina, y sus 20 Verdades, pero no con los autodenominados peronistas de hoy y de siempre, esos que ayer callaron sus voces ante la entrega menemista, y hoy acomodan sus asentaderas y privilegios ante la amarilla marea cipaya de Cambiemos. Con la Grandeza, además, seremos inasequibles al desaliento, porque sabemos con el poeta García Lorca que. “El más terrible de todos los sentimientos es el sentimiento de tener la esperanza muerta”.

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