El criterio nublado por la presión social

  • 16 de Agosto
  • Política
Por Juan Derventzis

En 1951 el psicólogo polaco Solomon Asch realizó un experimento que hoy lleva su nombre.
El mismo consistía en lo siguiente: a partir de un grupo de participantes de entre 7 y 9 individuos, el experimentador, les informaba que se les iba a mostrar dos tarjetas. Una con una línea vertical y otra con tres líneas. Los participantes debían indicar cual línea de la segunda tarjeta, tenía la misma longitud que la línea de la primera.
La única “trampa” de este experimento, es que todos los individuos, salvo uno (el sujeto crítico), eran cómplices. La instrucción que tenían los cómplices, era dar la respuesta correcta las primeras dos veces, pero a partir de la tercera, todos dar la misma respuesta incorrecta.

Este experimento se repitió más de 120 veces y arrojó resultados interesantes.
Un 36,8% de las veces, los sujetos, se dejaron llevar por la respuesta del resto.
Si bien la mayoría de las veces contestaron correctamente, lo hicieron con una enorme sensación de incomodidad y demostrando malestar. Al menos el 33% de los individuos, se conformaron con el punto de vista mayoritario a pesar que en algunos casos era muy evidente la diferencia entre las líneas supuestamente iguales.

Si bien al principio el sujeto crítico, disiente y da la respuesta correcta, eventualmente cede a la presión del grupo y da también la misma respuesta.

Los sujetos adujeron sus errores al mal juicio o mala vista y no a la presión grupal.

Tan fácil como discernir entre el tamaño de tres líneas era ese experimento, y dio esos resultados. Ahora pensemos por un momento en un algún programa de TV con panelistas donde supuestamente se “informa” y “discute política en un ámbito plural”.
Normalmente, de haber panelistas más críticos al status quo, suelen ser minoritarios, con escasas herramientas, dejados en soledad, en ridículo constante, atropellados por la batería de la mayoría y hasta descalificados. Cuando no, solamente el debate circula por matices mínimos, pero sin atacar los preceptos que son aceptados como verdes evidentes.

El televidente, está expuesto a la “opinión de la mayoría” que se replican en distintos, horarios y canales e incluso, a veces, se expone al riesgo de identificarse con el panelista discriminado por pensar distinto.
Se va convenciendo que la mayoría piensa eso, y pensar distinto incomoda.

Claramente, no es el único método que opera. Pero lo hace de una manera más profunda que la manipulación o tergiversación de la información, que a menudo queda más en evidencia.

Hablemos ahora de las redes sociales, y tomemos por ejemplo a Facebook. Esta red social tiene un algoritmo por el cual sus usuarios se “informan de las cosas que son de su interés”. Ese interés está determinado por el registro que lleva la plataforma, de la actividad del usuario. Es decir, si uno reacciona mucho ante contenidos de deportes, recibirá notificaciones sobre contenidos de deportes. Si uno manifiesta interés político ante tal o cual partido, bien, sobre ese recibirá más y así.
Esto da una sensación de ese material. Si recibe constantemente contenidos sobre “lo bien que van las cosas” o lo contrario, la sensación será que esa realidad es probable.

Así mismo, estudios recientes demostraron que la mayoría de los usuarios de facebook, cree más en lo que comparten sus amigos y contactos, y se informan más por ellos que por los medios tradicionales.
Si alguien comparte un contenido que previamente compartió un “amigo” es muy probable que un tercer “amigo” que estos tengan en común dentro de la red, le dé más relevancia o veracidad. Este proceso es exponencial. El problema es que esos “amigos” muchas veces no son tales, gran parte de los contactos son personas con las que no se tiene trato real.

Por lo que, si por un lado desde los medios se puede instalar una verdad a partir de, por ejemplo programas de panelistas y por otro, conociendo el algoritmo de las distintas redes sociales hacer llegar contenidos determinados, el resto en más de un 36% lo hará la presión social tal y como lo demostró Asch.

Quedan muchos elementos por fuera de este análisis para comprender el resultado de las últimas elecciones y no es mi intención reducir todo a esto. Pero saber que a veces la presión social actúa sin que nos demos cuenta, ayuda a replantear estrategias, comprender un poco, o bien, estar atento a no caer ante ella.

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