El desguace del Estado

  • 29 de Octubre
  • Política
Por Alfredo Sayus
Foto Macri

Sin atenuantes y sin anestesia, el gobierno de Mauricio Macri irá por todo y por todos. Por lo menos por todos los que no son afines a su política de elite. Del “por todos” habrán de salvarse empresarios poderosos, empresas multinacionales, amigos de empresas en expansión que apoyaron las campañas, amigos que apoyaron las campañas y amigos.

Desde ya que también se incluirán a integrantes de las bancas internacionales (JP Morgan, Banco Mundial, FMI, Club de París, G8) y todo aquel que nos “preste” dinero para “engrandecer a la Nación”.

Huelga hoy hacer un estudio sociológico de los votantes de Cambiemos. Desde el 2015 venimos intentando entender porque un sector que no responde al núcleo duro del macrismo apoya la política de gobierno de una ideología que está muy lejos de los intereses colectivos del pueblo.

Pueblo que se benefició con las políticas inclusivas del kirchnerismo y vivió importantes momentos de desahogo económico, muchos momentos también de bienestar ampliamente extensivo hacia sectores sociales cuya preocupación primaria, antes de la “década ganada”, era comer todos los días.

Es indudable que el porcentaje de votantes que le dio el triunfo como primera minoría a Cambiemos es el mismo sector de clase media que golpeó con cacerolas los vidrios de los bancos cuando en 2001 les acorralaron sus ahorros. Es decir, es el mismo sector que tiene el “colchón” de resguardo que le permite atravesar el simbronazo del desguace estatal previsto por el macrismo, pero atento a que ese desguace no llegue a sus ahorros nuevamente.

Mientras tanto, si el resto de la población cubre sus necesidades básicas o no, no les importa demasiado. Para ese sector llegó la hora que tanto añoraron de dejar a “los negritos subsidiados” otra vez afuera. Tampoco les importa aun que Macri vaya por todo: Ley jubilatoria, ley laboral, ley de medios, sistema sanitario, sistema educativo, incremento de servicios, tasas e impuestos y un enorme etcétera.

Claro que la mayoría no votó a Cambiemos. La mayoría se dividió en una interna eterna del peronismo con ansias de poder en sus distintos sectores y entre otros partidos de la izquierda que mantienen sus votos históricos, inquebrantables y, a veces, haciéndole el juego (suponemos que involuntariamente) a la derecha. No fue esta última elección el caso.

Pero lo cierto es que si los sectores populares no se unen, el desguace del Estado será un hecho contundente del que costará reponerse aun teniendo otros diez años de década ganada.

La escalada de derrumbe recién comienza.

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