"Hasta que un día el paisano acabe con este infierno y haciendo suyo el gobierno, con solo esta ley se rija: o es pa' todos la cobija, o es pa' todos el invierno", Arturo Jauretche.

EL NEOLIBERALISMO ES INCOMPATIBLE CON LA DEMOCRACIA

El libreto de Cambiemos fue pensado por la oligarquía urbana y la patria sojera; pero su territorialidad ficticia la brindó el primer botín de guerra de la derecha, tras el golpe del '30: el radicalismo. Los sectores medios y las clases bajas aspiracionales, sueñan en la Argentina 2017 con ser los dueños de la cobija y le regalan el peor de los inviernos, a los marginados de la distribución de derechos y riqueza.

  • 15 de Noviembre
  • Cultura
Por Circo Criollo. Adelanto del nro 3, que saldrá a fines de noviembre

Para cualquiera de los formatos históricos de la derecha argentina, la democracia siempre fue un zapato muy incómodo. Su pisada elitista, nunca se adaptó a los talles más populares y centenares de artesanos fracasaron estrepitosamente, en el intento utópico por lograr un bendito par a la medida de sus viejas necesidades. La teoría del derrame, el formato esclavista que proponen desde hace 40 años para el mundo laboral y la total ausencia de soberanía e independencia en su modelo político-económico, hacen incompatibles los postulados de ese hemisferio político, con la República teórica y el país de “un hombre un voto”.

"El trabajo en sus diversas formas gozara de la proteccion de las leyes, las que aseguraran al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso y vacaciones pagados; retribucion justa; salario minimo vital movil; igual remuneracion por igual tarea; participacion en las ganancias de las empresas, con control de la produccion y colaboracion en la direccion; proteccion contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado publico; organizacion sindical libre y democratica, reconocida por la simple inscripcion en un registro especial" (Constitución argentina, artículo 14 bis).

La derecha criolla (siempre avergonzada de llamarse por su nombre y apellido, apela al eufemismo de pertecer a un "centro" inexistente), miente en campaña porque sus deseos son inconfesables, pero miente mucho más cuando es gobierno, por que sus sueños son imposibles de presentar en sociedad bajo cualquier formato.
Desde la concepción cipaya y monárquica de los defensores de la colonia, pasando por el centralismo porteño exento de país profundo de los unitarios, hasta llegar a todas las variables conservadoras de los últimos dos siglos; para el poder real no hay convivencia posible.
Instrumentaron el “fraude patriótico”, después vino el sueño gorila del mercado por encima del pueblo y la eliminación del campo nacional y popular con bombardeo de la Plaza y paredón. Finalmente liberales y neoliberales, desembarcaron para terminar con la transferencia de recursos: muerte de industria nacional, deuda externa, especulación financiera, fuga de capitales y privatizaciones. A través del tiempo, a ninguno le resultó amigable convivir con los derechos ajenos. Entienden la pobreza como un designio divino del que no se puede ni se debe escapar, se trata de millones que solo nacen con obligaciones bajo el brazo, para servir las demandas del privilegio.
En el presente argentino, el discurso con el que la civilización sermonea a la barbarie desde la prensa hegemónica y los púlpitos de la anti-política, convoca una vez más a la caridad en reemplazo de la equidad y llama a la limosma para jugar a terminar con la injusticia.

Noviembre 2017. La diputada radical Patricia Giménez, presentó un proyecto para "dinamizar la entrega de alimentos en buen estado por parte de empresas, productores y otros actores sociales vinculados a la cadena alimentaria". En su defensa, Elisa Carrió, sentenció: "Si alguien que le sobra puede darle a otro para que coma en condiciones de salubridad, pregunto, ¿no puede donar? ¡Estamos todos locos! Acá hay un progresismo estúpido que cree que es mejor que (los pobres) vayan a buscar a la bolsa de basura en vez de tener los alimentos de marca en su casa. ¡Estoy harta del progresismo estúpido! ¡Qué quieren, que se mueran de hambre! ¡Déjenme de jorobar!".
Noviembre 2017. El alcalde de San Pablo (Brasil), Joao Doria, entregará a sectores carenciados, un alimento balanceado producido con comida a punto de vencer, en el marco del plan social Alimentos para Todos. La empresa Plataforma Sinergia, es la encargada de producir los granulados en formato de alimento balanceado. Pero el proyecto también responde a un programa de incentivo económico a supermercados y restaurantes para que entreguen sin cargo alimentos con fecha de vencimiento cercana, de modo de evitar el desperdicio.

El neoliberalismo, como fase caníbal del capitalismo, no encaja en la democracia. Una doctrina económica basada en la transferencia de recursos del pueblo a las corporaciones, es una filosofía que amenaza de muerte el espíritu del sistema. Y un proyecto que no cierra sin represión, es una declaración de guerra a la República.
Una teoría basada en la eterna ilusión del derrame, el fin de la industria nacional, la deuda externa impagable, el ajuste permanente, la flexibilización laboral esclavista, las privatizaciones que rifan el patrimonio nacional, los tarifazos impiadosos y el regalo de los recursos naturales; tiene como única finalidad, transformar los derechos constitucionales en una mera formalidad.
Por lo tanto, a falta de calzado que se ajuste aunque más no sea un poquitito a su pie, ellos siempre salieron a buscar alternativas para transformar la democracia en un envase sin contenido. Primero inventaron los golpes de Estado y cuando no tuvieron más remedio que convivir con las urnas, al sistema lo redujeron a una mera formalidad.

Con la tristemente célebre acordada de la Suprema Corte de Justicia, la "Justicia" autorizó los sueños del Gral. José Evaristo Uriburu, el 6 de septiembre de 1930. Por una simple coincidencia del destino, el Procurador General de la Nación que firmó con agrado la partida de defunción de la democracia, se llamaba Horacio Rodríguez Larreta.

Ajuste económico, control social con terrorismo de Estado, poda de conquistas individuales y colectivas y muerte de las leyes laborales. Le juraron al pobre, que como escribió Homero Expósito, solo se cuidan los zapatos andando de rodillas y lo dejaron librado a su suerte; porque en un mundo sin reglas, siempre sobrevive el poder real.
A partir de diciembre de 2015, algunos creen de la mano de un infantilismo preocupante y una ignorancia política endémica, que se instaló en el poder una "nueva derecha", solo porque llegaron a través de una elección. El resultado de esa línea de pensamiento, es algo así como creer que "por fin la oligarquía encontró su lugar en el sistema"... Son lo mismo de siempre, respondiendo a una genética que les viene de muy lejos. Son represión, nunca diálogo. Son concentración de la riqueza, nunca distribución. Son los dueños, nunca iguales.
No hay forma de sentar en la misma mesa a la voracidad de la derecha, con aquello de “la Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley”.

La gobernabilidad

Los cómplices "opo-oficialistas" que el escudo mediático defiende como dialoguistas, suelen esgrimir como gran excusa, a la gobernabilidad. Malversan su significado hablando de la necesidad de un round de estudio que no tiene duración precisa y que en realidad es innecesario, entre rivales que ya conocen todo de su adversario. El resultado final es tan obvio como ineludible; ambos saben que el cordero será lobo cuando tenga que responder a su naturaleza.
El supuesto retador dice que no quiere parecer destituyente y entonces promete no pegar en virtud de un pacto corporativo al que bautizaron “luna de miel”. Un lapso donde el campeón, puede romper lo que se le antoje, sin costo y con total impunidad; mientras el adversario mira para otro lado, garantizando la “zona liberada”.
Es absurdo llamar gobernabilidad al desmantelamiento de derechos, a hipotecar el futuro de un par de generaciones con deuda externa, a reemplazar decenas leyes por decretos regresivos o a vetar sistemáticamente la voluntad parlamentaria.
No ejercer la función de control que encargó el voto popular, es entregar atados de pies y manos a millones de rehenes; es violentar el espíritu del sistema que cuando nació, pensó en un juego de contrapesos para equilibrar la balanza.
Gobernabilidad tampoco es permitir la destrucción del país, a cambio de los billetes necesarios para cubrir apenas por un rato, los gastos corrientes de las provincias. Ordenarle a sus senadores, ser funcionales a una administración que los corre con una chequera en la mano, es cubrir las urgencias del presente, sabiendo que mañana van caminar entre las ruinas que dejó el derrumbe de las economías regionales.
En síntesis, la oposición no debe cuidar la salud de la gobernabilidad, tiene que velar por la vida eterna de la institucionalidad. La gobernabilidad se cuida sola, con multiplicación de derechos.

41 años de prensa hegemónica

La batalla cultural, cuyo último capítulo comenzó el 24 de marzo de 1976, generó laburantes con discurso patronal. En términos políticos, esta irrefrenable sensación de entregarse a los brazos del enemigo, fue el gesto repetido durante décadas por un sector de la población argentina, en casi todos los golpes militares del siglo XX.
La estrategia para lograr este objetivo en el presente ("Obedezca el que obedece y será bueno el que manda", José Hernández), no es exclusiva de estas Pampas. Comenzó a armarse desde fines de los años '90; cuando la segunda fase del neoliberalismo, desembocó en la inédita multiplicación de gobiernos nacionales en América latina. Movimientos que proyectaron su acción política, en función de consolidar la Patria Grande que esperó 200 años.
Fue el lanzamiento continental del periodismo hegemónico como partido político. Voces que hablan en nombre de los poderes fácticos, para impulsar golpes blandos contra los gobiernos populares (Honduras: Manuel Celaya 2009), basados en el resultado asegurado de cualquier simulacro de juicio político (Paraguay: Fernando Lugo 2012 y Brasil: Dilma Rousseff 2014).
Esos grupos económicos pusieron huevos en centenares de canastas y diversificaron tanto su estructura económica, que cuándo dicen hacer periodismo sobre cualquier aspecto de la vida nacional, en realidad siempre están opinando en defensa propia.
Millones de argentinos que sin proyecto de país, habitan muy cómodos el reino del individualismo al que fueron arreados, son blanco desde 2003 de la construcción cotidiana de un país paralelo. Son los peores analfabetos, los analfabetos políticos (Bertolt Brecht); son los que aferrados al mensaje de los medios de comunicación, terminan amando al opresor y odiando al oprimido (Malcom X).
Hombres y mujeres cercados por un hermético corralito informativo, sólo comparable con los efectos del seudo periodismo controlado por la última dictadura. Aquel mensaje, era impermeable a las respuestas. La rectificación del relato, nunca horadaba el escudo civico-militar y siempre quedaba el último recurso de la muerte, para garantizar el silencio.
La versión contemporánea de esa impunidad periodística, se apoya en el poder de fuego de los encargados del guión de la Argentina ficcional, seguros de que cualquier respuesta ocupará un espacio alternativo, casi marginal.
Los efectos directos de más de 40 años de batalla cultural, instalaron que un derecho es lo más parecido a una ilusión difusa y que la movilidad social es un espejismo...
A millones de argentinos, les arrancaron la posibilidad de identificar al enemigo y los transformaron en seres indefensos. La democracia permite que sus detractores, también puedan ser electos; una indefensión a la que quedó expuesta desde su nacimiento. Los protagonistas, los que colaboraron o los que fueron cómplices lejanos de cada golpe de Estado, quedaron legitimados a través de listas que llevaron sus nombres o el de sus herederos (Domingo Cavallo diputado nacional, 1987-1989. Ingresó al Congreso como extrapartidario de la lista del PJ Córdoba, que armó De la Sota).

Futuro imperfecto

Las cifras insensibles, prometen dejar nuevamente a un tercio de la población en la banquina. Los cuadros estadísticos no reflejan nombres, ni apellidos; no tienen rostro, ni alma y es mucho más importante lo que ocultan, que lo que muestran.
Los promedios amontonan la pobreza de muchos, sin medir el verdadero dolor de ninguno; pero anticipan la crónica de una nueva muerte anunciada.
Ausente la intermediación política, los gerentes de Cambiemos gobiernan con sello patronal; hablan (aunque la palabra justa sería, "ordenan") con el único idioma que conocen y pretenden terminar para siempre, con 70 años de derechos laborales. Buscan sentar las bases de la vieja democracia formal de baja intensidad, casi inexistente; la misma que reinó firmando órdenes medievales hasta la irrupción de las mayorías populares en la Rosada. Quieren una Argentina modelo siglo XIX, agropecuaria y antiindustrial, con peones obedientes…, sin voz, ni voto.
Añoran la séptima economía del mundo, sin distribución de la riqueza. Quieren volver a tirar manteca al techo y viajar a Europa con la vaca atada.
Cambiemos autorizó a canjear “pasado por futuro” y a partir de esa orden invisible pero tangible, sienten que tienen una nueva oportunidad, para quedarse con todas las porciones de la torta. Ese destino que sienten ineludible, lo grita el poder económico desde lo más profundo de su historia y lo apuntalan traidores del campo nacional y popular, dispuestos a meter por las buenas o por las malas, a gran parte del rebaño en el corral. Sin ellos, sin los desclasados que apalean a los propios, la empresa del neoliberalismo sería imposible. Como quedó demostrado en los '90, con las privatizaciones menemistas como gran metáfora de la entrega, sin ellos no hay neoliberalismo…
El triángulo que conforman poder económico, prensa hegemónica y familia judicial; es una máquina de destrucción perfecta. Saqueo, maquillaje mediático y legitimación en Tribunales.

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