Política 7 de Mayo

Evita 100 años

HURACAN POLITICO REPLETO DE DERECHOS

Por Gustavo Campana

Cuarta parte: Fragmentos del Capítulo II de Recuerdos del Peronismo (1943-1956)

Enemigos y traidores. “Todo lo que se opone al pueblo me indigna hasta los límites extremos de mi rebeldía y de mis odios. Me revelo indignada con todo el veneno de mi odio o con todo el incendio de mi amor -no lo sé todavía- en contra del privilegio que constituyen todavía los altos círculos de las fuerzas armadas y clericales. Pero sé también que a los pueblos les repugna la prepotencia militar que se atribuye el monopolio de la Patria, y que no se concilian la humildad y la pobreza de Cristo con la fastuosa soberbia de los dignatarios eclesiásticos que se atribuyen el monopolio absoluto de la religión. Yo no diría una palabra si las fuerzas armadas fuesen instrumentos fieles al pueblo. Pero no es así: casi siempre son carne de la oligarquía” (“Mi mensaje”).
Sabe que el enemigo lejos de estar derrotado, está preparando el contraataque. Denuncia el pasado de la oligarquía (explotación, concentración de la riqueza, latifundios); grita el sabotaje del presente (desabastecimiento, difamación constante de la prensa) y advierte sobre el regreso de los viejos dueños de la Argentina, si antes no se avanza definitivamente, sobre los nidos golpistas. “Como mujer de pueblo, que jamás va a traicionar, ni mentir, les digo que todos estamos forjando una Argentina grande y no podemos dejarnos influenciar por esos derrotistas que nos quieren meter otro himno y otra bandera”(Evita, 1946).
Se definía como una rebelde con sed de justicia, como una mujer cansada de ver el dolor en millones de argentinos. “Los imperialismos han sido y son la causa de las más grandes desgracias de una humanidad que se encarna en los pueblos. Esta es la hora de los pueblos, que es como decir la hora de la humanidad. Todos los enemigos de la humanidad, tienen las horas contadas. Es la hora de los pueblos” (“Mi mensaje”).
Destaca que la pelea por el presente y el futuro, tiene a dos adversarios arriba del ring y habla de “ellos o nosotros”, desde misma la lógica que implantó la oposición cuando amontonó candidatos en la Unión Democrática y archivó para siempre sus propios sueños. “Hablo con el corazón de una mujer de pueblo, de una descamisada más. Hablo con un lenguaje sin engaños, con el que hablamos de una realidad palpable” (1950).
Pero los enemigos que más le preocupaba era los de adentro, los que convivían con aquel primer peronismo: los traidores. “Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle, por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder y pude ver sus miserias. Por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas”(“Mi mensaje”).
“No me interesa la calumnia de los opositores, no me importa lo que digan esos charlatanes que durante 50 años explotaron a la clase trabajadora y a toda la Argentina. No me importa la calumnia de esas señoras que no hacían más que tomar té y jugar al bridge, que se pasaban la vida en el Jockey Club, veraneaban en Mar del Plata y vendían la patria al extranjero” (1948).
“Si alguna traición ronda en las filas del peronismo, sepan que al general Perón lo rodean los descamisados. Los descamisados son incapaces de cualquier traición, porque son lo más puro del movimiento peronista” (1947).
Evita se transformó en ícono ideológico, imagen del nuevo tiempo y latido de su espacio político. “Ustedes los telefónicos saben mejor que yo, lo que el general Perón significa para ustedes. Más que las conquistas materiales que les dio siendo secretario de Trabajo y Previsión, sintieron la dignificación del hombre por el hombre, porque el general Perón dignificó a los trabajadores y obreros telefónicos de la Nación. Los dignificó porque ustedes conquistaron algo muy grande: ya no trabajaron para una empresa foránea, sino para la bandera azul y blanca” (1949).

MODELO DE PAIS: Cuando hablaba de tercera posición, rescataba la creación de un nuevo modelo para terminar con el capitalismo, al que calificaba como un mecanismo de “explotación del hombre por el dinero” y para enfrentar al comunismo, al que definía como la “explotación del hombre por el Estado”. Pero como en la Argentina de segunda mitad de la década del ’40, la piedra que nos incomodaba habitaba en nuestro zapato derecho y en casi todos sus mensajes el acento siempre estaba puesto en las desigualdades del reino del dinero.
“Cómo es posible que el progreso industrial, que significa un paso más hacia adelante del hombre en el camino de su bienestar, le cause el peor de los perjuicios. No es la industria la causa del capitalismo, sino que el capitalismo es la causa de los males que han crecido con la industria” (1951).
La batalla en el terreno ideológico, tuvo su punto de partida en los tres puntos fundacionales del peronismo. “Independencia económica, soberanía política y justicia social, es la síntesis que justifica un vasto plan de gobierno. Esta trilogía de principios, encuentra su natural realización en nuestra fe por las instituciones democráticas republicanas que nos gobiernan, porque ellas son las únicas que pueden garantizar la libertad y la seguridad de los pueblos”. (1949).
Cuando mencionaba a la Patria, defendía un modelo político que fue capaz de parir un Nación justa, libre y soberana; en el marco de una revolución que detuvo el avance de la desigualdad y la dependencia. “Los partidos opositores, se declararán también enemigos de los imperialismos. No necesitamos esperar que ganen para saber que mienten, porque siempre han mentido. Entre ellos, unos responden a las directivas y dólares del imperialismo capitalista; otros siguen al imperialismo comunista. Y cuando el capitalismo y el comunismo se dieron la mano en 1946, todos radicales, socialistas, conservadores, demócrata progresistas y comunistas, se aliaron con Braden contra Perón” (1951).
En campaña electoral y por radio, la voz de Evita abandonó el calor de la tribuna, en los dos comicios legislativos que precedieron a las presidenciales de 1951. Lo hizo a través de un análisis exacto, del país de la “Década infame” y un detallado balance de ese nuevo tiempo que había comenzado en 1946. “La justicia ha llegado. Las promesas se cumplieron. Basta de ranchos insalubres, perdidos en la inmensidad de las pampas. Basta ya de conventillos, donde crecían la miseria y las enfermedades. Basta de salarios de hambre. El Gobierno del General Perón, se traduce en viviendas higiénicas y baratas; en aumento progresivo de jornales y sueldos; en obras educativas; en asistencia médica gratuita; indemnizaciones por despido; auxilio para la niñez desamparada; pensión para las viudas; crédito agrario para el campesino que trabaja la tierra; leyes que defienden el fuero sindical y ayuda a los países que sufren las consecuencias de una guerra tremenda.
Pero no solo en base a la justicia social, los descamisados se han unido al General Perón; también porque el régimen que desgobernó el país, la desconoció porque no podía sentirla y mucho menos amarla. Justicia social que hace igual a un hombre, frente a otro hombre. La justicia social lograda por trabajo, sacrificio, lealtal y fe. La justicia social de los que siendo capaces de soportar tantas humillaciones y tanta miseria, también saben llevar bien alto el banderín de sus derechos y de su historia. Esa justicia social que es instrumento seguro, en la conquista del porvenir de la patria.
En las urnas no se jugará solamente un hecho político, sino la misma revolución. Nada, ni nadie en esta tierra, pueden mantenerse al margen de un acontecimiento tan fundamental. Se juega el destino de todas las conquistas logradas hombro con hombro, por el pueblo y el Gobierno de la Nación. Es en definitiva, un episodio más de la lucha diaria que va afirmando el triunfo de los descamisados, sobre la derrota de la oligarquía”
(1948).
9 de noviembre de 1951, Evita habló a 48 horas de las elecciones y la separaban del quirófano, muy pocas horas: “Yo seguiré desde mi lecho de enferma la gran batalla. Estaré con cada uno de ustedes, los acompañaré espiritualmente, como los he acompañado siempre, en las buenas y en las malas. Los seguiré como una sombra, repitiéndoles en los oídos y en la conciencia el nombre de Perón, hasta que depositen en la urna su voto, como un mensaje de cariño, de fe y de lealtad, hacia el líder del pueblo. Y cuando lo hagan, quiero que sepan que yo estaré espiritualmente a su lado para darles las gracias en nombre de Perón, en nombre de los niños, en nombre de los ancianos que se reconciliaron con la vida y que ahora se sienten amparados bajo la bandera del justicialismo, en nombre de todos los trabajadores que por Perón tienen por primera vez un sitio de dignidad entre los hombres y en nombre de todas las mujeres que gracias a Perón y al voto femenino, sentimos a la patria un poco más nuestra.
Yo les agradeceré el voto, por todo un pueblo; por los argentinos de hoy y por las 100 generaciones que bendecirán el nombre de Perón y nos rendirán el homenaje que merecemos, por no haber cometido el mismo crimen que cometió la oligarquía renegando de San Martín”
.
Imaginaba sepultar definitivamente el pasado, con un siglo peronista y habló otra vez de dar la vida por un voto: “Son las generaciones venideras, las que han puesto sus ojos en nuestra decisión. Debemos ser dignos del presente y dignos del porvenir. Queremos que dentro de muchos siglos pueda decirse de nosotros, que el 11 de noviembre de 1951, el pueblo argentino venció contra todos sus enemigos, sellando definitivamente la lápida de un siglo de traición y de entrega para entrar seguro y feliz, por el ancho camino de la historia en el siglo justicialista. Este es el valor de cada voto peronista. Lo reclamo en nombre del presente y el porvenir. Lo reclamo en nombre de un amor por la causa del pueblo y si fuese necesario dar mi propia vida por un voto peronista, gustosa la daría. Por eso mi consigna es esta: que cada voto sea el grito de un corazón descamisado y peronista, diciendo la vida por Perón”.

FUNDACION EVA PERON: La salud fue una de las grandes preocupaciones de la Fundación Eva Perón y sus obras fueron claves, para poder terminar con el modelo de colonia que contaba con los recursos que generaban las exportaciones, pero que estaba muy lejos de tomar la decisión política de levantar hospitales. Construir, construir y construir, fue el camino de la nueva Argentina distributiva, con flamante infraestructura sanitaria. “Nuestro presidente dijo que los únicos que tenían privilegio en el país, eran los niños. Hemos empezado a construir en la Capital Federal, un policlínico de niños de mil camas, con los últimos adelantos técnicos; un instituto de lactantes, también de mil plazas y un policlínico con 500 camas, para atender enfermedades infecciosas. La Fundación le entregará al Gobierno, solo en la Capital, 2.500 camas hospitalarias para la niñez.
Tenemos muy adelantada la construcción del policlínico Presidente Perón en Avellaneda de 500 camas, con clínica, cirugía y maternidad y el policlínico Coronel Perón de San Martín, con 500 camas, clínica y cirugía. En Santiago del Estero, Salta, Jujuy, Paso de los Libres, Mendoza, San Juan, Córdoba y Rosario, estamos levantando policlínicos de 350 camas. No hemos descuidado el problema de la tuberculosis, a través de la eficacia de la medicina preventiva, pero fundamentalmente a través de los altos sueldos que ha dado el Gobierno revolucionario, que mejoraron las condiciones de vida y de esta manera, no se registraron nuevos casos. Y estamos construyendo en Ramos Mejía, un policlínico para tuberculosos de 500 camas.
La Fundación le entregará al Gobierno nacional, antes del año ’52, 5 mil camas hospitalarias. Un organismo creado por el pueblo, solo en 3 años hará una obra maravillosa. No creo que con discursos y conferencias, se solucionen los problemas, se solucionan con realidades. Por eso yo no traje ni discursos, ni conferencias”
(1949).
Cuentan que el abuelo de Néstor Kirchner, era políticamente un conservador de pura cepa. Cuando su madre enfermó, le pidió a Evita una solución. Ella no preguntó cuál era su ideología o a quién había votado. Evita mandó un avión para trasladarla a Buenos Aires y transformó a la familia en una casa peronista. Una historia contada a través de miles de nombres diferentes, pero todas con el mismo final.

17 DE OCTUBRE: En aquellos míticos reportajes del exilio español, Perón habló del supuesto protagonismo de Evita en el 17 de octubre. La pintó heroica e imprescindible, recorriendo las fábricas de Avellaneda para convocar a los obreros a la Plaza de Mayo. El objetivo de aquellas palabras, fue ocultar la importancia de Cipriano Reyes en esa jornada fundacional: “Evita fue el número uno de los predicadores, con un sentido profundo de la revolución. Salió a la calle y junto con Mercante, generaron el 17”. El posterior enfrentamiento Perón-Reyes, motivó que la historia oficial del justicialismo, borrara de su pasado al sindicalista de la carne. Después de las elecciones del ’46, el presidente ordenó disolver el Partido Laborista (herramienta electoral que armó Reyes, junto a dirigentes sindicales como Luis Gay, Monzalvo, Tejada, Manuel García, Vicente Garófalo y Leandro Reynes), para conformar el Movimiento Nacional Justicialista. El delegado gremial, que por entonces era diputado nacional, no aceptó la orden vertical, cavó su trinchera e intentó terminar con el hombre que había ayudado a construir. En 1948 fue acusado de trabajar en el derrocamiento y asesinato de Perón y Evita. A partir de ese momento, fue detenido, denunció torturas y atentados (en uno de ellos murió su chofer y él resultó herido en una pierna). Estuvo preso hasta 1955.
Los testimonios que aparecieron en los capítulos de “Funes, el memorioso”, que reconstruyeron el 17 de octubre de 1945, no dejaron espacio para sostener dudas añejas. “En ese momento, Evita no tenía ningún conocimiento gremial, ni contacto alguno con los trabajadores; mucho menos con nuestro comité de huelga” (Cipriano Reyes). “Evita no participó en el 17 de octubre. No se puede caer en la idealización del personaje, para falsear la historia” (Norberto Galasso, historiador). “Me consta que Eva Perón, no tuvo parte alguna en la gesta del 17 de octubre” (Padre Benítez, confesor de Evita).
“Evita en ese momento, no tenía ninguna influencia sobre el movimiento obrero. El 16 de octubre a la noche, se fue a San Nicolás, en un auto manejado por Juan Duarte, a la casa de Román Subiza; un radical amigo de Perón. Subiza le dio una mano, para que ella pudiera tener su documentación en orden pensando en un casamiento cercano. El 17 a la noche pasó por el Hospital Militar, no la dejaron pasar y Perón le dijo que vaya a su casa. Evita no participó en la sublevación de sindicatos, porque aún no contaba conninguna influencia para poder hacerlo. El verdadero 17 de octubre, comienza con la llegada de la gente que Cipriano Reyes, encabezó desde Berisso, Ensenada y La Plata” (Oscar Troncoso, historiador).
“Si alguna cosa tengo que reprocharle a las altas jerarquías militares y clericales es precisamente su frialdad y su indiferencia frente al drama de mi pueblo. Sí, no exagero: lo que sucede en nuestro pueblo es drama, auténtico y extraordinario drama por la posesión de la vida, de la felicidad, del simple y sencillo bienestar que mi pueblo venia soñando desde el principio de su historia. El 17 de octubre fue el encuentro del Pueblo con Perón. Aquella noche inolvidable se selló el destino de los dos, y así empezó el inmenso drama... Frente a un mundo de pueblos sometidos Perón levantó la bandera de nuestra liberación. Frente a un mundo de pueblos explotados Perón levantó la bandera de la justicia. Yo le sumé mi corazón y entrelacé las dos banderas de la justicia y de la libertad con un poco de amor... pero todo esto -la libertad, la justicia y el amor, Perón y su pueblo-, todo esto es demasiado para que pueda mirarse con indiferencia o con frialdad” (Evita “Mi mensaje”).
1951. Plaza de Mayo, su último 17 de octubre. “Yo les pido hoy compañeros, una sola cosa: juremos todos públicamente defender a Perón y luchar por él hasta la muerte. Y nuestro juramento será gritar durante un minuto, para que nuestro grito llegue hasta el último rincón del mundo, ‘la vida por Perón’. A los enemigos de la patria nunca les tuve miedo, porque yo siempre creí en el pueblo, siempre creí en mis queridos descamisados. Nunca me olvidé que sin ellos, el 17 de octubre sería fecha de dolor y de amargura, porque estaba destinada a servir a la ignominia y la traición; pero el valor de este pueblo lo convirtió en un día de gloria y de felicidad.
Yo les agradezco todo lo que ustedes han rogado por mi salud. Espero que Dios oiga a los humildes de mi patria para volver pronto a la lucha, para seguir peleando con Perón por ustedes y con ustedes por Perón hasta la muerte. Yo no quise ni quiero nada para mí. Mi gloria es y será siempre el escudo de Perón y la bandera de mi pueblo. Y aunque deje en el camino jirones de mi vida, yo se que ustedes recogerán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria.
Yo se que Dios está con nosotros, porque está con los humildes y desprecia la soberbia de la oligarquía y por eso la victoria será nuestra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste lo que cueste y caiga quien caiga.
Mis descamisados, yo quisiera decirle muchas cosas pero los médicos me han prohibido hablar. Yo les dejo mi corazón. Pronto estaré en la lucha y con más fuerza y con más amor, para luchar por este pueblo que tanto amo, como lo ama Perón. Y les pido una sola cosa. Estoy segura que pronto voy a volver a estar con ustedes, pero si no lo llegara a estar por mi salud, ayuden a Perón. Sigan fieles como hasta ahora”.

SI EVITA VIVIERA: A principios de la década del ’70 y participando desde el mito de uno de los momentos políticos más complejos de la Argentina contemporánea (exilio, regreso de Perón, grupos revolucionarios, burocracia sindical, patria socialista, primavera camporista, Triple A, etc.), Evita parecía estar mucho más viva que decenas de dirigentes de primera línea que rodeaban a Perón. Hombres que podían proyectar el futuro del movimiento o sentenciarlo definitivamente a muerte.
En el “Funes, el memorioso”, que reconstruyó el escenario de la muerte de Perón, Horacio González reflexionó: “Evita era más reinterpretable. Estaba muerta en términos míticos: embalsamada, enterrada con otro nombre en Milán, su cadáver había sido recuperado después de un vía crucis y depositado en el segundo piso de Puerta de Hierro en Madrid. Era un cuerpo inmóvil que arrojaba toda clase de destellos. Pero el ‘evitismo’ tenía limitaciones muy severas, porque su pensamiento no se podía medir a través de acciones reales en el presente dramático, que todavía habitaba Perón.
La mujer que en el pasado a la vera de su marido, decía lo que él no podía decir, con el énfasis que él no podía utilizar o que llamaba con mayor energía a la revuelta social; era una Evita que a principio de los años ’70 significaba fuertes proyecciones sociales de un gran deseo colectivo. La fuerza que tenía el mito de ese cuerpo transparente, podía trasladarse a la propia debilidad de los grupos que intentaban esa reinterpretación, que mostraba una Evita con mil rostros. Una leyenda constituida con una gran dimensión social, una fuerte apelación a la justicia que sigue estando presente como anhelo en el pueblo argentino. Ese mito nos sigue interpelando”
.
En los ’70, Evita se había transformado en la gran bandera de los sectores que exigían los cambios más profundos y su nombre era objeto del enfrentamiento ideológico de los que pugnaban por su bendición: “Si Evita viviera, sería…”. Y cada uno llenaba el final del grito de guerra, con los colores de su camiseta.

ULTIMO MENSAJE: El 1º de mayo de 1952, Evita habló por última vez en desde el balcón de la Casa Rosada; el día que dejó la importancia de la huella del peronismo en manos de la historia: “Quienes quieran oír, que oigan; quienes quieran seguir, que sigan”.

El pueblo trabajador y humilde de la patria, “contra la opresión de los traidores de adentro y de afuera, que en la oscuridad de la noche quieren dejar el veneno de sus víboras en el alma y en el cuerpo de Perón, que es el alma y el cuerpo de la patria”. Los enemigos “no lo conseguirán, como no ha conseguido jamás la envidia de los sapos acallar el canto de los ruiseñores ni las víboras detener el vuelo de los cóndores. No lo conseguirán, porque aquí estamos los hombres y las mujeres del pueblo, mi general, para custodiar vuestros sueños y para vigilar vuestra vida, porque es la vida de la patria, porque es la vida de las futuras generaciones, que no nos perdonarían jamás que no hubiéramos cuidado a un hombre de los quilates del general Perón, que acunó los sueños de todos los argentinos, en especial del pueblo trabajador. Yo le pido a Dios que no permita a esos insectos levantar la mano contra Perón, porque ¡guay de ese día! Ese día, mi general, yo saldré con el pueblo trabajador, yo saldré con las mujeres del pueblo, yo saldré con los descamisados de la patria para no dejar en pie ningún ladrillo que no sea peronista”.
Y por último, soñó que cada derecho, cada conquista, serían parte de las reglas de juego de un país, que ya no podría dar un solo paso hacia atrás: “No nos vamos a dejar explotar jamás por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras; entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias”.

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