Política 23 de Diciembre

LA CLASE MEDIA ARGENTINA

Por Juan Disante para Circo Criollo

Arturo Jauretche nos legó uno de los mejores análisis de las clases sociales argentinas, fijando principalmente el papel confusionista y a veces desintegrador de la clase media en algunos momentos de la historia. “Decir que un grupo de individuos son de medio pelo, implica señalar una posición equívoca de la sociedad; la situación forzada de quien trata de aparentar un status superior al que en realidad posee. Medio pelo es el sector que construye su status sobre una ficción que corresponde a una situación superior a la suya, que es la que quiere simular”. No se puede tomar a la clase media como un todo homogéneo, cuando por naturaleza, son heterogéneas en su comportamiento y en sus ideologías. Dice Jauretche: “La clase media está habituada a justificar y reverenciar la prosperidad de los cipayos, de las castas del lujo, sus negociados, y terminan sintiendo celos de la prosperidad de los otros. No le llevan la cuenta a los lujos ni a los trajes de un Anchorena, ni al “mister” de la sociedad extranjera, porque parten del supuesto que nació para tenerlos”. También creen que los ricos no van a robar porque les sobra todo y no necesitan más. El medio pelo tratará de ingresar a la Sociedad Rural, dirigir sindicatos, copar instituciones, cooperativas, partidos políticos, ONG, etc. La fábrica y el comercio no dan prestigio y no determinan rumbos. Se sienten disminuidos frente a un ganadero o a un millonario. Hoy se vuelve a confirmar que el medio pelo se esfuerza por buscar un status superior y exigir siempre más de lo que alcanzó, pero no es esto lo que provoca lo ridículo de la situación, sino que esa búsqueda no tiende a la afirmación de su clase social sino a adoptar situaciones falsas, aventureras y riesgosas para el conjunto del País, adoptando pautas críticas que corresponden a otro grupo social. Los primos pobres de la oligarquía buscaron conformar su ambición con determinados títulos universitarios que le abrirían nuevas puertas. El automóvil se convirtió más en un signo de status que en un medio de vida y transporte. También elegir lugares de residencia selectivos (el barrio le comienza a “ir chico”), había que buscar departamentos en Palermo, Belgrano, countries. El colegio de los chicos también es un elemento fundamental para simular una pertenencia superior. La idea de “caer en la escuela pública” fue un buen acicate pensado y difundido por el neo liberalismo gobernante. En la expresión “medio pelo” confluyen negatividades como: ausencia de la realidad, evasión del deber de clase, gente que no tiene la excelencia que pretende, oportunismo ideológico, ensoñación de llegar a pertenecer a otra clase, ignorancia del sistemático empeoramiento de la concentración capitalista, distancia acrítica frente al imperialismo mundial, gran ausencia en cumplir con un proyecto emancipador, etc. Se trata de un pensamiento ficcional autoconcebido como desenmascador. Para ellos, cumplir con esas pautas se convirtió en una religión. Había que observar el comportamiento de las clases pudientes para luego establecer las conductas seguidistas de estas. El arribo y ascenso social en 1946 de los “cabecitas negras”, que eran hombres del interior que por primera vez podían acceder a una vida mejor, fue visto por amplios sectores de la clase media como una amenaza y la ciudad de Buenos Aires se conviertió en un bastión contra la llegada del interior federal. No es casual que durante el G-20 se expulsara de las calles a los pobres. Jauretche piensa la historia nacional en función de la distancia que separa realidad de posibilidad: “La prosperidad de los de abajo molesta al escalón superior, a esa clase “quiero pero no puedo” de la pobreza vergonzante, a quien parece disminuir socialmente el ascenso de los que estaban un poco más abajo porque se alteran sus jerarquías rutinarias en la importancia social”.
Jauretche compartía con el marxismo la idea que los cambios producidos en la economía determinan en última instancia el resto de la vida social como la premisa de que existen intereses objetivos que trascienden la conciencia de sus actores. Escribe: “Los intereses sociales y económicos de la clase como tal, coinciden con los del proceso en marcha”. Con todos los gobiernos peronistas creció la clase media, pero sin embargo, buena parte de esta burguesía, cuando advierte que el peronismo proponía una distribución más justa para los más postergados, comienza a conspirar para detenerlo. La ironía de la generosa historia de crecimiento popular peronista, hace que desde su origen, apoyando la conciencia nacional, la clase media salte a su total negación del proyecto popular. Y a muchos de ellos el antiperonismo los mantiene unidos a la alta clase de la que todo ignoran y por la cual son ignorados. “El medio pelo se convierte en la piedra en el zapato de la modernización nacional”.
¿Puede transformarse la Argentina con un dominio signficativo del ideario de la clase media? En los últimos 60 años su influencia socio-cultural sobre el conjunto de la sociedad produjo una evidente transformación en las costumbres y fue copiado su estilo de vida a través de los medios. Su influencia en las conductas y usanzas son evidentes. Las encuestas en CABA y Gran Buenos Aires consagran la presencia de un 34 % de clase media, que según afirman, muchas veces ese sondeo puede definir un futuro electoral. Es sabido que ese estrato social es demasiado heterogéneo. “Hoy está aquí, mañana está allá”. Pero existe una gran contradicción: por un lado, su presencia económica real es débil por antonomasia y sufre las crisis monetarias como muchos desposeídos, mientras que por otro lado, en sus comportamientos habituales se aclimatizan en una ficción aspiracional sin sustento material real y sufren las tormentas políticas como cualquier hijo de vecino. Mientras tanto, sigue rigiendo una larga correa de dependencias, que la gran burguesía rodea al medio pelo.
Todo lo que escribió Jauretche sobre las actitudes del medio pelo puede verificarse en la actualidad con la crítica de sectores de las clases altas al gobierno anterior y al peronismo, y también de los asesores intelectuales como Duran Barba que conoce muy bien a las clases medias (y lee a Jauretche y a Scalabrini Ortiz), o de J. Gonzalez Fraga exclamando: “Te hicieron creer que podías vivir mejor” o preguntándose maliciosamente: “¿Qué tan pobres son los pobres?”.

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