“No dejen que Argentina se convierta en potencia. Arrastrará tras ella a toda América Latina” Winston Churchill, en 1945, en Yalta.

LA HERRAMIENTA
DE LOS GOLPES DE ESTADO

  • 19 de Octubre
  • Política
Por Oscar Martínez Zemborain
Golpe de Estado: detenido llevado por militares

La historia argentina y también la continental está signada por la alteración de la voluntad popular con instrumento militar: vulgo, golpes de estado, pero siempre con dirección civil. Y, hasta en ocasiones, con la complicidad de las cúpulas religiosas con sede central en el Vaticano.

En el viejo continente, que se muestra como agotado, este mismo líder británico y de los aliados que derrotaron al horror nazi, completó su pensamiento. En 1955, tras el derrocamiento del Gobierno, Churchill sentenció ante el pleno de la Cámara de los Comunes que “la caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la segunda guerra mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto”.

En rigor, aquel primer ministro con su concepción imperial, sabía claramente de lo que hablaba. Y por eso completó su pensamiento, diciendo que “...la Argentina había demostrado ante el mundo su asombrosa capacidad con alto grado de desarrollo industrial y avanzada tecnología, exhibida tan solo con la construcción de un avión a reacción - el “Pulqui”- convirtiéndose así en líder del Tercer Mundo”.¿En el contexto actual el desarrollo estratégico del proyecto satelital Arsat (I, II y III), podría entrar en el mismo rango de evolución de los años’50?

Estaba convencido de que Argentina, con diez años más de gobierno en esa dirección política se convertiría en el líder industrial de Iberoamérica. Por eso era necesario su derrocamiento.

En el transcurso del Siglo XX hubo muchos intentos golpistas y golpes “triunfantes”. La mayoría estuvieron caracterizados por el enfrentamiento hasta violento entre sectores identificados con el “nacionalismo” y aquellos que se reclamaban “liberales o democráticos”. Como ejemplo, vale recordar los choques entre “azules (nacionalistas) y “colorados” (liberales), En los años ’60, vencedor fue el jefe “azul”,Alcídes López Aufranc, apodado el “Zorro de Magdalena”, principal respaldo del golpista Juan Carlos Onganía, un general del arma de Caballería, que ni siquiera había alcanzado el diploma de la Escuela Superior de Guerra, curso obligado para los oficiales de la más alta jerarquía.

Onganía, que destituyó al Presidente radical Arturo Illia, por encomienda de los laboratorios medicinales extranjeros y las multinacionales petroleras, pocos años después fue eyectado del poder y reemplazado por el último caudillo liberal del Ejército, Alejandro Agustín Lanusse, el “Cano” para sus amigos.

Tal vez el “ego” explique que en todos los casos los golpes contra la gente del común hayan sido encabezados por uniformados alineados en el primero de los sectores, que al tiempo eran reemplazados por camaradas capaces de defender posturas liberales, que siempre terminaban y terminaron ocasionando grave perjuicio para las mayorías, por la entrega del patrimonio. La “batuta” política de los golpistas con uniforme siempre la portaron los hombres de Ejército (Ejército de Tierra, dirían en España),y de esa fuerza armada, el sector agrupado en el arma de Caballería. Esefue un refugio de élites u oligarquías vernáculas, donde figuraban apellidos de familias denominadas “patricias”, aunque ese sectorimplosionóhace años y apellidos como Lanusse, Sánchez de Bustamante y Martínez Zuviría entre otros, desaparecieron delaescena castrense y de la incidencia política.

La grieta

Si se aceptara la figura o metáfora del “camión con acoplado” que grafica que cada golpe traía consigo para cargar los bienes comunes y desaparecer, sería más fácil entender aquella realidad. Es decir, se tomaba por asalto una Nación tan rica como ésta, capaz de alimentar a cuatrocientos millones de seres en el planeta y para eso, siempre lo “salteadores” se basaban en represión y la impunidad que prestaban los medios concentrados de comunicación con su blindaje. Hoy, el modelo se replica corregido y aumentado peligrosamente.

La destitución del Presidente Hipólito Yrigoyen, en setiembre de 1930, fue encabezada por un general portador de “ilustre” apellido, José Félix Uriburu, salteño de origen y de formación militar prusiana. Atrás quedaban años de avances en los dos períodos gobernados por el mandatario radical. La neutralidad del país en la primera guerra mundial; la reforma universitaria; la creación del Patronato de la Infancia. También por entonces se redactó el nuevo código penal y se modificó el código civil con la promulgación de la ley de alquileres. Se fundaron los emblemáticos Yacimientos Petrolíferos Fiscales y creció notablemente la construcción de escuelas primarias, lo que generó una baja importante del analfabetismo, entre otras cosas.

Parecidas circunstancias se vivieron con la destitución del Presidente Juan Domingo Perón, antes de completado su segundo mandato constitucional. Pero, en este caso, hubo un sangriento ensayo golpista que se produjo tres meses antes del derrocamiento, en junio de 1955 con el bombardeo a la Plaza de Mayo, con un saldo de más de medio millar de inocentes .muertos civiles. Esta “hazaña” fue protagonizada, fundamentalmente, por oficiales de la Armada (Marina), que ya entonces tenía en su seno jóvenes oficiales que serían muy gravitantes diez años después: Emilio Eduardo Massera y Francisco Mayorga, y el también joven oficial del Ejército, Guillermo Suárez Mason, alias “pajarito”. Cabe recordar la responsabilidad de dirigentes de la derecha del radicalismo, como Miguel Angel Zavala Ortíz.

Es muy importante recordar que al entonces coronel Juan Perón fue reclamado por una multitudinaria concentración popular sin precedentes, un 17 de octubre de 1945. ante la dictadura del General Edelmiro Farrell, Una década después se echaba por tierra la redistribución de la riqueza,aunque derechos como el voto femenino, o el aguinaldo y lajornada laboral de ocho horas, no pudieron se abolidos. Pero había que estigmatizar aquella época con presuntos actos de corrupción y el odio inculcado con frases como “viva el cáncer”, en alusión a la muerte de la esposa de Perón, Evita, fallecida a los 33 años por esa enfermedad.

Perón y Arturo Illia, dos presidentes constitucionales, tuvieron el acierto de confiar la salud pública a dos sanitaristas de nota, como fueron los médicos Ramón Carrillo y el salteño Arturo Oñativia, que pronto se convirtieron en el blanco de los intereses creados de los poderosos laboratorios medicinales. Ambos sufrieron destitución cívico-militar.

En medio, Arturo Frondizi, también presidente de origen constitucional y militante radical fue derrocado por un golpe de Estado cuando arrancaba la década de los ’60. Muchas razones de su gestión lo convirtieron en un mandatario débil, como los contratos petroleros anulados por Illia o el plan represivo denominado Conintes, aunque no sea el caso de analizar en estas líneas.

Pero el colofón de este período dramático de los 200 años de historia independiente lo dio el golpe cívico-militar de 1976. A modo de apunte al margen de esos, sesenta años la sociedad argentina permaneció (¿permanece?) en parte bajo la influencia notable de una conductora de TV de la talla de Mirtha Legrand, siempre con buena relación con los gobiernos de corte conservador /liberal. Todo un símbolo.

Dicen los cronistas de la época que coincidiendo con la chirinada protagonizada por un ignoto brigadier (Jesús Capellini), en diciembre de 1975, el titular del Ejército, Jorge Rafael Videla, admitió en la reunión de Ejércitos Americanos, en Montevideo, que la guerrilla argentina estaba diezmada. No obstante, tres meses después el propio general y sus pares de la Marina (Emilio Massera) y la Fuerza Aérea protagonizaban el derrocamiento de la viuda de Perón, María Estela Martínez Cartas. La peor dictadura de la historia, si se tiene en cuenta que cometió un genocidio de alrededor de 30.000 detenidos-desaparecidos, figura casi desconocida hasta entonces. Período que debió ser soportado con cárcel, y sofisticación en la tortura enseñada por los ex instructores franceses que actuaron en Argelia cuando era colonia gala. Robo de bebes y una política de hambre y desocupación; enajenación de la economía y con un crecimiento descomunal de la deuda externa: de cinco mil a 45.000 millones de dólares, parte de los cuales se siguen pagando aún hoy, cuarenta años después.

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