Política 24 de Marzo

A 43 años del último golpe de Estado

MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA

Por Gustavo Campana

Algunas piezas del rompecabezas histórico que reconstruyó TRIBUNAS SIN PUEBLO (Gustavo Campana), girando alrededor del Mundial ’78, para documentar y analizar su contexto histórico.

DESPUES DEL 24 DE MARZO: La 6º edición de “La Razón” tituló el 23: “Es inminente el final. Todo está dicho”. El diario reflejaba la realidad política, con una radiografía perfecta, pero la hacía con una alta dosis de deseo personal, que festejaba por anticipado. La posición editorial se clarificaba aún más, con la referencia también en portada, del discurso de Videla en la víspera de la nochebuena ’75 desde Tucumán: “El Ejército argentino con el justo derecho que le concede la cuota de sangre derramada por sus hijos, héroes y mártires, reclama con angustia pero también con firmeza, una inmediata toma de conciencia para definir posiciones. La inmoralidad y la corrupción deben ser adecuadamente sancionadas. La especulación política, económica e ideológica deben dejar de ser medios utilizados por grupos de aventureros para lograr sus fines”.

El diario remataba con una reflexión al servicio del golpe: “El país se pregunta a 3 meses de aquellas severas palabras, ¿qué debería decir el teniente general Videla si hablara hoy?”
Ese mismo día, en la sede del Episcopado, monseñor Tortolo se reunió con el general Videla y el almirante Massera. Cuando el religioso salió de la entrevista, habló con la prensa: “Si bien la Iglesia tiene una misión específica, hay circunstancias en las cuales no puede dejar de participar, aún cuando se trate de problemas que hacen al orden específico del Estado. Debemos cooperar positivamente con el nuevo gobierno”.

La conducción de la Iglesia, pasaba a legitimar con argumentos seudo-teológicos, con justificaciones cristianas, el plan sistemático de exterminio. Hablaban de la represión, con cierto espíritu bíblico: “Cuando hay derramamiento de sangre, hay redención”; “Dios está redimiendo, mediante el Ejército, a la Nación argentina”; “el país se encuentra en una guerra santa en defensa de Dios y en contra de los enemigos de la patria”...

En la tapa del 24 de marzo (edición 10.795), a Clarín le alcanzaron solo dos palabras para sintetizar lo que pasaba en el país que sus páginas comenzaban a ficcionar: “Nuevo gobierno”. Congelada la Constitución, el periodismo que sería el gran escudero del primer desembarco neoliberal, guardaba por casi 8 años todos los adjetivos del diccionario para no calificar lo sucedido. Nacía el silencio cómplice de los que a través de Papel Prensa, darían el primer zarpazo en su camino a ser parte del poder real.

La foto principal mostraba a un puñado de “adictos a la ex presidente”, en la puerta de la Casa de Gobierno. La segunda toma era la del helicóptero de la Fuerza Aérea, transportando a Isabel Perón.

La publicación de la viuda de Noble agregaba que, “La prolongada crisis política que aflige al país comenzó a tener su desenlace esta madrugada con el alejamiento de María E. Martínez de Perón como presidente de la Nación. En las próximas horas asumirá el gobierno una junta militar integrada por los comandantes generales y presidida por el teniente general Jorge Videla. La ex mandataria fue trasladada en helicóptero desde la Casa Rosada hasta el Aeroparque y allí embarcada en un avión que partió hacia el sur. Será alojada en El Messidor”.

A pie de página el diario decía, “Calabró entregó la gobernación”. En pocas líneas se explicaba que el gobernador bonaerense, Victorio Calabró, “hizo entrega de esa administración pública al comandante de la 10 Brigada de Infantería, general Adolfo Sigwald. La ceremonia se realizó esta madrugada en la Casa de Gobierno de La Plata. Por otra parte, se informó que la red provincial de radiocomunicaciones se instruyó a los intendentes de las municipalidades a que entregaran las comunas a las autoridades militares locales”.

En páginas 2 y 3, Clarín tituló: “Las FF.AA. asumen hoy el gobierno: Las Fuerzas Armadas se harán cargo hoy del gobierno de la Nación ante el evidente vacío de poder existente. La determinación fue conocida en la madrugada de hoy tras la detención y el traslado al sur del país de la presidente María Estela Martínez de Perón. Los comandantes se reunieron con el ministro de Defensa. Sobre medianoche, la señora de Perón abandonó la Casa de Gobierno en helicóptero. Desde allí, un avión de la Fuerza Aérea la llevó presumiblemente con destino a la provincia de Neuquén”.

Diario “La Opinión”, del 25 de marzo de 1976: "En la ceremonia cumplida ayer en el edificio Libertador, los miembros de la Junta Militar suscribieron previa lectura por el presidente del Colegio de Escribanos de Buenos Aires, el Acta para el Proceso de Reorganización Nacional y jura de la Junta Militar”. El texto que reemplazaba a los derechos constitucionales, “declaraba caducos los mandatos del presidente de la Nación Argentina y de los gobernadores y vicegobernadores de las provincias. Disolver el Congreso Nacional, las Legislaturas provinciales, la Sala de Representantes de la ciudad de Buenos Aires, y los Consejos municipales de las provincias u organismos similares.
Remover a los miembros de la Suprema Corte de justicia de la Nación, al Procurador General de la Nación y a los integrantes de los Tribunales Superiores provinciales. Suspender la actividad política y de los partidos políticos a nivel nacional, provincia y municipal. Suspender las actividades gremiales de trabajadores, empresarios y de profesionales. Designar, una vez efectivizadas las medidas antes señaladas, al ciudadano que ejercerá el cargo de Presidente de la Nación".

“La Nueva provincia”, un día después del golpe: “La etapa de la involución ha concluido. Podría decirse que el presente ha quedado en las sombras y ahora comienza el futuro. Si nos atenemos a un razonamiento elemental, coherente y válido, debemos aceptar que nos hallamos en los primeros peldaños de una nueva evolución que solo conseguirá elevarnos en la medida en que seamos fuertes decididos e inquebrantables”.

El 26 de marzo el FMI aprobó un crédito de 127,6 millones de dólares, que había solicitado el gobierno de Isabel y que habían guardado en un cajón del escritorio. Cuatro días después, la Junta dejó en manos de Videla la presidencia de la Nación.

Primer gabinete de la dictadura, 6 militares y 2 civiles: ministerio del Interior, general de brigada Albano Eduardo Harguindeguy; Economía, doctor José Alfredo Martínez de Hoz; Defensa Nacional, brigadier mayor Luis María Klix; Relaciones Exteriores y Culto, contraalmirante César Augusto Guzzetti; Justicia, brigadier auditor Julio Gómez; Cultura y Educación, profesor Ricardo Pedro Bruera; Bienestar Social, contraalmirante Julio Juan Bardi; Trabajo, general de brigada Horacio Tomás Liendo.

29 de marzo, asunción y discurso de Videla. “Para nosotros el respeto de los derechos humanos no nace sólo del mandato de la ley y de las declaraciones internacionales sino que es la resultante de nuestra cristiana y profunda convicción acerca de la preeminente dignidad del hombre como valor fundamental y es seguramente para asegurar la debida protección de los derechos naturales del hombre que asumimos el ejercicio pleno de la autoridad; no para conculcar la libertad sino para afirmarla; no para torcer la justicia, sino para imponerla".

VIDELA vs. MASSERA: Fueron los grandes enemigos íntimos, de la última dictadura. La pulcritud ficticia de la Junta Militar a la hora de mostrarse en público, era una pose que distaba muchísimo de la crueldad extrema con la que se trataban en privado. La magnitud de la guerra desatada entre las dos Fuerzas con sueños reales de poder, no llegaba al hombre común.

El paraguas protector bajo el que actuaban Ejército y Marina, fue bautizado Proceso de “Reorganización Nacional”. Sin dudas el título nobiliario más pomposo, de las tres etapas dictatoriales que marcaron a fuego a la Argentina de la segunda mitad del siglo XX. Primero “Revolución Libertadora” y luego “Revolución argentina”. Dos rótulos que malversaron el significado del verdadero estado de cambio estructural y que realidad, vistieron de seda a terribles tiempos involutivos; que incluyeron bombardeo de la Plaza de Mayo, fusilamientos (1956 y 1972), presos políticos y “Noche de los bastones largos”.

Desde el 24 de marzo de 1976 y hasta el 10 de diciembre de 1983, “Reorganización Nacional” tuvo la pretensión de convertir a los genocidas en una mezcla de constituyentes del 1853 y liberales de la generación del ’80; que se encargaron correlativamente según la historia mitrista, de la “Organización nacional”.

JOSE ALFREDO MARTINEZ DE HOZ: El 2 de abril de 1976, el neoliberalismo presentó su plan económico para concretar la transferencia de recursos, matando el plan de sustitución de importaciones e implantando la patria financiera. Martínez de Hoz, que comandaba a los Chicago Boys, made in Argentina sentenció esa mañana: “Se abre señores un nuevo capítulo en la historia económica argentina. Hemos dado vuelta una hoja del intervencionismo estatizante y agobiante de la actividad económica, para dar paso a la liberación de las fuerzas productivas”.

Descendiente del comerciante y esclavista madrileño, José Martínez de Hoz, que se ganó un lugar de privilegio, en el incipiente capitalismo de la pequeña aldea, durante la recta final del período colonial. Manejó la aduana del general Beresford, durante la primera Invasión Inglesa (1806) y fue el defensor de Cisneros en el Cabildo Abierto del 22 de mayo (1810).

Joe abandonó su destino de estanciero, para transformarse en hombre de empresa. Desde mediados de la década del ’60 fue presidente de la productora de fertilizantes Petrosur, miembro de los directorios de ITALO, Pan American y ACINDAR, presidente del Centro Azucarero de Jujuy y Salta, asesor de Westinghouse Electric.

Integrante del Consejo Económico Argentino, la antítesis de la Confederación General Económica.

Cumpliendo con la necesidad de “tierra arrasada” (Naomi Klein), para que después del peor diagnóstico hasta el remedio más cruel, no tenga sabor a muerte; dibujó una pesada herencia. El país pre-Martínez de Hoz tenía una deuda externa de casi 7 mil millones de dólares, 4% de desocupación, aparato productivo trabando a pleno y el 44% del PBI para los trabajadores. La pesada herencia fue una bomba depositada por el neoliberalismo en agosto del ’75 (Rodrigazo), para después presentarse como parte de la solución. Y en realidad, era parte del problema: “Me corresponde asumir la responsabilidad del ministerio de Economía de la Nación, en el curso de una de las peores crisis económicas que ha padecido nuestro país. Quizás la peor. Para revertir la situación actual, en el menor plazo posible, todos los argentinos sin distinción, deberán poner su esfuerzo y realizar su contribución.

Quisiera referirme brevemente a los objetivos básicos del programa económico, de nuestro programa económico. Indudablemente el bienestar humano, engarzado en el contexto general del bien común, es el primero de ellos. Siempre se repite que la economía está al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía”.

En su tapa del 3 de abril, “Clarín” iniciaba el blindaje técnico del plan económico: “La implantación de una economía de producción, en reemplazo de una de especulación es el objetivo básico al que apunta el programa de recuperación, saneamiento y expansión de la economía argentina”. El programa apuntaba exactamente a lo contrario: muerte de la industria nacional, a cambio de la instalación de la patria financiera.

Y anunciaba cinco medidas claves: “Disponen la liberación de precios”, “El gobierno establecerá los salarios”, 30% de aumento para combustibles y gas, Modificación del régimen impositivo y “Para facilitar radicaciones, anulan la Ley de Inversiones Externas”.

VOTO CALIFICADO: Entre los más de 1.500 documentos secretos de la Junta Militar, hallados en noviembre de 2013 en el subsuelo del Edificio Cóndor de la Fuerza Aérea, se destacó "Fundamentos y alcances para un esquema de proyecto nacional" elaborado por la Asociación de Bancos Argentinos. El texto fue entregado al Ministerio de Planificación de la dictadura de Jorge Rafael Videla, el 3 de abril de 1978.

El documento que llevaba la firma del titular de Adeba, Narciso Ocampo (por entonces dueño del Banco Ganadero Argentino), es una verdadera plataforma cultural de la "Nueva República".

Durante el Mundial una de las campañas publicitarias más importantes, fue la del Banco Ganadero Argentino; una seriada que apareció durante casi un mes en 6 idiomas, en los medios gráficos nacionales más importantes (castellano, inglés, italiano, holandés, francés y alemán). El eje de los avisos, eran las bondades que ofrecía esta renovada tierra de paz...

267 páginas en ocho capítulos, escritas a doble espacio en viejas máquinas de escribir, entre los que se distinguen: "La sustitución del modelo político de la generación del 80; Causas de ilegitimidad de gobiernos; La lucha hegemónica de ideas en la Argentina del siglo XX; La anarquía política y la corrupción del Estado y Los factores básicos y las propuestas políticas para la elaboración de un proyecto nacional".

Los banqueros se lamentaban por los "regímenes de gobierno que han mostrado inviabilidad histórica". Entre ellos el "liberal sin voto popular" (hasta 1916), el "democrático faccioso o anárquico", el "democrático falseado" (el peronismo), "el totalitario" y el "militar sin proyecto político".

El gran problema para los empresarios, era la Ley Sáenz Peña: "Uno de los daños más terribles que produjo la idolatría del sufragio universal como valor absoluto por encima de otro, fue obligar a las Fuerzas Armadas a mezclarse en las luchas cívicas, como factor de orden y salvaguardia frente a los excesos y demasías de la demagogia desenfrenada". Pedían voto calificado...

En ese sentido, los banqueros rechazaban a los militares "mesiánicos" como también a los "profesionalistas". La idea era que los dictadores completaran su faena represiva, para la instalación de un proyecto económico, político y cultural a largo plazo, capaz de "estabilizar" para siempre a la Argentina.

Con relación a la educación, marcaban que "el intento de trasladar al mundo universitario el modelo de la democracia sufragista, engendró la politización de la Universidad y su pretensión de extraterritorialidad ubicada por encima de las leyes".

DESAPARECIDOS: El 10 de abril de 1978 luego de un almuerzo del que participaron el cardenal Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba; Vicente Zazpe, arzobispo de Santa Fe y el de Buenos Aires, cardenal Juan Aramburu, Videla confirmó el destino de decenas de miles de secuestrados. La explicación del dictador, apareció en una minuta que los tres religiosos redactaron para el Vaticano. En ella aseguraron que el general dijo que “no era sencillo admitir que los desaparecidos estaban muertos”, porque eso daría lugar a preguntas sobre dónde estaban y quién los había matado.

En el encuentro de los representantes de la curia con el dictador, Primatesta hizo referencia a las “últimas desapariciones” producidas durante la “Pascua de 1978, en un procedimiento muy similar al utilizado cuando secuestraron a las dos religiosas francesas”. El militar respondió que “sería lo más obvio decir que éstos ya están muertos, pero esto generaría una serie de preguntas sobre dónde están sepultados: ¿en una fosa común? En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa? Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias”, que lloverían sobre secuestradores y asesinos.

Primatesta insistió en la necesidad de encontrar alguna solución, porque entendía que el método de la desaparición de personas produciría a la larga “malos efectos”, dada “la amargura que deja en muchas familias”.

Emilio Mignone, fundador del CELS y una de las más altas personalidades laicas del catolicismo argentino, buscaba a su hija Mónica Candelaria. En carta a Primatesta, le dijo que el sistema del secuestro, el robo, la tortura y el asesinato, estaba “agravado con la negativa a entregar los cadáveres a los deudos, su eliminación por medio de la cremación o arrojándolos al mar o a los ríos o su sepultura anónima en fosas comunes” se realizaba en nombre de “la salvación de la civilización cristiana, la salvaguardia de la Iglesia Católica”.

Mignone, abogado que ocupó cargos ligados a la Educación en el primer peronismo y durante el gobierno de Frondizi; que luego trabajó para la OEA y fue el último rector de la Universidad de Luján, antes del golpe del ‘76. Pero fundamentalmente, fue un laico que militó desde el cristianismo por la justicia social y que a partir de la desaparición de su hija, se convirtió desde el Centro de Estudios Legales y Sociales, en un símbolo de la pelea de los organismos defensores de los derechos humanos en la Argentina.

Mignone se entrevistó tres veces con Pío Laghi en 1976, luego de la detención y desaparición de su hija. En el último encuentro, el religioso dijo que estábamos gobernados “por criminales”. En el peregrinar de Mignone por saber qué había pasado con Mónica, se reunió con Massera en 1978 y le transmitió aquella frase condenatoria del sacerdote, hacia la dictadura: “Me extraña que Laghi diga eso, porque juega al tenis conmigo cada quince días”, expresó el almirante.

El 27 de junio de 1976, Pío Laghi visitó Tucumán, invitado por el general Antonio Domingo Bussi. “Antes de emprender el regreso a Buenos Aires -publicó La Nación-, monseñor habló con jefes y oficiales de la guarnición de Tucumán y les impartió la bendición papal”. Laghi manifestó que “la misión de las tropas, eran de autodefensa y en ciertas situaciones la autodefensa exige tomar determinadas actitudes, con lo que en este caso habrá de respetarse el derecho hasta dónde se pueda”.

Al día siguiente del almuerzo, Zazpe le informó a Mignone que la Comisión Ejecutiva le había transmitido a Videla “todo lo que dice su carta”. Dijo que habían sido “tremendamente sinceros y no recurrimos a un lenguaje aproximativo”.

Primatesta informó a la Asamblea Plenaria, que los obispos le plantearon al "presidente", por los presos que en apariencia recuperaban su libertad, pero en realidad eran asesinados y el interés por sacerdotes desaparecidos, como Pablo Gazzarri, Carlos Bustos y Mauricio Silva. Cuando Primatesta le advirtió al dictador sobre las negativas consecuencias políticas que a futuro generaría el plan de desaparición forzada, Videla coincidió. Zazpe entonces preguntó: “¿Qué le contestamos a la gente, porque en el fondo hay una verdad?”.

Aramburu dijo que había que armar una respuesta, para que los familiares “no sigan arguyendo” y cuando Videla repitió que “no encontraba solución, una respuesta satisfactoria”, le sugirió que por lo menos plantearan que “no estaban en condiciones de informar, que dijeran que estaban desaparecidos”.

Primatesta explicó que “la Iglesia quiere comprender, cooperar” y que “es consciente del estado caótico del país”; pero que medía cada palabra, porque conocía muy bien “el daño que se le puede hacer al gobierno con referencia al bien común, si no se guarda la debida altura”.

Hubo que esperar hasta el 23 de octubre de 1979, para que Juan Pablo II desde el balcón de la iglesia de San Pedro, en una de sus audiencias semanales aludiera al terrorismo de Estado en la Argentina. Se dirigió al Episcopado, solicitándoles que se “hiciera eco del angustioso problema de personas desaparecidas en esa querida nación, pues dañan el corazón de muchas familias y parientes”. El gobierno de las fuerzas armadas se irritó por la alusión. El cardenal Primatesta al regresar de Roma el 13 de noviembre siguiente, trató de disminuir la importancia de la referencia, diciendo que las manifestaciones del pontífice “habían sido parcializadas”.

El 30 de agosto de 1980, en otra alocución en la plaza San Pedro, Juan Pablo II volvió sobre los desaparecidos y la falta de respeto a los derechos humanos en América Latina -nombró a varios países y entre ellos a la Argentina-, bajo el encuadre del “martirologio de los cristianos de nuestro tiempo”. Martirologio -concluyó-, “que no se puede olvidar”.

Juan Pablo II se limitó a escuchar cuando en una audiencia pública, en la plaza de San Pedro, se acercaron dos Madres de Plaza de Mayo, Nora de Cortiñas y Angélica P. Sosa de Mignone. Un grupo de integrantes de las Madres de Plaza de Mayo consiguió entrevistarlo, por intercesión del cardenal Vicente Scherer en Porto Alegre (Brasil), el 5 de julio de 1980. El papa las escuchó, les tomó las manos y les dijo que tuvieran fe, paciencia y esperanza. Que él había pedido y seguiría haciéndolo.

EDITORIAL ATLANTIDA: La vieja estructura de la familia Vigil, había puesto en manos del Ejército y su ministro de Economía, todas sus publicaciones (alguna de ellas históricas, “El Gráfico” fue fundado el 30 de mayo de 1919) y con cada una llegaba a un segmento distinto del público argentino. El mensaje del Proceso de Reorganización Nacional, le apuntaba a la clase media desde “Gente”, a la patria agroexportadora a través de Chacra, a los amantes del deporte con “El Gráfico”, a la mujer vía “Para ti” y a los pibes con “Billiken”. Y ante la falta de un semanario político en su producción, crearon “Somos”.

Todas cumplieron un rol fundamental. Desde esas revistas se repartieron las postales “Argentina toda la verdad”, que se publicaban junto con las direcciones de los principales políticos y representantes de la cultura, que defendían la causa “antiargentina” en el planeta. El plan apuntaba a que ciudadanos comunes cuenten la “verdad”, a quiénes habían sido “engañados” por el relato de sobrevivientes del terrorismo de Estado y exiliados.

En “Para Ti” y con el título “Habla la madre de un subversivo muerto”, se publicó una nota en la que Thelma Jara de Cabezas, por entonces detenida-desaparecida en la ESMA, fue llevada por una patota encabezada por el represor Ricardo Cavallo a la confitería “Selquet” (Figueroa Alcorta y Pampa, muy cerca de la cancha de River), para fraguar un reportaje. En ese supuesto diálogo, Cabezas acusaba a los organismos de derechos humanos, de “mentir sobre la existencia de desaparecidos”.

Por esta historia, el director de la revista Agustín Botenilli, fue procesado por el juez Sergio Torres, quien lleva adelante la megacausa ESMA, por el delito de “coacción”. La Cámara Federal Porteña revocó el procesamiento en 2014.

Gente, dirigida por Chiche Gelblung, publicó en tapa la muerte de Norma Arrostito; cuando aún se encontraba con vida en la Escuela de Mecánica. La operación que fue tapa, buscaba quebrar las filas de Montoneros, después de haber perdido supuestamente a una pieza clave de su conducción.

EL ALMIRANTE QUE QUERIA NAVEGAR EN TIERRA: Las ambiciones de Masssera, eran dos o tres talles más grandes que su uniforme y en su diccionario nunca existió la palabra escrúpulo, al momento de recorrer el camino necesario para alcanzar una meta.

El verdadero sueño del almirante, era que en el futuro se lo señale como el nuevo Perón. La gran contradicción del personaje emergió instantánea en toda su dimensión, cuando soñaba emular al hombre que fue el enemigo público número uno de la Armada, durante más de tres décadas. Sin dudas, conducir a la más gorila de las tres armas, pretendiendo heredar al tres veces presidente, era un conflicto a revolver...

“Masserita: usted se equivocó de tren, en vez de ir a Campo de Mayo se metió en el de Río Santiago”, firmado Juan Domingo Perón. El viejo líder advirtió la dimensión desmedida del sueño político de Massera y le comunicó que en la Argentina de entonces, solo se llegaba al escalón más alto de ese liderazgo, con ropa del Ejército.

El Marino se imaginaba encabezando el diálogo de paz con Montoneros, para luego sumarlos en la salida democrática, como tropa propia.

Ante el regreso del peronismo al gobierno y con la juventud gritando en las calles “patria socialista”, aquel oficial de inteligencia se mostró a principios de la década del ’70, como un uniformado nacional, popular y democrático. Solo con el regreso de Perón en la agenda política, fue factible que un joven contraalmirante eludiera el obstáculo de dos promociones, para poder terminar con una larga lista de superiores anti-peronistas y se transforme en el postulante más potable para conducir la Armada. Lo consiguió, con Perón vivo. Cuando el ex presidente murió, las flores y los bombones que le mandaba a la viuda convertida en presidente, eran parte de un juego de seducción política. Y el Negro en el rol de galán, siempre estuvo muy cómodo.

Pero cuando el golpe era inevitable, entendió que tenía que subirse al tren o lo bajaban para siempre y se acabaron los regalos con destino Balcarce 50.

A fines de la década del ’70, el espía chileno Enrique Arancibia Clavel estaba radicado en Buenos Aires y su misión era seguir al titular de la Marina. En uno de sus despachos a la DINA de Pinochet, se refirió al Massera nocturno: "Sobre más antecedentes de Graciela Alfano, la actual amante de Massera, puedo informar que ésta es actriz y modelo. Está con Massera desde hace 6 meses. Ultimamente se ha sabido de costosos regalos que le fueron hechos (departamento, pieles, joyas, etc.)". Bajo el seudónimo de “Luis Felipe Alemparte Díaz”, también aseguró que "el padre de la Alfano se está postulando para ser el futuro presidente del Club River Plate". Dijo que estas elecciones son “verdaderas carreras de gastos y demagogia” y dio por descontado, que tendrá "el apoyo importante de Massera".

El espía chileno confundió River con Racing y el candidato era el padrastro de Alfano, Alfredo Capelli, que finalmente fue presidente de la Academia. Como representante del club de Avellaneda, Capelli participó el 6 de abril de 1979, de la asamblea de dirigentes que controló la dictadura, para nombrar presidente de la Asociación de Fútbol Argentino a Julio Grondona.

El lobo guardó para siempre el disfraz de cordero, cuando Masserita potenció la crueldad del Almirante Rojas a niveles inimaginables. Después del golpe, el marino entendió que a partir de ese momento, acumulación de poder era sinónimo de terrorismo de Estado. ¿Qué fuerza tiene más centros clandestinos de detención? ¿Quién torturó en sus mazmorras, a la mayoría de los militantes? ¿Quiénes salieron de cacería y trajeron a los cuadros más importantes?

“Las Fuerzas Armadas inician el Proceso de Reorganización Nacional y ya con la responsabilidad el poder político en sus manos, la ofensiva se torna más integral, más eficaz. Y la Fuerza Aérea y la Armada, que ya conocían en carne propia las heridas de esta guerra impúdica, acentúan su participación militar y contribuyen con su heroísmo a la derrota del enemigo” (Massera, 1976)

Perón tenía razón, Masserita se había equivocado de estación. No obstante, su negociación para restarle poder al Ejército, logró resultados inéditos para la Marina y de esos beneficios también sacó provecho la Fuerza Aérea. Los golpes militares hasta ese momento, no dividían la estructura de Gobierno en partes iguales. La presión de la Armada, logró que esa torta se cortara en tres porciones casi idénticas: ministros, embajadores, directores de radios y canales de televisión.

Era opositor al liberalismo que chorreaba el Ministerio de Economía y salía de gira para decirle al oído de los líderes mundiales, que estaba dispuesto a reparar las muertes que había generado Videla.

Después de pasar a retiro en 1978, comenzó a moldear el Partido de la Democracia Social. Desde ese púlpito, predicaba como oposición, pero sin sacar los pies del plato del Proceso. Empezaba a ser refractario para los propios y por supuesto, no lograba enamorar a sus víctimas.

El plan Massera ’78, tenía un objetivo central: consolidar su imagen externa, para intentar transformarse en la continuidad democrática de la dictadura. Una tarea imposible, para el “propietario” de uno de los tres centros clandestinos de detención, tortura y muerte más importantes del Proceso (ESMA, Campo de Mayo y La Perla). Europa y Washington, sabían muy bien quién era el marino, conocían los crímenes del pasado y sus aspiraciones políticas futuras. La Escuela de Mecánica de la Armada fue un campo de concentración, especializado en cacería de militantes montoneros, con el valor agregado de vuelos de la muerte y la maternidad clandestina que más partos atendió en cautiverio, en la Argentina del terrorismo de Estado ("La pequeña Sarda").

En 1977, el contraalmirante había creado el Centro Piloto de París, para operar contra la campaña antiargentina; pero las operaciones de inteligencia que ejecutaron oficiales recién bajados de las camionetas de los grupos de tareas en la Argentina, solo empantanaron su imagen internacional. En aquellos países donde Massera pretendía mostrarse como nuevo de lo viejo, ningún gobernante o político opositor, creía en el marino democrático. Francia, Italia, Suecia, España o Estados Unidos, eran impermeables al discurso humanitario del victimario.

Massera consolidó su poder, como parte de la logia Propaganda 2, de Licio Gelli y dentro del grupo trabajó con oficiales del Ejército, que fueron mucho más leales a su proyecto, que al de Videla (Suárez Mason, por ejemplo).

Producto de las investigaciones que jueces milaneses llevaron a cabo en 1981, a raíz de la quiebra millonaria del banco Ambrosiano, los italianos descubrieron una lista con 962 nombres pertenecientes a la P2, una red de políticos, jueces, empresarios, periodistas, agentes de los servicios secretos y altos militares que lideraba el "Maestro venerable", Licio Gelli.

Entre los empresarios figuraba Silvio Berlusconi y entre los argentinos había 20 hombres relacionados con el poder económico y las Fuerzas Armadas.

En 1981 la policía allanó la casa de Gelli en Villa Wanda (Arezzo) y encontró listas con un millar de miembros de la Logia. Los argentinos que figuraban: Aldo Alasia, Hipólito Barreiro, Federico Barttfeld, Enrique Víctor Boully, Antonio Calvino, Laico Bruno Cattáneo, Carlos Alberto Corti, Cesar De la Vega, Gerardo Finauri, Antonio José Ghirelli García, José Isaac Katz, Raúl Alberto Lastini, Pablo Lavagetto, Federico Lenci, José López Rega, Emilio Eduardo Massera, Giovanni Juan Questa, Carlos Suárez Mason, Fernandes Wilson De Valle, Alberto Vignes y Mario José Villone.

Se presume que esa lista está incompleta. Faltarían el almirante González Masón, a cargo de la inteligencia después del golpe del ’76; el diputado nacional santafesino Sobrino Aranda y para muchos, también habría que agregar al General Viola. El segundo dictador del Proceso, tenía una muy buena relación con Gelli, pero nunca se pudo comprobar si era parte de la Propaganda 2.

Massera comenzó a desteñir ante la mirada de sus pares, cuando empezó a tirar de sus aviones y obras en construcción, a cadáveres de herederos de la vieja oligarquía o de los nuevos ricos que coqueteaban con el poder real. Dejó de ser confiable para los propios, cuando se convirtió en el gatillo más fácil de la represión; título que peleó mano a mano con el general Luciano Benjamín Menéndez.
En la cuenta del Marino, hay que cargar la desaparición del embajador en Venezuela, el radical Héctor Hidalgo Solá y el asesinato del jefe de Prensa del General Lanusse, Edgardo Sajon. También la muerte de la diplomática argentina, Elena Holmberg, prima hermana de Lanusse, que denunció los contactos del integrante de la Junta con Firmenich. Y por último, los asesinatos del publicista Marcelo Dupont, el periodista Rodolfo Fernández Pondal y el empresario Fernando Branca, de cuya esposa, Martha Rodríguez MacCormack, Massera era amante.

“El almirante Massera le dijo adiós a las armas, pero no adiós al país. No podía ser de otra manera. En un país en el que lamentablemente no abundan los ejemplos de dedicación a la República, el paso de Massera por la más alta investidura naval y del Estado deja huellas políticas. Perdurables, fuertes, necesarias.

El país está forjando una clase dirigente y necesita a Massera. No es que necesite hacerlo candidato a nada, sino partícipe activo de todo.

El supo estar en el poder. Y supo dejarlo. Supo pensar en todos. Y expresarlo. Llegó la hora de dejar una misión: la Marina. Pero llegó la hora de seguir, aunque más no sea como tripulante experto, en el gran barco que nos cobija a todos: la Patria” (Eduardo Paredes firmó “El adiós de Massera: un hasta siempre”, en “Somos” del 18 de agosto de 1978).

ROCKEFELLER: Cuando la inflación de 1978, superó el 160%, muy preocupado, David Rockefeller pasó 48 horas por Buenos Aires, a principios de marzo del ‘79. Las noticias que traía desde el norte, eran negativas: la posición de la Casa Blanca, no tenía retorno y de los muchos amigos que habían cosechado en la Reserva Federal, quedaban pocos.

La única solución era pedirle a la banca privada internacional, pero a tasas muy altas. Se iniciaba la agonía económica de la dictadura, después de haber probado su propio veneno.

Aparecieron en escena, el Bank of America, los bancos de Dallas y Boston, la Unión de Bancos Arabes y Franceses, el Banco de la Sociedad Financiera Europea, el Banco Europeo de Crédito, la Unión de Bancos Suizos, el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, el Citibank, el Lloyds Bank, Wells Fargo, Chase Manufacturs, Marine Midland, Banco di Roma y Citicorp.

En la búsqueda desesperada de dólares, los militares quebraron la veda de cereales que Washington había impuesto a la Unión Soviética y transformaron a Moscú, en su principal socio comercial.

ALFREDO BRAVO: El 8 de septiembre de 1977, la dictadura secuestró a uno de los presidentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, Alfredo Bravo. En la firma de los Tratados del Canal de Panamá, a la que asistió Videla, el secretario de Estado de la administración Carter, Cyrus Vance, le pidió por el dirigente socialista. A uno de los fundadores de CTERA, lo legalizaron 10 días después de su secuestro y estuvo casi un año más, a disposición del Poder Ejecutivo con prisión domiciliaria, en el barrio porteño de Saavedra.

Dos meses después, Cyrus Vance llegó a la Argentina para confirmar los datos que Estados Unidos tenía sobre violaciones a los derechos humanos. Entonces Carter comenzó a pensar, en una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Cuando la información se conoció en la Casa Rosada, la dictadura no encontró el antídoto para frenar este nuevo capítulo de “la campaña antiargentina, auspiciada por el marxismo internacional”.

Los militares querían impedir la visita, pero paralelamente no querían sufrir las consecuencias del aislamiento internacional.

El vicepresidente de Carter, Walter Mondale, se encontró con Videla en el Vaticano (asunción de Juan Pablo I) y le dijo que una serie de créditos del Eximbank para la Argentina, que desde hacía meses esperaban el visto bueno de Washington, podían destrabarse la abría las puertas a la Comisión.

La dictadura planificó una argentina ficcional para los visitantes. Con los medios de comunicación controlados, sin actividad política, sindical, ni estudiantil; no habría información negativa y mucho menos actos callejeros opositores.

El 6 de septiembre de 1979, llegó a Buenos Aires una misión que traía el sello de la administración Carter: la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA. El objetivo de aquellos 14 días de trabajo, era investigar las denuncias contra la dictadura militar: desapariciones, centros clandestinos de detención, vuelos de la muerte, robo de bebés, torturas y presos políticos. Había comenzado la batalla entre la verdad y el terror...

Cuando la Comisión comenzó a tomar declaración a miles de personas en Av. de Mayo al 700, la dictadura ya había decretado asueto escolar. El plan era enfrentar a los familiares de los desaparecidos, con una multitud festejando la obtención del Mundial Juvenil de Fútbol en Tokio. La caravana la encabezó el móvil de Radio Rivadavia y desde los estudios de Arenales y Pueyrredón, José María Muñoz se encargaba de las consignas: “Vamos a demostrarle a esa gente, cuál es el verdadero país”.

La propaganda oficial, que armaba la agencia estadounidense Burson-Masteller; los padres de “Somos derechos y humanos”; tenía como eje todas las publicaciones de Editorial Atlántida. Los tarjetones de la revista “Para ti”, inauguraron aquella frase, tristemente célebre

En total, la Comisión abrió tres oficinas en todo el país y recibieron 5.580 denuncias de secuestros y desapariciones. Los organismos pudieron documentar, otros 3 mil casos. La CIDH se fue del país, el 20 de septiembre.

El número de “Somos”, coincidente con la llegada de la Comisión, mostraba en tapa la caricatura de un hombre de civil inspeccionando con una lupa gigante, a un uniformado argentino. Título “Comisión de Derechos Humanos: ¿QUE BUSCAN?”. En la presentación de la nota, la revista de Atlántida planteaba: “Argentina, después de una guerra terrorista que costó una alta cuota de sangre y después de soportar los ataques de una campaña orquestada desde el exterior, debe pasar un nuevo examen: ya está en el país la comisión de derechos humanos. ¿Quiénes son estos hombres? ¿Cuáles son sus fuentes de información? ¿Qué saben realmente del país? ¿Será objetivo su informe final?”.

PAIS MODELO ‘76: El 14 de abril se conformó la Comisión de Asesoramiento Legislativo, 3 hombres, uno por cada fuerza, para reemplazar al Congreso. Balbín señaló el 22: "Aceptamos en principio, un lapso prudencial de suspensión de la actividad política".

Título principal de “Clarín”, del 18 de abril de 1976: “Videla vamos hacia un cambio en profundidad”. En un mensaje con motivo de Semana Santa, el dictador “expresó que el cambio que se procura tiene las siguientes características: en lo moral, para que todo lo que se logre sea fruto del trabajo honesto; en lo político para que el país cuente con un gobierno democrático, alejado de la demagogia y el extremismo; en lo económico, para que crezcan y se diversifiquen la producción y el consumo en términos de desarrollo integral, y en lo social, para que haya igualdad de oportunidades y la más equitativa distribución de las riquezas”.

El 26 asumió como jefe de la Policía Bonaerense, el general Ramón Camps.

El 18 de junio de 1976, se conoció el respaldo del Fondo Monetario Internacional al plan económico y Kissinger se reunió en Washington con Martínez de Hoz, para brindar su apoyo al plan del Proceso. En ese momento, Martínez de Hoz confirmó que logró en Estados Unidos préstamos por 400 millones de dólares. Luego el Banco mundial anunció un crédito por 225 millones de dólares.

Massera dijo el 23 de junio que en la lucha antisubversiva "habrá vencedores y vencidos".

La tapa de Clarín del 24 de noviembre, decía “Crean Consejos de Guerra en todo el país: El Poder Ejecutivo dispuso ayer, mediante ley, la constitución en todo el país de consejos de guerra especiales estables, que tendrán a su cargo el juzgamiento de los delitos subversivos”.

En la edición de la revista Gente de fines de mayo de 1976, la publicación de Editorial Atlántida bajo el título “Quién está detrás de todo esto”, hablaba de una supuesta “campaña de desprestigio contra el país, organizada por el terrorismo internacional; sugestivamente en un momento clave del Proceso de Reorganización Nacional, cuando Argentina tiene que fortalecer su paz interior y su imagen en el exterior”.

El semanario hablaba de 1.956 cartas que habían llegado a Casa de Gobierno dirigidas a los generales Videla y Harguindeguy y que pedían “la pronta liberación” de los presos políticos de nacionalidad chilena detenidos en la Argentina. El semanario de Atlántida hablaba de un trabajo del “terrorismo internacional”, a través de mensajes con firmas “apócrifas” y “falsificadas”. El ministro del Interior, apuntaba que la campaña era obra de “personalidades de la izquierda”.

LA IGLESIA: Monseñor Aramburu, 9 de julio de 1976: “Nuestra libertad está en juego. El ateísmo anhela provocar la aniquiladora lucha fratricida". Al día siguiente se confirman acuerdos con cuatro Bancos suizos y desde el 12, Martínez de Hoz mantiene reuniones por nuevos créditos, con entidades de Francia, Holanda, Bélgica e Inglaterra.

El 18 de julio, los frailes Carlos de Dios Murias y el francés Gabriel Longueville, fueron asesinados en La Rioja. Religiosos muy cercanos al obispo Enrique Angelelli, quien los había enviado un año antes a El Chamical, para fundar una comunidad franciscana. Estuvieron días en la Base de la Fuerza Aérea local, como detenidos desaparecidos y luego sus cadáveres fueron encontrados en medio del campo. Les habían sacado los ojos y cortado las manos, antes de dispararles. El 4 de agosto de 1976, Monseñor Angelelli conducía una camioneta, acompañado por el padre Arturo Pinto. Regresaban de una misa celebrada en Chamical, en homenaje a dos sacerdotes asesinados, Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville. Volvían con tres carpetas, con notas sobre los dos casos.
Un coche comenzó a seguirlos y en el paraje Punta de los Llanos, los encerraron. La camioneta de Angelelli, volcó. El obispo murió y Pinto sufrió graves heridas.

El 4 de julio de 1976, en la masacre de San Patricio, fueron asesinados tres sacerdotes (Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau) y dos seminaristas palotinos (Salvador Barbeito y Emilio Barletti).
Septiembre de 1976. El primer gesto vaticano sobre las violaciones a los derechos humanos en la Argentina, llevó la firma de Paulo IV; cuando el Papa recibió las credenciales del primer embajador argentino de la dictadura en la Santa Sede, Rubén Blanco.
Se trataba de un ex diputado radical, que había sido titular de la comisión de Educación; un dirigente de Arrecifes, íntimo amigo de Ricardo Balbín.
En la oportunidad, el Santo Padre pronunció unas pocas palabras, todas dedicadas al pueblo argentino. Se manifestó “solidario con sus aspiraciones”, destacó el apoyo de la Iglesia a la defensa de “la dignidad de las personas” y agregó que las detenciones, secuestros y asesinatos “esperaban una explicación adecuada”. Por último, Paulo IV señaló que “la Iglesia argentina no debía mantener ningún privilegio. Ella debe contentarse con poder servir a los fieles y a la comunidad civil, dentro de un clima de serenidad y de seguridad para todos”.
El trabajo del nuevo embajador en el Vaticano, hermano de monseñor Guillermo Blanco, por entonces vicerrector de la Universidad Católica Argentina, fue silenciar la represión.
Entre el 8 y el 21 de septiembre, 10 estudiantes secundarios de La Plata, fueron secuestrados. En la “Noche de los lápices” el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejército, secuestró a los que movilizaron la pelea por el boleto estudiantil en la ciudad. Algunos estuvieron en la Brigada de Investigaciones de Banfield, otros en el Pozo de Quilmes.
Seis desaparecieron (Claudio de Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone, Francisco López Muntaner, Daniel Racero y Horacio Ungaro) y cuatro fueron liberados (Gustavo Calotti, Pablo Díaz, Emilce Moler y Patricia Miranda).

CASO ITALO: La sociedad Videla-Martínez de Hoz, dispuso la compra en 394,5 millones de dólares, de la compañía de electricidad Italo-Argentina (CIADE), cuando en realidad, el precio que debió haber pagado el Estado argentino, debió ser de sólo 9 millones de dólares. La sentencia aparece en la página 25 del Tomo I (Informe y conclusiones del Caso Italo), que publicó la Cámara de Diputados en 1984. La investigación tuvo el voto unánime de la UCR y el PJ y la única oposición de Alvaro Alsogaray (UCeDé).

Casualmente, el primer ministro de Economía de la última dictadura, había sido director de la empresa Suiza, hasta pocos días antes del golpe de Estado. Martínez de Hoz viajó a Europa en julio del ’76, para cerrar el negocio con la casa matriz y a su regreso, el liberal que dejó a la Argentina en manos del mercado, “recomendó” la estatización de la Italo.

Videla pasó por la comisión parlamentaria y admitió que tuvo que pagarles a los accionistas suizos lo que ellos pedían: "Eramos un gobierno de facto mal visto por las democracias europeas. El país tenía cerrado el crédito suizo y la situación podía destrabarse con la compra de la CIADE".

La correspondencia diplomática del entonces embajador argentino en Berna, Luis María de Pablo Pardo, reveló que existía una negociación secreta para que el gobierno pagara un buen precio por la compañía eléctrica.

El 23 de marzo de 1976, presentó credenciales en Buenos Aires, el nuevo embajador de Suiza, Williams Frei, quien "apartándose de todo el protocolo" le pidió a la presidente que "nacionalizase la Compañía Italo Argentina de Electricidad". Isabel contestó que esa empresa sería tratada conforme a las leyes vigentes, que disponían que la Italo al vencer su concesión, debía ser transferida sin cargo a la Ciudad de Buenos Aires y que en consecuencia, “no correspondía pagar ninguna expropiación".

Frei asumió producto de una borrachera de conflicto de intereses: era parte de la CIADE con más de100.000 dólares en acciones.

La revelación de los dos historiadores oficiales suizos de que en el encuentro privado de Videla con el ministro de Relaciones Exteriores suizo, Pierre Aubert, en Roma, el caso Jaccard fue rápidamente olvidado, no necesita mayores explicaciones: la dictadura ya había decidido pagar a los dueños de la Italo algo más de 300 millones de dólares por sus instalaciones.

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