Mujer y Política

  • 29 de Octubre
  • Política
Por Carlos Javier García
Mujeres luchadoras, ilustración

Quiero referirme brevemente al lugar de la mujer en la política, porque estoy convencido que esta encrucijada de la historia argentina necesita de la participación activa de las mujeres de la Patria, y los varones debemos tener la grandeza de espíritu de pedir perdón por las veces que las ignoramos y debemos también, junto con ellas, generar las estructuras sociales, comunitarias y políticas, que no sólo permitan, sino que también promuevan el trabajo en común sin distinción de género.

La paridad de género en las listas a cargos electivos, que marca la ley, no servirá de mucho si no transformamos nuestro corazón y nuestra manera de pensar y, además, si no concretamos estos cambios en estructuras que sean más justas y más representativas de la importancia de la mujer en nuestra sociedad. La renovación de la vida política que el Pueblo reclama no es posible sin la conversión del corazón.

La tarea fundamental de la acción política es la construcción del Bien Común y dentro del Bien Común el valor central es el cuidado de la vida. Porque sin vida no hay política, no hay trabajo, no hay futuro.

En todo el mundo, y también en Argentina, se viven tiempos de Neoliberalismo. Esta corriente de pensamiento y de acción política promueve que las relaciones entre los seres humanos se desarrollen según las reglas del comercio, por lo tanto se concibe la vida en sociedad como un gran mercado.

Vemos con pena y hasta con angustia que el acceso a la salud, la educación y al descanso no son considerados derechos de la persona, sino bienes de mercado. Esto quiere decir que si podemos comprarlos los tenemos, y si no podemos comprarlos no nos curamos, no nos educamos y no descansamos.

Si el dinero asegura la vida de los ricos, de los que viven de rentas y de los negocios financieros, es decir, su vida “navega” plácidamente, la pobreza hace que la vida de los pobres, de las personas que dependen de su fuerza de trabajo, esté siempre a punto de naufragar.

Hoy más que nunca, la mujer en su integridad de cuerpo y espíritu, se convierte en el símbolo de lo que debe ser la acción política: cuidar la vida. Todos, mujeres y varones, debemos potenciar la femineidad de la política, que no es otra cosa que trabajar por la vida, abrigar la vida como un don de Dios. Somos responsables de cada vida que el destino ha puesto en nuestras manos. La femineidad designa efectivamente la capacidad fundamentalmente humana de cuidar la vida. Este rasgo pertenece a todos los seres humanos –varones y mujeres- pero la experiencia nos enseña que son las mujeres las principales testigos que llevan adelante esta tarea.

Me pregunto, en un esfuerzo por profundizar este simbolismo: ¿Será por eso que la compañera Cristina es tan atacada por los varones y las mujeres que adhieren al Neoliberalismo? La respuesta que encuentro es que, aunque no comprenden cabalmente lo que está ocurriendo, intuyen que cuando es una mujer la que se enfrenta a un modelo que excluye a gran parte de la población del derecho a la vida digan, más temprano o más tarde este proyecto de muerte será derrotado.

Los que luchamos por una mejor distribución de la riqueza que el Pueblo produce, por la creación de puestos de trabajo, por más escuelas, parece que siempre estamos “en trabajo de parto”. Y es verdad, porque la Patria siempre está naciendo a la Independencia Económica, a la Soberanía Política y sobre todo a la Justicia Social. La Patria siempre está naciendo, simplemente porque siempre están naciendo nuevas personas a las que consideramos compatriotas y les damos la bienvenida.

Cuando una mujer lleva en su seno una vida nueva no es portadora sólo de un hecho biológico. Fundamentalmente gesta una esperanza. Éste también es un símbolo que quiero rescatar para los varones y las mujeres.

Junto con la vida, el otro valor fundamental del Bien Común es la esperanza. Muchas personas reducen la acción de la política a la gestión de gobierno. Por supuesto que es fundamental para quien ejerce algún tipo de poder gubernamental llevar adelante las obras y proyectos propuestos a la ciudadanía. Sin embargo la persona que conduce un proyecto político tiene como tarea fundamental sostener y, a veces, hasta crear el horizonte que le da sentido a la gestión. ¿De qué sirve, por ejemplo, que los trenes funcionen mejor, si los trabajadores ya no viajan porque el mismo proyecto político los deja sin empleo? ¿De qué sirve que se produzcan miles de toneladas de alimentos, si la clase trabajadora que las produce no puede, con su magro salario, llevar una comida digna a la mesa familiar?

Entonces tengamos en cuenta esta idea: las obras de un gobierno se gestionan, empiezan, terminan y otra obra comienza; en cambio la esperanza del Pueblo se gesta, está siempre en gestación, al mismo tiempo que está siempre naciendo. A pesar de las derrotas, de las persecuciones, de las desapariciones, de los bombardeos al Pueblo en la Plaza de Mayo, de los exilios y de la entrega de los recursos del país al capital extranjero… La esperanza del Pueblo se sigue gestando y sigue naciendo. Porque la Patria, aunque su nombre viene de padre, la Patria es mujer. Y son las mujeres la que mejor entienden esta verdad de la vida política.

Ha llegado la hora de que la vocación política de la mujer se cumpla en plenitud, porque es evidente que la mujer, como parte del Pueblo, está llamada a ser parte de la estructura política que conduce al Pueblo.

La mujer se encuentra en el corazón mismo de los acontecimientos políticos, por algo que es tan obvio que no necesitaría ser recordado: todos los involucrados en la vida ciudadana somos nacidos de mujer.

Si lo propio del ser humano es cuidar la vida, y la política es la forma de organizar este cuidado, la mujer se convierte en el modelo a seguir en esta tarea que es de todos: varones y mujeres.

Los invito y me invito a mí mismo a recorrer la historia de la Patria y recuperar la memoria de sólo a algunas de las mujeres, cuyas voces han sido silenciadas por una historia sesgada por el machismo. ¿Qué hubiera sido de nuestra Patria sin:

Manuela Pedraza (1780-?) Heroína de la Reconquista de la ciudad de Buenos Aires contra la ocupación inglesa en 1806

Juana Azurduy (1780-1860). Heroína de nuestra independencia, que luchó en el Alto Perú. Qué interesante es constatar que el gobierno neoliberal no haya soportado ni siquiera su estatua cerca de la Casa Rosada.

Élida Passo (1867-1893). Fue la primera mujer farmacéutica del país, título que obtuvo en 1885, convirtiéndose en la primera mujer graduada universitaria en toda América del Sur. No se le permitió estudiar medicina y presentó un recurso judicial por el cual pudo comenzar sus estudios. Murió mientras cursaba el 5° año de la carrera.

Cecilia Grierson (1859-1934). Primera médica argentina. No se le permitió ejercer la cirugía, a pesar de ser la primera mujer que había obtenido ese título.

Alicia Moreau de Justo (1886-1986). También se cuenta entre las primeras mujeres en obtener el título de médica. Dirigente socialista y feminista incansable durante los 100 años de su larga vida.

Eva Perón (1917-1952). Ella simplemente es el símbolo por excelencia de la entrega, en cuerpo y alma, al Pueblo para hacer vigente la Justicia Social.

Delia Degliuomini de Parodi (1913-1991) fue una política peronista. Resultó electa diputada nacional por ese partido en el año 1951, siendo una de las primeras mujeres en ingresar en el Congreso y la primera en tomar públicamente la palabra en ese cargo.

María Eugenia Álvarez, María Luisa Fernández, Lucy Rebelo y Dolores Rodríguez. Son sólo algunas de las mujeres que se formaron como enfermeras en la Fundación Eva Perón, allá por el 1950, y que luego recorrieron el país, propagando la política sanitaria del Dr. Ramón Carrillo.

Florentina Gómez Miranda (1912-2011) Abogada y política argentina que desde 1945 luchó por los derechos de la mujer, Fue diputada por la Unión Cívica Radical durante la presidencia del DR. Raúl Alfonsín.

Y para no olvidarme de la Patria Chica de Ituzaingó, cómo no nombrar a:

Haydée Fernández de Alonso ( -2003) Luchadora incansable por la educación y la primera presidenta del Consejo Escolar de Ituzaingó allá por 1995.

Argentina Carrión. Ejemplo de militancia política por la Justicia Social. Primera mujer que ocupó el cargo de delegada Municipal de V. Udaondo y primera Directora de Derechos Humanos del Municipio de Ituzaingó.

La dignidad de cada persona se construye en el diálogo con otras personas. Simbólicamente hablando, en el período de gestación, se produce el momento del diálogo más profundo que puede darse entre dos seres humanos, un diálogo que –literalmente- fluye a través de la sangre. Si una de las tareas fundamentales de la acción política es la construcción del diálogo entre las personas, la experiencia de lo femenino es fundamental para lograrlo. Ser humanos, en el sentido más pleno de la palabra, significa estar abierto al diálogo y al encuentro con el otro, en la entrega libre de sí, para el crecimiento recíproco.

Y cierro con esta imagen. En la historia reciente de nuestro país, cuando el dolor y el temor nos envolvían y nos encerraban en nuestras propias miserias y traiciones, un grupo de mujeres comenzó a dar vueltas en la Plaza del Pueblo. Visto a la distancia pienso que no estaban sólo dando vueltas sino que estaban tejiendo, con el dolor de cada una, un nuevo útero para la Patria. Porque, a pesar de que algunos gestionaban la muerte, ellas sabían, ellas sentían que había que seguir gestando la esperanza, ellas estaban pariendo, con dolores antiguos, una nueva Patria.

Por todo esto necesitamos a las mujeres en cada una de las actividades de la comunidad, pero sobre en la acción política.

Ituzaingó, octubre de 2017

Compartir