Proyecto “País de servicios”

PROHIBIDO INDUSTRIA NACIONAL, CIENCIA Y TECNOLOGIA

  • 10 de Agosto
  • Política
Por Gustavo campana

“Noche de los bastones largos” (1966), última dictadura militar (1976-1983), Cavallo mandando a lavar los platos a los científicos (1994) y el fin de la Alianza (2001). Una línea de tiempo de 35 años, que abarcó desde Onganía a De la Rúa, pasando por Videla-Viola-Galtieri-Bignone y el segundo desembarco del neoliberalismo en la Argentina, a través de la traición menemista. Estaciones de la política expulsiva, que la derecha aplicó contra los protagonistas de la ciencia y la tecnología. Un proceso destinado a terminar con soberanía e independencia, para dejar sin valor agregado a la industria y pulverizar el sueño de desarrollo nacional. Desde el 10 de diciembre de 2015, Cambiemos auspicia la quinta “invitación” a Ezeiza de todos los cerebros que formó el Estado, para que una vez más, el modelo de colonia se haga cargo del proyecto de país.

El 9 de agosto de 2017 (después de 19 meses de gobierno), los científicos sacaron su grito a la calle, para alertar que el principio del fin, golpea con fuerza las puertas del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Lo hicieron a través de un cortejo fúnebre en torno a un cajón, en el que cerca de 500 científicos del Conicet, arrojaron flores y mensajes de despedida.
En el velorio de la ciencia, becarios e investigadores vestidos de luto, se pronunciaron hasta que la policía, ingresó con bastones en mano al hall del ministerio. Toda la simbología represiva del onganiato, volvió de la mano del macrismo, para apagar la protesta por las reincorporaciones prometidas y jamás concretadas, de los casi 500 investigadores despedidos.
Desde hace tres meses, la comisión de seguimiento espera comenzar a trabajar (ministerio, científicos desafectados y gremios). Desde hace tres meses, el análisis de las condiciones de inserción laboral de los afectados por el recorte, espera salir del olvido, cajoneada por el oficialismo.
La política de vaciamiento que sufre el sector, no está relacionada con un problema presupuestario; se trata de un dato mucho más político que económico. Un modelo basado en una economía solamente extractivista, proveedor de materias primas e importador de productos elaborados, no necesita científicos.

NO HAY NEOLIBERALISMO SIN TRAICION

Lino Barañao ya no se reconoce en el espejo del pasado reciente. Ninguna de las medidas revolucionarias que impulsó el anterior modelo de país, tienen espacio en el proyecto de Macri.

  • En 2008 se promulgó la "Ley Raíces" (Ley 26.421), que consiguió la repatriación de más de mil científicos y terminó con la histórica fuga de cerebros.
  • La inauguración en 2011 del Polo Científico Tecnológico, centro donde convergen administración, investigación y divulgación de la ciencia argentina. En el ámbito de la tecnología nuclear y a través del INVAP, el país diseñó y exportó reactores nucleares a Australia, Perú, Argelia, Egipto y Emiratos Arabes Unidos. . Cuatro años después fue lanzado al espacio, desde la base Kourou (Guayana Francesa), el primer satélite de comunicaciones de Latinoamérica, el ARSAT-1.
  • Un proyecto que costó siete años de trabajo, requirió una inversión de 212 millones de euros y fue concretado por la empresa estatal INVAP. El cohete impulsor francés Ariane 5, dejó al ArSat-1 a 300 kilómetros sobre el nivel del mar y los científicos y técnicos argentinos llevaron el satélite hasta la posición 71,8 grados de longitud oeste, para así llegar a la órbita geoestacionaria.
  • Instalación de la Tupac, una supercomputadora (conglomerado de ordenadores, para la resolución de modelos de simulación, utilizando técnicas de computación de alto rendimiento), que posicionó a la Argentina junto a México y Brasil, entre los países líderes en la región, con este tipo de equipamiento.
  • Apertura de Tecnópolis, la megamuestra cultural-científica permanente de 45.000 m2, que nació como respuesta a la negativa macrista, de ceder una porción de la ciudad solo una semana para su realización, por única vez. Y la creación de Tecnópolis TV, el primer canal dedicado íntegramente a transmitir contenidos de ciencia y tecnología a través del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre.

Cuando restaba una semana para la asunción de Mauricio Macri, Barañao pasó por “678” para hablar de la invitación conservadora: “Primero lo consulté con el equipo y después hablé con la Presidenta. Lo tomó con mucho entusiasmo y me dijo que tenía que aceptar porque había que custodiar todo lo que hicimos y cuidar a todos los científicos. Me pidió que diga que ella había aceptado la designación y que me asegure el presupuesto. Mi principal compromiso es más pragmático que ideológico. En el caso que el apoyo hacia las tareas nuestras no esté, no seguiremos”.

Con palabras conciliadoras, con un modelo que supuestamente iba a eludir el contexto de desindustrialización y ajuste que planteaba Cambiemos (algo solo posible en la ciencia ficción), el Licenciado en Ciencias Químicas, con orientación en Química Biológica, buscaba estar bien, con un modelo que impulsaba valor agregado y mejor, con el que prometía importar todo.
Cuando la verdad pasó por el recorte presupuestario, Barañao, lejos de cumplir su promesa de despedirse, cargó los cañones, rompió el diálogo y comenzó a dispararle a su pasado.
Buscando estigmatizar al investigador argentino, en sintonía con “ñoqui” y “grasa militante”, declaró el 18 de febrero de 2017: "Hay doctores que lo único que quieren, es el empleo fijo del Conicet". El único ministro que repitió titularidad de cartera entre el kirchnerismo y el macrismo; respondió con una picante mezcla de desprecio y demonización, a las protestas que ganaron la calle contra la reducción de cupos de ingreso al Conicet (450 profesionales, la mitad con relación a 2015) y el recorte de su cartera. La toma de la sede del ministerio desde fines de 2016, lo pusieron en pie de guerra, luego de meses plagados de discursos ambiguos.
En marzo de 2016, Adrián Paenza, el encargado de vincular a Barañao con los Kirchner, salió al cruce de su permanencia en el cargo, sin defender el modelo que ayudó a construir: “Me contó lo que iba a hacer y le dije que continuar en el cargo me parecía una traición. A partir de ese día no lo vi más”.
Las diferencias entre la presidenta que creó un ministerio de Ciencia (por primera vez en la historia argentina) y se lo confió a Barañao (10 de diciembre de 2007-2017) y el neoliberal que importa productos elaborados y primariza la economía (por lo tanto no cree en el valor agregado nacional), quedaron resumidas en tres frases: "Lamento que un proyecto al que me suscribí haya sido mancillado por codicia y corrupción" (30 de junio de 2016), "El sistema de trabajo de Macri es mejor que el de Cristina" (23 de julio de 2016) y "Con mis ex me llevo bien, excepto con la ex Presidenta" (2 de marzo de 2017).
Como ministro de Cambiemos, Barañao convalidó con su silencio el congelamiento del proyecto ARSAT 3 y los despidos en la empresa satelital. Tampoco salió al cruce de la posible privatización de los dos satélites industria nacional, que podrían quedar en manos de Talent, casualmente la empresa francesa socia de Clarín en la distribución local de la señal de internet.

Y por último, bancó la idea de armar científicos a imagen y semejanza de las necesidades del mercado y no de la Argentina, como país soberano e independiente.
Por supuesto, su silencio habló mucho más fuerte que su palabra, cuando el nuevo titular del Conicet, Alejandro Cecatto, dijo que con esta cantidad de personal, el organismo es “inviable”. Desde 2008, Ceccatto fue vice ministro de Ciencia y Tecnología; por lo tanto, cuando habla de ajuste no enfrenta a Barañao, simplemente lo interpreta, lo traduce.
En la Argentina kirchnerista, Ceccatto soñaba con apuntalar la independencia del país a través de su “soberanía científica” y buscaba que nuestro investigador argentino, “piense en la Argentina”. Hoy es ariete de la muerte de su propio proyecto…

Fotografía: Mónica Hasenberg

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