Patria Grande 5 de Enero

Dictadura con ropaje democrático

TEOCRACIA EVANGELICA BRASILEÑA

Por Gustavo Campana

"Los niños de azul y las niñas de rosa", en boca de Damares Alves, es apenas un dato anecdótico frente al "futuro negro" que propone el contradictorio gobierno racista de Bolsonaro.

La política internacional de los países centrales de Occidente, tiene un diccionario muy distinto para calificar a aliados o enemigos. La misma palabra puede significar paz o guerra, de acuerdo a las decisiones que adopten frente a sus caprichos. Para Washington, la Cuba revolucionaria fue, es y será una dictadura ante la falta de urnas para elegir presidente y otras formalidades del envase de la democracia; pero la monarquía absoluta de Arabia Saudita, es un gobierno respetable porque se trata de uno de los grandes socios de Estados Unidos, en la zona más caliente del planeta. La isla sinónimo de dignidad frente a un hostigamiento de 60 años, es geopolíticamente la otra cara de la moneda del rol que cumple a rajatabla el gobierno saudí. Su sola presencia, quiebra real y simbólicamente, el dominio hegemónico de su patio trasero y nunca dejó de destilar hacia el sur, sueños de soberanía.
Los ejemplos son muchísimos, pero hay uno que ocupa un lugar en el podio de las máximas preocupaciones del imperio desde hace 40 años: Irán. Cuando Mohammad Reza Pahleví fue derrocado por una revolución islámica en enero de 1979, se terminó una monarquía que en el caso de este último rey, se había extendido desde 1941. Pero su padre, había tomado el poder dos décadas antes y durante la Segunda Guerra Mundial, fue un gran simpatizante de Hitler. Cuando llegó el ayatola Jomeini y el Corán fue más importante que cualquier ley del hombre, la acusación de teocracia se convirtió en sinónimo de infierno. La República Islámica todavía está de pie y cada tanto renueva sus diferencias con la Casa Blanca, a veces estirando tanto los límites del diálogo diplomático, que las astillas que vuelan por el aire, siempre presagian un final de alta complejidad nuclear. En síntesis, lo único que le preocupa a Estados Unidos es el destino del petróleo iraní. Si Mahoma fuera socio de sus más bajos instintos económicos, todos los integrantes del Departamento de Estado rezarían en dirección a la meca 5 veces al día. Si la Cuba sin Batista, hubiera aceptado cada orden implantada por ellos, bancarían con excusas nobles todo lo que combaten desde el primer día de enero del '59.
Todo lo que en campaña primero y luego en muy pocos días de instalado en Brasilia, generó Bolsonaro junto a su comparsa evangélica, convirtió a la República Federativa de Brasil, en una nueva teocracia. El presidente se ha cansado de repetir, que la ley de Dios está por encima de los hombres ("Brasil y Dios por encima de todo"). La democracia brasileña quedó tan presa como Lula, cuando el presidente promete una desinfección socialista. Atrasa más de dos siglos cuando trabaja para terminar con la ideología de género ("las mujeres deban ganar menos dinero que los hombres, porque se embarazan y están 6 meses de vacaciones"); es tan racista que su almanaque retrocede a tiempos de la esclavitud ("los negros no sirven ni como reproductores") y aboga por la libertad de portar armas para que la civilización llene de balas a la barbarie.
Un emperador portugués del siglo XVIII, se hizo cargo del presente de Brasil, 300 años después. Contagia a Macri y a la derecha argentina, de la tan soñada flexibilización laboral (profundizando la de Temer), una reforma previsional como sueña el FMI y privatizaciones menemistas.
Cada medida, se instala en el Palacio de Planalto a través de su rara interpretación de la Biblia como columna vertebral de su mandato. Llevando el análisis al terreno Bolsonaro, seguramente alguien arrancó del libro sagrado del presidente, aquello de "si tienes dos panes, dale uno a quien no tiene", el enfrentamiento de Cristo con el Imperio Romano que lo llevó a la cruz, la bienvenida a los pobres como dueños del reino de los cielos, los brazos abiertos para quienes tienen hambre y sed de justicia o aquello de "No podés servir a Dios y a las riquezas".
Brasil corona lo que se conoció a principios de la década del '70, durante la presidencia de Nixon, como el "Proyecto Rockefeller". Luego de una gira por América Latina, Nelson propuso un plan que debía ejecutar la CIA. Había que terminar con la Iglesia católica tercermundista, con los legados del Concilio Vaticano II, la encíclica el Progreso de los Pueblos, Medellín, los curas obreros y villeros. Y para eso, pensó en la expansión de sectas de corte pentecostal, fundamentalmente de origen norteamericano, para dividir la autoridad moral que partía de la revolución católica. Un nuevo método de control social social se lanzó sobre el continente, pero no rindió frutos rápidamente. Aquellos curas y laicos, que dejaron su vida en la opción por los pobres, fueron terminados a sangre y fuego por el plan de multiplicación de dictaduras de Kissinger. Medio siglo después y en democracia, una teocracia latinoamericana recogió el guante que arrojó Rockefeller. En Argentina, María Eugenia Vidal le sacó a Caritas la exclusividad del reparto de alimentos en la provincia y asoció como padres de la limosna a una serie de Iglesias evangélicas. El otro aliado es Larreta, que a través de la cartelería que informa sobre el estado del tránsito en las principales avenidas, regó de mensajes evangélicos la llegada de la navidad porteña.
Al gran laburo de los medios, monopolizando la palabra en el duelo a muerte entre la verdad y la mentira, Brasil abrió las puertas de la muerte del Estado moderno, la división de poderes y todo dato distintivo de la República, gritando que la ley de Dios es mucho más importante que cualquier ordenamiento social imaginado por el hombre. Pero primero fueron imprescindibles los traidores ("No hay neoliberalismo, sin traición"), para despojar con un golpe institucional a Dilma del poder y luego encarcelar a Lula. Los pueblos de Brasil, como Argentina, esperan que algún día la democracia que secuestró el poder real, regrese a casa. Sana y salva...
BASE MILITAR: Bolsonaro anunció que Estados Unidos podría tener una base militar en Brasil, y sostuvo que su gobierno deberá ejercer una "supremacía" en Sudamérica. También dijo que espera sanciones económicas o de algún tipo del mundo árabe y musulmán en general a raíz del apoyo explícito que le dará a Israel.
El nuevo presidente de Brasil, admitió por primera vez que EEUU -país al que pretende visitar en marzo y a cuyo presidente, Donald Trump, dice admirar-, podría tener una base militar en su país, que posee el mayor ejército de Sudamérica. "La cuestión física (de una base) puede ser simbólica, hoy en día el poder de las fuerzas armadas estadounidenses, chinas y soviéticas (sic) está por todo el mundo, independientemente de una base. Ahora, según lo que ocurra en el mundo, quién sabe qué podemos discutir (sobre) esa cuestión en el futuro", dijo el ex capitán del Ejército.
Destacó que Trump es "el hombre más poderoso del mundo" y que una visita a Washington para marzo fue conversada el primer día de su gobierno con el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo. Bolsonaro alentó el fantasma de tensiones con la vecina Venezuela, sobre todo luego de los ejercicios militares realizados en noviembre por la Fuerza Aérea de Rusia en acuerdo con el gobierno de Nicolás Maduro. "Esta maniobra militar estaba prevista en Venezuela, pero sabemos cuál es la intención del gobierno de Maduro, de la dictadura de Maduro. Brasil tiene que tener preocupación con eso, porque nuestras Fuerzas Armadas fueron abandonadas por temas políticos en los últimos 25 años", dijo.
Insistió que las Fuerzas Armadas de Brasil son "el último obstáculo para la implementación del socialismo".

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