VICTOR HUGO: LA VOZ QUE SIEMPRE
LE GANA AL SILENCIO

  • 18 de Noviembre
  • Política
Por Gustavo Campana
Víctor Hugo Morales

Las palabras de apertura del aquel “Uno nunca sabe” del 11 de enero de 2016 (AM750), fueron escritas desde la conmoción que generaba esa mañana irrepetible. El despido de Víctor Hugo de Continental, atacaba todos los sentidos. Era la primera de muchas condenas al silencio, que el neoliberalismo ejercía con gobierno recién estrenado. Se trataba de una amenaza directa del poder real, sobre el futuro inmediato: anunciaron que apagarían todas las voces disidentes que sean necesarias, para domesticar definitivamente la democracia.
A pedido de las necesidades de la capacidad de destrucción de Cambiemos, ese paisaje se profundizó y más de 3 mil periodistas se quedaron sin trabajo en 21 meses. Solo cambiando la fecha y el escenario, el texto del 11 de enero de hace casi dos años, sirve perfectamente para retratar el presente.
“La libertad de expresión, es la madre de todas las libertades. Cuando desde la suma del poder público terminan con la palabra, cuando muere el derecho a la información, cuando terminan con la opinión crítica; todas las demás libertades están en terapia intensiva. El 17 de noviembre se produjo la noticia que no publicarán las tapas de la prensa hegemónica; la noticia que hoy festejan en privado, sabiendo que lastimaron donde duele. Seguramente la decisión de C5N no aparecerá en el Boletín Oficial, pero en realidad, se trata de un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia; porque no aguantaron un día más...
La integridad humana y periodística de Víctor Hugo Morales, fue demasiado para este tiempo que necesita silencio cómplice. En el reino de Magnetto, en la tierra de las corporaciones, todo tiene que tener el mismo color. La democracia vuelve a ser un sueño lejano, después de 34 años. Están volviendo a paso firme, sensaciones que habían pasado al archivo, pero que nunca fueron olvidadas. La siembra de miedo, otra vez amenaza con cosecha record. Ahora el terror se gesta en despachos oficiales cargados de gerentes privados que nunca dejarán de serlo y que disciplinan a la población, con censura, despidos y represión.
Juegan con fuego, seguros que nunca se van a quemar, casi convencidos que este apagón de derechos, es un pedido a gritos del pueblo”.

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